Quiero creer. Quiero creer que “The X-Files” puede mejorar. Quiero creer que aún en la era Google no todo está dicho y quiero creer que la búsqueda de Mulder (David Duchovny) y Scully (Gillian Anderson) por la verdad puede renovarse en el s. XXI.

La nostalgia al ver los créditos originales (mantienen los mismos carnets del FBI desde 1993) o a la misma dupla no es suficiente para quitarnos la sensación de que nos encontramos ante un capítulo soso, perdido en sí mismo.

¿Qué sucedió? Volvemos a las conspiraciones. Ok, no hay problema con eso, estamos acostumbrados y es lo que nos atrae. La pista llega de la mano de un nuevo rostro Tad O’Malley (Joel McHale, protagonizó “Community”) como un paranoico presentador de TV y fanático en teorías de la conspiración (me perturba pensar que Mulder pudo ser así de llevar una vida distinta). Él asegura estar listo para revelar la “conspiración más diabólica que el mundo haya visto” (insertar música de sorpresa de telenovela).

¿A qué se refiere? Siempre nos estuvieron mintiendo. Todo forma parte de un gran complot -insertar Roswell como una cortina de humo, el Proyecto Manhattan, los campos de prisioneros, la Ley Patriota, etc- a cargo de una élite poderosa. Su meta: conquistar EE.UU. Tras nueve temporadas y dos películas, la conspiración alien se convierte en humana. Y en menos de 5 minutos Mulder está convencido de esto y dispuesto a darlo a conocer; mientras Scully trata de ser la voz de la razón.

¡Un momento, deténganse! Todo avanza muy rápido, es muy explícito y carece de la tensión que nos mantenía pegados frente a la pantalla. ¿Cómo es posible que no le cueste a Mulder dejar de lado todo lo que creyó durante décadas? ¿Tan obsesionado está por simplemente creer?

Hechos reales e irreales se mezclan para dar forma a este nuevo complot. El problema es cómo plantearlo ahora: cuando lo que pudo ser intrigas en las primeras temporadas llegaron a Internet para ser analizadas y verificadas/desmentidas o cuando lo que esconde el gobierno ya vio la luz (caso Wikileaks o Snowden).

Más allá de que (tal vez) en este momento nos cueste más creer, si el capítulo hubiera estado mejor construido de forma -que, de a pocos, nos fueran convenciendo de la nueva verdad, que la dupla mostrara su famosa química que pasó desapercibida y dejar los clichés en algunos diálogos- no se habría convertido en un regreso tan deslucido.

PD: El Fumador reaparece al final del primer episodio. ¿Cómo sobrevivió a un ataque de misiles al final de la novena temporada? Bordea los límites de la naturaleza sobrenatural de la serie pero… seguiré viendo. Era de esperarse, el malo siempre regresa.

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