“¿Oe Condorito es un cómic?”, me dijo desde su residencia australiana mi pataza Renzo. Me puse a pensar y llegué a la conclusión que sí. Cumple con la definición del gran Scott McCloud: “Ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada con el propósito de transmitir información u obtener una respuesta estética del lector”. Y bueno, nadie me va a decir que la creación de Pepo no vive en un mundo de secuencias que produce la mejor respuesta del lector: la risa después del !Plop!

Mi amigo Chubi una vez me dijo que nunca había visto a alguien que se riera tanto con Condorito. Es que para mí desde niño leer las aventuras del ciudadano más querido de Pelotillehue fue casi una experiencia catártica. Recuerdo cómo en la década de los ochenta, cuando era un niño, devoraba los “Condorito de Oro”, las únicas historietas que eran capaces de hacerle la competencia a Batman, Superman o Linterna Verde.

Pero Condorito ya tenía varias décadas cuando yo lo conocí. Es en 1949 cuando la creación de Pepo (René Ríos Boettiger) realiza su primera aparición en la revista chilena “Okey”. Más de una década le tomaría a la tira cómica alcanzar la popularidad y el estilo que hoy conocemos en la que el astuto provinciano se vuelve el centro de Pelotillehue.

Y así fue como Pelotillehue se fue creando en torno a su rey Condorito. Aunque ese rey estaba rodeado de súbditos tan gracioso y particulares como él. Cómo no nombrar al siempre travieso Coné, al nunca sobrio Garganta de Lata, al eterno mejor amigo Cumpa, a Huevoduro, a la insoportable suegra Doña Treme o al pícaro Don Chuma. También son inolvidables la curvilínea Yayita, el inocente Ungenio, el pesado Saco de Plomo, el argentínisimo Ché Copete o el ingenioso Máximo Tacaño. Y claro, un lugar importante tiene el que algunos señalan que es un inmigrante peruano, el buen Comegato. Todos excelentes secundarios que le hacían la vida más divertida a nuestro héroe.

Pero, si bien el mundo ya estaba dispuesto en los sesenta, es en la década de los ochenta donde tiene lugar el boom de Condorito. Por esas razones es que a las manos de niños como yo llegaron las aventuras del cóndor en el Viejo Oeste, en el Mundial, con el Hampa, en la Historia, entre otros. Este genial personaje fue una de las primeras aproximaciones que tuve a la historia universal o a personajes clásicos de la literatura. Todo como jugando y riendo.

Y esa década de gloria permitió que millones de niños a lo largo del continente se sumergieran en el mundo del cóndor. Recuerdo que no hace mucho tiempo jugué con unos amigos una especie de Tutti Fruti con nombres relacionados con Condorito y la verdad fue muy difícil ganar. Coné, Cumpeo, Fonola, Washington, Buenas Peras, Yuyito, Ungenio, Tomate, Genito, Huevito, Juan Sablazo, Tome Pin y haga Pum, El Hocicón diario pobre pero honrado, Titicaco, Condorotto, Huevofritz, Condorkid, Cabellos de Ángel, los nombre no dejaban de salir. Un real éxito. Por eso no es de extrañar que tenga un parque en Santiago de Chile.

En los últimos años y tras la muerte de Pepo en el 2000 muchos afirman que la calidad de los chistes ha bajado, que son todos repetidos y que en manos de la editoral Televisa ya no es lo de antes. Sin embargo, cada vez que encuentro uno yo no dejo de reirme. No exijo una explicación aunque sí puedo caerme de espaldas y hasta grito Plop!

Pregunta de la semana: ¿Eres lector de Condorito?¿Qué opinas de la historieta?