En la edición de junio de la revista Soho el escritor y crítico literario Gustavo Faverón escribe un interesante artículo en el que busca encontrar una explicación al rechazo que algunos lectores de cómics han manifestado a la puesta en vitrina de superhéroes homosexuales. En su escrito, Faverón culpa al mismo género superheroico de ser el responsable de de ese tipo de respuestas ya que sería “el más desvergonzado refugio del maniqueísmo en el arte contemporáneo” al proponer un mundo en el que las cosas se dividen en blanco y negro. Los fanáticos del cómic estarían molestos porque están acostumbrados a “fronteras morales fuertemente delineadas” por un formato que se ha sostenido por décadas. Concuerdo con algunos puntos de lo propuesto por el escritor; sin embargo, creo que cae en un error garrafal. Al igual que los indignados lectores, Faveron se refugia en el pasado para plantear sus argumentos ya que desde la década de los ochenta los superhéroes están más pintados de gris que de blanco o negro.

Recuerdo que cuando era niño mis primeras lecturas fueron los llamados ‘chistes’, los cómics de la DC que vendían en los quioscos. Estas historietas eran distribuidas por la editorial mexicana Novaro y contenían las aventuras de Batman, Superman, Linterna Verde, Flash, entre otros. Tal como lo señala Faverón en esas historias habían dos bandos claramente definidos: el de los buenos que incluía a los superhéroes antes nombrados y el de los malos que contaba con villanos como el Guasón, Darkseid, Lex Luthor, Sinestro, etc. En ese universo era imposible imaginarse a Batman o Superman realizando alguna maldad. Eran como, me dijo hace poco en una entrevista Pedro Salinas, boy scouts invencibles y sin defectos. Sin embargo, lo que yo, y me imagino muchos, no sabía en ese momento era que en realidad lo que estaba leyendo no eran historias actuales sino recicladas del sesenta o setenta. Otros argumentos se estaban desarrollando en EE.UU. en esos momentos y estaban bastante alejados de esos héroes maniqueos con los que fantaseaba.

Si pensamos en el cómic como objeto cultural no podemos separarlo de sus contextos sociales y políticos. Entonces es necesario hacerse la pregunta de qué pasaba con la política, sociedad y la cultura en la década de los ochenta. Pues teníamos a Ronald Reagan y a Margaret Thatcher al mando de EE.UU. y el Reino Unido, respectivamente, los sindicatos estaban en su peor momento y el entusiasmo nacidos de las luchas sociales de los sesentas y setentas empezaba a desaparecer. La doctrina liberal se expande en la economía y el conservadurismo en lo social. En occidente había un solo camino a seguir y estaba dictado por las cifras de Washington y Londres. Y ante esa dictadura del mercado surgieron dos “anarquistas”: Frank Miller y Alan Moore.
Mientras Miller publicaba “The Dark Knight Returns”, Moore hacía lo propio con “V de Vendetta” y “Watchmen”. Ambos proponían en sus obras héroes que escapaban del molde de boy scout inmaculado. Eran rebeldes que se enfrentaban con gobiernos totalitarios o vengadores anónimos que toman la justicia en propia mano. Estos personajes más que héroes son antihéroes que pueden cometer actos que antes estaban reservados para los “malos” en su búsqueda de impartir justicia. Ya es historia conocida el éxito que tuvieron estas obras y provocaron un giro absoluto en la forma de concebir a los superhéroes tradicionales. No fue casualidad que casi paralelamente a “Watchmen” la DC publicara “Crisis en Tierras Infinitas” un evento que produjo una reactualización de los orígenes y de los argumentos de las historias de los personajes de las viñetas. Batman, Linterna Verde, Flash ya no serían los mismos sino que serían capaces de transgredir la ley cuando la situación lo ameritaba.

Sin embargo, estamos olvidando un factor más que influyó en el cambio de paradigma en el mundo superheroico. Estamos en una década en donde la posmodernidad ya se ha abierto con fuerza. Las ideas de centro o ideal han desaparecido. ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo malo? Son preguntas que flotan en el ambiente. Si es así, ¿pueden ser los superhéroes buenos o los villanos malos? Si el centro está en cuestión es difícil irse para un lado u otro. Los ochenta entonces abren el paso a los antihéroes.
Entonces, Faverón y Fernando Franco (el autor del post que critica el escritor) estarían digamos sintiendo nostalgia del pasado. Lo que proponen es quedarse en el paradigma de los cómics de los ochenta con los que crecieron y se olvidan que justamente en esa época fue que se rompió con la barrera que separaba a buenos de malos. Lo digo porque yo también viví con ese prejuicio durante mucho tiempo. Durante mucho tiempo estuve atrapado bajo esa concepción de los superhéroes hasta que mi amigo Oliver me hizo un gran favor me prestó la obra maestro de Dan Metzler “Identity Crisis”.
(Alerta para spoilers)
En esta obra los superhéroes se muestran más “humanizados” que nunca. Son vulnerables, paranoicos e incluso fachos. La Liga de Justicia es capaz de violentar la memoria a Doctor Light como castigo por una violación y no solo a él, también a Batman. La esposa de Atom empieza a asesinar a los familiares de superhéroes para recuperar su amor. Y tras descubrir el daño que lo han hecho el murciélago decide vengarse y empieza a desarrollar un sistema para espiar y así controlar a sus colegas. Los buenos entonces ya no son tan buenos.
En un punto Faverón tiene toda la razón: los cómics de superhéroes tiende a dividir al mundo en buenos y malos. Pero el lector de historietas sabe que la línea que divide a los buenos de los malos es muy tenue. El villano de hoy puede ser el héroe de mañana. Hal Jordan fue durante años Linterna Verde y un tiempo se transformó en el villano Parallax. Wonder Woman mata a un villano. El tirano Black Adam es odiado por Occidente pero es amado por los ciudadanos de su país. Algunos de los argumentos que Luthor expone para fundamentar su odio a los superhéroes suenan razonables en estos tiempos. El único que se mantiene en la figura de boyscout es Superman, que ¡o casualidad!, no es humano.

Y tampoco es casualidad que Superman siempre tiene al costado a Batman. Y como bien me señaló, en una entrevista el filósofo Dick Tonsmann, el Caballero de la Noche es un personaje que representa a lo oscuro del ser humano. Es un héroe o antihéroe que se divide entre la venganza y la búsqueda de justicia y por esa razón crea tanta empatía en la gente. Freud propuso en “Más allá del principio del placer” que el ser humano se debate entre el placer y la destrucción. El bien y el mal conviven en nosotros como en Batman. No somos blancos o negros sino grises como Batman.

Por esa razón creo que condenar a los cómics de ser maniqueos es realmente caer en un prejuicio. Las historietas al ser un producto cultural han sabido ir adaptándose a los tiempos. No podemos negar que muchas de ellas hayan sido totalmente conservadoras pero por otro lado hay que reconocer que justamente han sido las historias que han roto con los esquemas los que han perdurado en el tiempo. Los cómics más apreciados son Watchmen, Identity Crisis, Infinite Crisis, Marvels, V de Vendetta, entre otros. Aunque a algunos les moleste las historietas ya no son más los ‘chistes’ ya que son producto de su tiempo. Y cerrar nuestra mentalidad a esa concepción inocente es cerrar los ojos a la realidad y quedarse no en la viñeta sino en el pasado.

pregunta de la semana: ¿Crees que los cómics de superhéroes son maniqueos?