- ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?- me dijo mi pata Oliver.
- Para esto he venido- le respondí.

La respuesta era verdadera. A pesar de que tenía una tendinitis en el pie derecho había ido a la última fecha del Conamic solo por una razón. No era para ver al Capitán Memo o para que me firmaran algún cómic. Estaba ahí para comprar la mayor cantidad de “chistes” de Novaro que pudiera. Por eso cuando Oliver vio que estaba dejando mi billetera sin plata ni para el taxi intentó ser la voz de la cordura.

- Ante esa respuesta no puedo decir nada- me respondió matándose de risa.

Admito que tuve una regresión cuando tuve entre mis manos los ‘chistes’ que me iniciaron en el mundo del cómic. Elegí los que recordaba haber tenido, así que acabé releyendo las mejores historias de Linterna Verde, Flecha Verde, Flash, los Jóvenes Titanes y Batman con una sonrisa que me hizo olvidar el dolor en el pie. Pero confieso que no solo compré los Novaro. Entre el montículo de cómics que encontré estaba otro de mis grandes favoritos: Kalimán, el hombre increíble.

Cuando era niño, si bien los chistes de Novaro eran los que más espacio tenían en los kioskos, habían otras alternativas como Kalimán de la editorial mexicana Cinco. Pero el valeroso héroe hindú tenía una ventaja frente a los metahumanos de la DC: era mucho más fácil conseguir la línea de continuidad de los de la editorial Cinco y así no perderse ni una sola de las hazañas del Hombre Increíble.

Por esa razón mi padre logró comprar la mitad de la aventura de Kalimán en Egipto y todo el enfrentamiento contra su archirrival Karma. Luego, cuando empezó la aventura donde combatía con las fuerzas de la Bruja Blanca y sus Panteras Negras (chiste que compré ese domingo), los chistes dejaron de llegar o mi padre dejó de comprar (nunca lo sabré).

Sin embargo, leer todos esos chistes me sirvió para conocer a cabalidad al Hombre Increíble y volverme su hincha. Muchas veces me hubiese gustado ocupar el lugar de Solín y ser el fiel compañero de Kalimán en sus travesías. O sino lograr sacar mi alma del cuerpo como el héroe hindú que aprendió todos los métodos de control de la mente y las artes marciales de los monjes lamas. Y confieso que intenté imitar sus hazañas(en algunos de los chistes te enseñaban el método para sacar el alma del cuerpo). Años después, cuando mi madre botó mis historietas, recuerdo que no me molesté tanto por la pérdida de Kalimán, pero ahora que tengo solo una pequeña parte de sus aventuras sí siento la pérdida. Bueno, solo me queda repetir el mantra del buen Kalimán: “Serenidad y paciencia, mucha paciencia”.

Trivia: Kalimán empezó como una radionovela mexicana creada en 1963 por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vásquez González. En 1965 se convirtió en una historieta que tuvo 1351 números consecutivos a lo largo de 26 años.

Esta canción se la dedican la Maldita Vecindad y los hijos del Quinto Patio

Pregunta de la semana: ¿Qué título o superhéroe te introdujo en el mundo del cómic?