El otro día me puse a meditar sobre por qué Spiderman dejó de ser uno de mis superhéroes favoritos. Recuerdo que en mi niñez y adolescencia no me perdía ni un solo capítulo de las distintas series animadas del arácnido. Y que también intentaba tener las pocas historietas de la Marvel que llegaban a Lima. Sin embargo, con mi llegada a la juventud y adultez el gusto por las aventuras del carismático héroe se fue reduciendo. Ahora las veo sosas y sin mucha sustancia. Y creo que una de las razones tiene que ver con una razón en la que he tomado consciencia hace muy poco: Peter Parker es un mal ejemplo para el periodismo.

Si bien la historia de Parker ha dado varios cambios a lo largo de su tiempo de publicación (ha llegado a ser profesor universitario o ha trabajo en periódicos independientes), la base fundamental se encuentra entre su vida familiar-amorosa y su trabajo en el diario “El Clarín”. Ambos tiene un peso similar y se turnan la importancia dependiendo del arco argumental. Y para mí el punto flaco de este superhéroe está en el segundo aspecto de su vida.

El primer argumento por el que defenderé mi posición tiene que ver con el lado monetario. A pesar de que todos los periodistas sabemos que en realidad nadie se mete en este medio por la plata, la razón fundamental por la que Peter Parker ingresa en “El Clarín” es por el factor monetario. En realidad, Parker es un aspirante a científico con ciertas habilidades para la fotografía que encuentra en la oportunidad de trabajar para un medio la ansiada independencia económica. No hay una búsqueda de la verdad o un deseo de labor social en su papel como reportero gráfico sino que para Parker chamba es chamba.
No obstante, no hay que ser injustos con Parker. Al fin y al cabo su compromiso con el bien de la sociedad está cubierto y con creces por su alter ego Spiderman. Es consciente de que detrás de todo gran poder hay una gran responsabilidad y por eso usa sus superpoderes para el uso del bien. Pero lo que no parece ver Parker es el poder del cuarto poder y ese hecho le jugará totalmente en contra.

“El Clarín” no es digamos uno de los medios de Nueva York que sea reconocido por su línea editorial. Es más que nada un medio amarillista que es manejado por los caprichos de JJ Jameson, un facho que tiende a crear historias más que reportar noticias. Así que tras la aparición de un nuevo superhéroe Spiderman, Jameson encuentra a la nueva víctima de sus ataques. Al verlo enmascarado y tomando la justicia en sus manos, más que apreciar el compromiso social del arácnido, lo que ve el director del medio es la amenaza al status quo. Jameson enfocará todo su miedo en las portadas y hará lo que sea por desacreditar a Spiderman y eso incluye inventar historias ilustradas por su fotógrafo estrella: Peter Parker.
Parker verá como semana a semana las fotos con las que gana dinero se transforman en la causa de la destrucción de su identidad como superhéroe. Participar en el amarillismo dejando de lado la ética periodística provocan un daño en su imagen. Y lo peor de todo es que pocas veces se lo cuestiona. Más bien actúa como un esclave de Jameson que incluso a veces duda en pagarle por las fotos que tanto necesita. Es que para el fotógrafo ganar el dinero es más importante que conservar su reputación. Es por eso que la creación de Stan Lee me parece un pésimo ejemplo para el periodismo. !Parker renuncia!

pregunta de la semana: ¿Qué opinas del papel de Peter Parker como periodista?