Se me encargó conversar con María Amelia López, la flamante ganadora del premio al Mejor Blog en Español por A mis 95 (el cual ya reseñamos en un post anterior). Como saben, la particularidad de esta blogger es que se trata de una señora de 95 años de edad. Conseguí su número y la llamé por teléfono. Por el cambio horario, debían ser como las 4 o 5 de la tarde en España. La llamé. Me contestó la chica que en estos momento se encarga de cuidarla. Algunos momentos después, María Amelia se puso al teléfono. Me contó que se había quedado dormida en el sillón y que mi llamada le molestó. Inmediatamente me disculpé, pero me dijo que no me preocupara. Me confesó que estaba un poco cansada de lo tanto que la buscan los medios de comunicación. De todo el mundo. En la mañana había tenido una entrevista, por la tarde me estaba atendiendo a mí, y en la noche tenía dos entrevistas más concertadas. Sin embargo, a María Amelia no le emociona los premios ganados. A ella le preocupa que la gente no tenga consideración con los ancianos; que no se les tome en cuenta y que se crea –erróneamente- que no sirven más para nada. Ella es la prueba viviente de que todo lo anterior es un error. ¿Alguna vez escuchó eso de que la edad del cuerpo no tiene nada que ver con la del espíritu? Pues bien, María Amelia es la prueba de aquello. Es la encarnación de que la edad no es límite para las ganas de aprender, de desarrollarse y de seguir compartiendo sus experiencias con los demás? Si quieres leer la entrevista y escuchar algunos audios, sigue leyendo.

María Amelia vive en una aldea de las Rías Baixas, en Galicia. No quiere dar más detalles porque, como ya les comenté, pese a toda la exposición mediática hay muchas cosas que aún quieren mantener en el anonimato. A continuación la entrevista a la mejor blogger en español del 2007.

¿Cómo se ha sentido tras recibir los premios del jurado y del público como el mejor blog en español?
Fue una sorpresa para mí, aunque ahora ya no. Quiero decirle que nunca he querido ganar esos premios. Yo no creo eso que me dicen, que soy espléndida y que soy tal. Yo soy una viejecita que hizo esto [el blog] para tener una compañía. Porque estaba sola completamente. Es que ahora a los ancianos no les hace caso nadie. Y si hablamos nos dicen “cállate, que tú no entiendes”. Eso es lo primero que ocurre y, claro, yo no me he dejado mandonear tampoco.¿Acaso por tener edad no puedo tener una conversación con gente y dar mi opinión? Pero cuando uno da su opinión lo quedan mirando como si fuera una cosa rara. Yo nunca miré así a una anciana. En mi tiempo no teníamos los adelantos que tenemos hoy, pero teníamos educación. Ahora a los ancianos se les hace un vacío y yo no quería estar tan sola. Encontré Internet y fue mi salvación.

Usted dice que se sentía sola. ¿Usted vive sola o a qué tipo de soledad se refiere?
No tengo gente con quién hablar, a esa soledad me refiero. Yo soy una mujer que convivía con mucha gente de mi sociedad. Pero ahora casi todos se me murieron, y los que quedaron están tristes; están en una residencia, en un sillón, algunos llorando; tristes porque no vienen los hijos. A mí me gusta mi libertad, salir. Si no puedo andar, pues tomo un taxi. Si quiero ir a un café o a un casino, lo que sea.
Pero ahora los hijos dejan a las madres en las residencias. Ellos dicen “Mamá va a estar en la residencia”. Al otro día despiertan y se ponen a llorar y los encargados le dicen “¿Por qué llora señora?” Porque me trajeron para aquí que yo no queria venir.
Yo me vine para lo de mi nieto, porque son lo que más quiero mis nietos. Pero el mayor es el que tuvo más interés de que yo me fuera a vivir con él, que no me quedara allá.

Entonces usted vive con su nieto mayor. ¿Qué edad tiene él?
Él tiene trentaitantos años. No me acuerdo el número. Yo no tengo mucha memoria ni para los números ni para las fechas. Desde chiquilla no me fijaba mucho en eso.

¿PARA QUÉ QUIERO UNA LIBRETA?
¿El fue quien le regaló el blog?
Yo le gasté una broma con lo del Internet al ver que era una cosa excepcional, donde yo aquí puedo relacionarme con la gente. Él me explicó y me empezó a enseñar lo que había allí, en Internet. El día de mi cumpleaños me dijo: “Ya sé qué te voy a regalar. Te voy a regalar un blog”. “¿Un blog? Y yo para qué quiero una libreta?”, dije. “No abuela, no es eso”. Y me explicó lo que era. Luego, él lanza de que yo tenía un blog y toda la historia de que no tenía con quien hablar y que quería tener una conversación. No pensamos que iba a haber una reacción como la que hubo.
Quedamos impresionados porque primero hubo 1.000 visitas y después 1.500 y empezó a crecer. Dijo él “caramba, no creí que iba a ser así”. “Yo tampoco”, le dije. “¿Y ahora? Vas a necesitar una secretaria?”. Y es verdad, porque él se va y yo no puedo hablar todos los días; él se va a ver sus negocios.

¿Cómo es la actualización?
Yo dicto y él actualiza. Él me dijo “tú como eres anciana y te tiemblan las manos y la vista te anda mal. Pues yo tecleo y tú me das tus pareceres, como tú eres charlatana y conversas mucho, pues a lo mejor caes simpática”. Es que me encanta hablar de la vida. Lo increíble es que no solo gente de España me ha respondido, sino de los cinco continentes.

