La Historia se nutre de pequeñas historias. Alguna vez escribí sobre eso en un artículo para El Comercio. Y conversar con Óscar Pantoja me convenció más de ello. Colombiano, guionista de cómics, escritor, cineasta, tiene en su haber la autoría de la novela gráfica más vendida de su país: “Gabo: memorias de una vida mágica”.

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En esta obra cuenta cómo fue que Gabriel García Márquez concibió durante casi dos décadas la novela que lo haría inmortal, un parto que demoró porque la concepción de esa real y maravillosa creatura supuso un vuelo de imaginación, fantasía, verdades y ficciones que aterrizaron en la mente de un ser humano en pequeñas escalas hasta llegar a buen terminal.

La conversación con Pantoja ha sido publicada hoy en la edición sabatina de El Comercio en formato cómic, un pequeño homenaje al noveno arte y también al maestro Gabo. Pero quería compartir con ustedes el diálogo en versión ampliada porque hay algunas ideas que se quedaron entre viñetas y otras que por su extensión debieron ser sintetizadas.

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Espero que lo lean, lo disfruten y lo comparen con el cómic que rescata, creo yo, la esencia misma de la entrevista.

 

¿Podemos llamar a “Gabo: memorias de una vida mágica” una novela gráfica o una biografía?

Yo creo que se le puede llamar de las dos formas. Es correcto, porque es una novela gráfica sobre la vida de alguien. Entonces, tiene los rasgos de la biografía pero también los (rasgos) de la novela gráfica que es ficción. Entonces es algo… Es ficcionar una realidad. Entonces yo creo que se puede llamar de las dos formas: novela gráfica y biografía.

El trabajo evidentemente está centrado en la creación de “Cien años de soledad”. ¿Es el eje sobre el cual gira todo: el proceso creativo? ¿O es más bien el literato, el ser humano que había en Gabriel García Márquez?

Yo siento que hay dos cosas que son indisolubles. Bueno, sin escritor no tenemos “Cien años de soledad”, no tenemos libro; pero en todo caso la historia está ahí y necesitamos del escritor. Entonces, es evidente que arranco con la vida del escritor, pero en función de perseguir la obra siempre. El cómic busca, no contar la vida del personaje porque la cuento, sino la vida del personaje en función de qué. Y para mí eso sí era claro. Sabía que tenía que llegar no tanto al premio Nobel, sino a como llega a hacer “Cien años de soledad”, su obra capital. Y en todo el libro lo que hago es perseguir eso, perseguir esa ruta, seguirla, porque es que Gabo duró 20 a 22 años con el libro en la espalda y llevando todo en la cabeza hasta que llega ese día que se mandó de vacaciones por la carretera de Acapulco y le viene la epifanía. Entonces, esa epifanías no fue de un mes, es de una maduración. A mí me encanta ese proceso creativo infabuloso de un artista. ¡Ese proceso creativo en el que se gastó 20 años! Y reventó. Pero en esos 20 años construyó otras novelas para llegar a ESA novela.

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¿Ese es un hecho fidedigno, contrastable, que tuvo una epifanía en ese viaje a Acapulco o es parte también de ese mundo (de ficción)?

No, sí está reseñado. Yo lo busqué, busqué las fuentes, las partes y de ahí salió. Es más, a mí siempre me causó una curiosidad… Él había ganado un premio en Venezuela y con la plata que le dieron se compró un carro. La familia no estaba muy bien económicamente, pero generalmente una persona dice: “si no estoy bien invierto esto en comida, vestuario, renta”. Pero no, dijo yo me compro un carro. La decisión más loca que hay. Pero esa decisión loca lo lleva a la decisión más firme que es escribir “Cien años de soledad”. Yo a mis estudiantes, siendo profesor universitario, les digo eso. Cuando tengan algo, piénsenlo: si lo guardan o se compran un carro. Jajajaja…

Y así escriben una novela…

Bueno, uno nunca sabe. Es que hay decisiones que a veces a la gente le parecen locas, pero para un artista son las más indicadas. Son las más precisas, porque el artista no sigue la planimetría de otra gente. Entonces, con el carro Gabo hace eso. El hecho fue real. Hay una controversia: si él llego y se dio la vuelta, si ni siquiera llego a Acapulco y se volvió. Pero yo dije: no, no hace eso. Él va con sus hijos a la playa, ¿cómo los va a dejar a mitad de camino? Entonces llega a la playa, y a los dos días Mercedes es quien le dice que está loco allí y tiene que encerrarse a escribir.

