Se llama “Oucast” (“Paria”, en español) y es un cómic sobre demonios, posesiones y exorcismos, acaso los miedos más ocultos y tanáticos que las leyendas y los escritos sagrados han recogido sobre la condena del ser humano. Pero “Outcast” es también la publicación que ideó y visualizó ese moderno rey Midas que es Robert Kirkman, el padre de a la odisea posapocalíptica llamada “The walking dead”.

El hecho es que “Outcast” empezó a publicarse hace poco más de un año, el 25 de junio del 2014 para ser preciso, y ya tiene su serie de televisión asegurada para el 2016. Un rush a 100 por hora que promete ganar millones de espectadores.

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La apuesta de Cinemax está lanzada a tal ritmo que el tráiler del capítulo piloto fue presentado el sábado en la Comic Con de San Diego, en medio de los estallidos de aplausos por las buenas nuevas sobre “Star Wars: episodio VII”, “Batman v Superman” y “Escuadrón Suicida”. (HEY, UN POQUITO DE PACIENCIA, EL TRÁILER ESTÁ AL FINAL)

“Outcast”, el cómic, gira sus ejes dramáticos alrededor de Kyle Barnes, un hombre que ha sufrido desde que era un niño la persecución de seres infernales, y que ha visto cómo sus más cercanos seres queridos han pagado en cuerpo (y acaso alma) ese escalofriante martirio. Ya adulto, recibe el pedido de ayuda del reverendo Anderson para salvar a un niño (Joshua), y tras el aparente éxito en esa cuita, los dos se enfrascarán en una búsqueda desesperada y angustiosa de respuestas para matar sus propios demonios interiores.

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En la serie de TV -dicho sea de paso, espero que tenga más suerte que “Hellblazer”, la cancelada producción sobre el mago y adivino inglés-, el guion, ya lo mencioné, es de Robert Kirkman, la dirección es de Adam Wingard, la fotografía va por cuenta de David Tattersal y la música se la debemos a Atticus Ross. En el cómic, quienes acompañan a Kirkman son unos excepcionales Paul Azaceta en el dibujo y Elizabeth Breitweiser como colorista.

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Si algo asemeja a “Outcast” con “The walking dead” es que Kyle Barnes es un émulo de Rick Grimes en tanto que uno y otro aprenden a enfrentar sus propios horrores y evolucionan a tal punto que se convierten en el soporte de otros personajes. Pero más allá de eso, diría que no hay mucho por equiparar. El propio Kirkman ha explicado que los zombies pueden provocar asco y temor, en tanto son seres que te pueden matar, pero que los demonios provocan un miedo a lo desconocido, a lo sobrenatural. En uno hay miedo visceral, en el otro se sufre un miedo ancestral.

Además, el artista ha subrayado que ya tiene en claro cuál será el devenir de Kyle y los otros personajes de “Oucast”, qué giros dramáticos aligerarán la historia y hasta qué final tendrán. Algo inédito -ha confesado- en su quehacer como guionista. Bueno, tampoco es que ha improvisado mucho, pues armar la trama le dio vueltas por la cabeza a lo largo de 24 meses, a la par que seguía con los cuerpos podridos de los zombies caminando por allí.

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Sin duda, los momentos más impactantes del cómic los protagonizan los posesos, con sus voces guturales -las podemos oír aun en la imposibilidad de una viñeta en papel-, los cuerpos torcidos, los rostros distorsionados y esa maldad, la pura maldad, insertada en medio de la cotidianidad que es capaz de apoderarse de nuestras vidas y de las de otros sin que nos demos cuenta. O peor aun, siendo conscientes de que está allí, endureciendo nuestro corazón y embruteciendo nuestra voluntad.

Es imposible leer “Outcast” sin pensar en otros referentes, especialmente “El exorcista” de William Friedkin. Por eso nos suenan tan familiares las invocaciones del reverendo Anderson cuando se enfrenta a los poseídos (“In the name of Jesus I command you…”). Y hasta podemos sentir los escalofríos de los protagonistas, que no saben bien lo que hacen ni adonde se están metiendo, pero que igual sienten la aprehensión de acometer con vehemencia.

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Pero no todas las maldiciones son infernales en este cómic, pues algunas son más terrenales, como las que acosan a Megan Holter, la hermanda adoptiva de Kyle, quien se desvive por sacarlo de su ostracismo y la oscuridad en la que este inicialmente se encuentra inmerso. Es un poco la luz entre tanta sombra maligna.

Hay escenas largas y sentidas en los primeros números del cómic (el exorcismo de Joshua, la visita de Kyle a su madre postrada y en coma en un hospital, o el encuentro con un ex policía preso en una cárcel por asesinato), pero acaso me quedo con aquellas en las que Barnes está solo, en su casa, aplastado por sus recuerdos y los escenarios de horrores vividos antaño. Ese silencio, esas cortinas cerradas, esos ambientes desordenados son un perfecto cuadro del dolor.

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Pero, bueno, está claro que el cómic me gusta y que ya hablé un montón sobre él. Ahora hay que esperar que la serie de TV esté a su altura o lo supere. Habrá que confiar, digo, en el buen tino de Kirkman.

Por lo pronto, en el tráiler lanzado en el Comic Con de San Diego podemos advertir que se mantendrán las premisas centrales del cómic, con diálogos sentidos, opresión constante, miedos que irrumpen y exorcismos con cuerpos que levitan… Nada mal y nada que envidiar a las cosas que ahora se ven por cine.

Esperemos con paciencia. Y vale persignarse, por si acaso…

¿Y TÚ TE ANIMAS A LEER “OUTCAST”?