Always and never”, la frase de Dwight McCarthy en “The Big Fat Kill” se me quedó pegada en la cabeza durante mucho tiempo. Una frase que habla por sí sola, que parece quedarse en el ambiente como la línea de humo que traza un cigarro. Una frase nacida para un filme noir, la gran inspiración que tuvo el maestro Frank Miller a la hora de crear su universo personal llamado Sin City.

En SIN CITY la lluvia golpea, el pecado rige, las mujeres han perdido la inocencia, los hombres la fe y los finales felices escasean. En la Ciudad del Pecado, los héroes masacran, los villanos gobiernan y Dios se fue de vacaciones. En Sin City, las historias de Marv, Dwight McCarthy, Hartigan y Wallace son las únicas que le devuelven algo de humanidad a la urbe.

Recuerdo que cuando acabé de leer la colección completa de Sin City editada por Dark Horse me convencí de que comprarla fue una de las mejores inversiones de mi vida. El cúmulo de personajes perturbados, perdidos y sumamente románticos me cautivó. Los diálogos y tramas me hicieron simplemente reconocer a Miller como un genio.

De todos ellos, el que más me despertó admiración fue Dwight McCarthy. A mi entender, el hombre al que le rompieron el corazón, que perdió su rostro, que se apoya en prostitutas es el más interesante de todos. Creo que llamó mi atención el hecho de que a pesar de que tiene todo para perder acaba ganando. Al igual que Humprey Bogart en sus películas, el ex paparazzi muestra que una persona vulnerable puede sobrevivir en un mundo donde supuestamente solo los violentos sobreviven.

Pero a pesar de que prefiero a McCarthy, considero que Marv y Hartigan son personajes memorables. Marv representa esa violencia que muchos quisiéramos expulsar pero que contenemos. Sabemos que librar al Marv que hay en nosotros nos podría dejar como él: monstruosos, solos, enfermos. Pero también envidiamos la capacidad de sacrificarlo todo que posee esa bestia de enorme corazón. Y sabemos que nosotros nunca seremos tan humanos como él.

Hartigan, ese Clint Eastwood de los cómics, solo conoció la felicidad con la muerte. En “That yellow bastard” lo vemos perderlo todo por el cumplimiento del deber. Y solo nos queda como consuelo saber que hizo lo que tenía que hacer. Ese si es un trato justo.

Y pese a que prefiero a McCarthy reconozco que Marv y Hartigan son más propios de esa ciudad donde nada sale bien. Donde los sacrificios se pagan con la vida y la lluvia no lava los pecados. De esa Sin City, que al igual que ella, será nuestra always and never.

Pregunta de la semana: ¿Cuál es el personaje de Sin City que más te gusta?

El trailer de la fiel adaptación