¿Ahora tiene amigos en todo el mundo? ¿Cómo se siente?
Yo no sé si lo que me pasa desde que tengo el Internet. Primero, una alegría muy grande y ahora una sorpresa. Una sorpresa, pues nunca creí que había gente que quisiera a una anciana, ¿me comprendes? Usted coge un periódico y siempre ve problemas: que matan a uno o a dos. Y yo decía ¿qué país es ese? Pensé que la gente se estaba volviendo loca, y que no tenía sentimientos.Pues me he equivocado, señor. Cada carta que me escriben [se refiere a los comentarios en el blog] a veces me hace llorarme hacen llorar. Hay periodistas y poetas que me dedican poesías y yo me emociono. Yo no merezco eso. Una persona sencilla como yo, que recibe cartas de gente tan culta, con sus carreras fantásticas: catedráticos, médicos, escritores, periodistas. Hoy tuve una entrevista por la mañana, ahora la suya y a las 8 y a las 9 tengo otras.

¿Entonces tiene su agenda llena?
Mire usted, que yo estoy como atontada. Estos días he trajinado tanto, tanto, que me agoté. Son miles de cartas que me escriben y las leo todas. Y en los días en que no está [su nieto] me imprimen las hojas y me las dan a leer.

¿Gracias a su blog ha podido ponerse en contacto con gente de su generación?
Yo estoy hablando con las ancianas para que se despabilen, para que les pregunten a sus hijos de qué se trata esto. Muchos no tienen la curiosidad y yo siempre fui curiosa, y andaba queriendo saber cosas.

¿A qué se dedicaba?
A vivir mi vida, a divertirme, a tener amigas, a ir a La Coruña a pasear, a ir los teatros, al cine y a los conciertos, y viajaba algo. Porque yo quería ver el mundo. Como tenía una buena posición viajaba junto a algunos familiares.

¿El blog le ha permitido revivir su espíritu?
Sí. Ahora yo estoy viajando desde mi casa. A mí me escriben de todos lados. Entonces voy a Internet y le digo a mi niero: búscame este país, porque ese país no lo conozco. Pongo el mapa, veo dónde está situado y veo todos los datos. Todo eso me encanta saberlo.
A mí me costó mucho trabajo levantarme del sillón, porque, claro, a las viejas se les sienta en un sillón y listo. Que se den cuenta que los viejos no son ignorantes. El cuerpo se desfigura, nos queda la cara como la de una momia, con arrugas feas. Yo me miro al espejo y me impresiono. Pero después, cierro los ojos y estoy hablando y me parece que tuviera 15 años otra vez.
La vejez es dura, no hay con quien hablar, te tratan mal. ¡Vaya desilusión! A los hijos los criamos con mucho cariño y ellos nos meten en la residencia. ¿Acaso nosotros los metimos a algún lugar?

¿A lo largo de su vida usted ha sido testigo del cambio de la tecnología. La primera vez que vio Internet, cómo se sintió?
Me gusta la banda ancha. Veníamos de la calle con mi nieto e ingresé a la habitación y de repente veo que un señor me estaba hablando por la pantalla. El señor era americano, creo que de Puerto Rico. “Hola doña Amelia” y me quedé mirando y me asusté. Palabra que sí. “¿Cómo van tus nietos?”, y empecé a gritar llamando a mi nieto. “Apaga eso, que esa cosa es del demonio, eso no es televisión”, dije. Y él dice, es Internet. Pero no sabía que tenía banda ancha. Cuando fui a pasar una temporada con él, luego le dije “no me marcho sin comprarme un Internet”. Me dijo: “abueliña, mujer, ya estás muy mayor, qué vas a poder”. Yo tengo fuerza de voluntad y si lo quiero, lo quiero. Y fue cuando quería Internet, pero me regaló el blog.
Ahora quiero descansar un poco. Los mejores periodistas han venido a verme. Incluso desde Rusia. Vino una chica encantadora. Durante la dictadura de Franco me hablaron barbaridades de Rusia, pero qué maravilla de mujer. Incluso me trajo una muñequita de regalo.

¿Qué anécdota ha tenido desde que actualiza el blog?
Me han hablado nietos de mis amigas que murieron. He encontrado otro sobrino, que no sabía que existía, dice que es físico y que está en Nueva York y que quiere que le escriba para ponerme en contacto. Encontré otras primas y hasta del Uruguay, donde yo tengo mucha familia.
Hay veces que no creen lo que cuento. Creen que es todo un juego de mi nieto, pero para que vean yo ni me preparo para las entrevistas. Ahora, por ejemplo, estoy sola y le cuento todo conversando, como todo sucedió.

Finalmente, al recordarle que la entrevista era para un diario del Perú, María Amelia recordó una anécdota relacionada con nuestro país.

Ahí estuvo una hermana mía por nueve años en Chimbote. Hubo un terremoto enorme. Un día recibió de un seguro una cantidad muy grande de dinero y se regresó a España. Cogió el avión con su esposo y su hijito, y mientras volaban hacia España sucede el terremoto [del año 70] y se cae la casa en donde vivían ellos.

Así nos despedimos de María Amelia, quien se considera la abuelita del mundo. Muy dulce, muy locuaz y muy lúcida. Después de conocerla seguro que cambiarán su manera de ver a los más ancianos.

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Bruno Ortiz B.