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También eres autor de novelas, he leído que has hecho cortometrajes… ¿Hay un poco de algo teológico en ese momento de la explosión en que algo nace?

Creo que hay una conjunción de muchas cosas. Es crear un universo y cuando uno crea un universo, tiene que reventar algo. Algo revienta. Yo me recuerdo inspirado en Gabo cuando hice mi primera novela, me vino lo mismo. Iba en un bus de Bogotá y pensé: “ya tengo el primer pedazo de mi novela, mejor corro a escribir”. Toda creación es eso. La creación de un mundo que le va a presentar al lector y un mundo es un universo con leyes y normas propias. Y cuando ocurre eso en el interior de las personas tiene que ocurrir algo: revienta. Hay una suma de muchas cosas que intervienen para que eso ocurra porque el autor, el artista, está forzando esa creación. A mí me interesan muchísimo los procesos de creación, porque es desde ahí donde salen las cosas.

Es que normalmente no son procesos llanos, son procesos llenos de tribulaciones, apremios, demonios interiores como dice Mario Vargas Llosa…

Toda es una sumatoria. En una conferencia que tuvo Mario Vargas Llosa habla sobre eso y sobre la preocupación del escritor por escribir bien una historia. En esa simple frase todo se reúne. Es decir, mueve el qué ocurre ahí, qué circuitos mueven al ser humano para que llegue a crear un trabajo como este. Eso me interesa mucho.

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Yo siempre he dicho que cuando uno escribe un libro o hace algún tipo de obra de algún otro modo se vuelve eterno, se vuelve inmortal. Ahora, tú lo has acometido con uno de las más inmortales: García Márquez. ¿Cuánto tiempo te demoró investigar, preparar, elaborar esta obra?

Yo creo que (empezó) desde la misma tarde en que recibí la llamada de mi editor, con quien tenemos de las relaciones de trabajo más fundamentales de mi vida. Yo lo conocí a él hace bastante tiempo

¿John Naranjo?

John Naranjo. Nos conocimos en un taller de escritura e hicimos una amistad de literatura y trabajo. Con el tiempo maduró y un día me llama y me dice: “Óscar, quiero que haga el cómic de Gabo”. Y eso ya es un golpe que recibí. “¿¡Cómo!? ¿¡Cómic!? ¿¡Qué!? ¿Ah?”. Y desde ese momento hasta 4 meses después, porque fue un proceso relativamente corto. Pero era la emoción de hacer esto. Yo creo que si en este momento, bajo otras circunstancias, me piden hacer un guion, yo ya no podría hacerlo en solo cuatro meses, pues el impulso y la emoción no serían los mismos. Era la emoción de hacer algo nuevo en términos de  literatura gráfica, de cómic, de hacer un libro que todavía no estaba hecho.

¿Tú visualizabas, pensabas y actuabas de alguna u otra forma los diálogos?

Claro. Yo me divertí muchísimo escribiendo el guion. Mi mesa estaba llena de libros pero sueltas eso y ya tienes que inventarte secuencias que nunca han existido, como el nacimiento de Gabo. ¿Dónde está registrado eso? Ningún biógrafo lo tiene. Entonces saltaba al vacío. Y ese saltar al vacío lo hace a uno reírse solo, con esa risa un poco maligna, y luego me preguntaba: “¿Y ahora qué hago? Hagamos este plano y esto es”. Eso hizo que la construcción del libro fuese tan amena.

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¿Estamos hablando de qué período, de qué año?

El libro sale en el 2013, en el Hay Festival de Cartagena. Estamos hablando de entre el 2010 y el 2011, porque luego vienen los dibujantes… Miguel Bustos fue el primer dibujante y tenía el duro trabajo de enfrentar el 50% del libro, pero en mi afán yo escribí cerca de 1.600 viñetas. El libro tenía más páginas. Así que tuvimos que sacar escenas, como la muerte del abuelo y otras etapas. El libro tenía aproximadamente 200 páginas. Se sobrepasó la expectativa del dibujante y se estaba atrasando en el trabajo. Así que a John Naranjo se le ocurrió la idea de poner más dibujantes. Y la idea de los colores. Que simbolizan varias cosas y tienen una connotación psicológica: el amarillo, que era la calidez y la infancia; el azul, los años difíciles; el rojo, lo más sanguíneo, lo más vital cuando tiene a sus hijos y cuando empieza a escribir “Cien años de soledad”; y el verde, el color esperanza cuando recibe el premio Nobel. Cayó de perlas. Fue difícil, pues había que trabajar con los tiempos, ritmos y todo lo que necesitaban esos artistas: cuatro al inicio y luego tres.

¿Por qué?

Es que el tercer dibujante, Felipe Camargo, se enfermó de la mano por estar tan tenso de la responsabilidad. Entonces para el lanzamiento tuvimos que contar con este cuarto ilustrador, Julián Naranjo. En las ediciones posteriores, Felipe culminó el trabajo.

¿Considerarías que la vida de Gabo fue real maravillosa?

Uy. Es que si la vemos desde el principio… un niño que nace en uno de los pueblos más pobres y deprimidos de la zona del Caribe –y que se mantiene igual- y que termina recibiendo un premio de manos de un rey… esa es una historia que se debe contar. Sinónimo de escritor es Gabo: disciplina, tesón, resistencia y terquedad para llegar. No hay otra razón para que de Aracataca salga un niño con la técnica y el arte que él tuvo.

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¿Fue un hombre genial o uno con visiones geniales?

Diría que es un hombre con visiones geniales. Borges lo dice: somos tan imperfectos pero eso mismo nos lleva a tener visiones de genialidad.

¿Lo llegaste a conocer?

No. Y justo escribí un artículo para un diario que se llama así: Yo no conocí a GGM. En todas las escuelas se lee a GGM, eso sí. En la última parte conocí a sus hermanos, gente cercana, pero su salud ya estaba resquebrajada.

La novela gráfica sale un año antes de su muerte…

Sí, un año… y si hablamos del guion, mucho antes. No estaba calculado que coincidiera con ese momento. Su salud estaba resquebrajada, sí.

No voy a usar el término viralizar, pero se hace famosa después del deceso.

Hmmm.  Creo que es relativo. Es un libro que por su propia cuenta ha hecho camino. El suceso de su muerte es un hecho que marca, que lleva a revisar su obra, y en esa revisión puede caer este libro. Se ha traducido a quince idiomas por la labor del editor, pero pienso que igual hubiera llegado a calar por esa aproximación entre el hombre y el arte.

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Esta fue tu primera aproximación al cómic, pero hay otra novela gráfica sobre Rulfo, de un tono muy distinto…

Y en camino está un tercero sobre Borges. Con él cerraremos un ciclo. El lenguaje es el mismo, pero las estructuras son muy distintas. GGM es claridad, Rulfo es oscuridad. Y corresponden a las vida que voy a narrar. Con Borges el tono será bello, muy bello. Espero que salga a fin de año.

¿Piensas en forma cinemática al trabajar los cómics?

Cuando estudié cine, me encantó la teoría del montaje de Eisenstein y Tarkovski. Siempre que alguien me propone algo ¡pfff! tengo la imagen en mente con que puedo arrancar. En el cómic tú tienes realidades en paralelo, rupturas de tiempo, lo fantástico y real, clímax en pocas páginas… en pocas viñetas logras cosas que en el cine no puedes. Alguna anotación en papelitos, pero es la imagen… El escritor de calidad busca eso: la imagen. La imagen es la poesía. Y hay imágenes fabulosas que quedan para siempre.

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