¿Se acuerdan de la época en que todo se reducía a ver quién tenía VHS y quién Betamax? El colega Luis Davelouis Lengua escribió un artículo que compartimos con ustedes a continuación.

Nunca me gustó Mike Tyson. En julio de 1985 se enfrentó a Michael Johnson, en una de sus primeras peleas televisadas, y unos amigos y yo nos reunimos para ver a esta leyenda a quien nadie le aguantaba más de tres rounds. Terminaron las peleas preliminares, tocaron la campana inicial y 39 segundos después, mientras algunos todavía seguían acomodándose, la pelea ya se había terminado y solo dos de nosotros la vimos porque los demás llegaron tarde. Felizmente, la habíamos grabado.

No todo el mundo recuerda el Betamax desarrollado por Sony. Un aparato tan tosco que los fabricantes decidieron enchapar los primeros modelos con madera para aligerar su aspecto, pero solo lograron que se pareciera al tablero de un Oldsmobile o, en el mejor de los casos, a una radiola. Funcionaba como un tocacaset cualquiera, pero venía con un caset de instrucciones con música de fondo de Mozart.

Pese a que apareció en 1975, al Perú llegó de forma masiva bien entrada la década siguiente, cuando se permitieron nuevamente las importaciones, tras el mundial de fútbol argentino, por primera vez, televisado a colores.

En honor a la verdad, lo que más veíamos mis amigos y yo en los Betamax eran partidos de tenis, peleas de box y películas subidas de tono que nos prestábamos en el colegio. Solo dos del grupo tenían el aparato en casa y ello definió los puntos de reunión que duran hasta hoy.

En ese entonces, las videotiendas eran muy escasas y casi todas las películas debían comprarse en el extranjero. Como la industria tenía relativamente poco tiempo, la calidad de los subtítulos y del doblaje (hecho por inmigrantes españoles) dejaba mucho que desear.

Los primeros Betamax no solo se veían, también pesaban como un carro (hasta 18 kilos en algunos modelos), tenían un control remoto alámbrico (con cable), los caset duraban solamente una hora, la cinta en su interior describía un recorrido similar a la letra beta del alfabeto griego (de ahí el nombre) y, comparados con los DVD y CD de hoy, eran muy difíciles de copiar. Según recuerda el papá de uno de mis amigos, superaban los US$1.000.

Pero llegaría el VHS, un aparato que servía para lo mismo, pero que era –según recuerdo– 45% más barato, 70% menos pesado, más pequeño y con muchas más funciones. Además, claro, de un (para entonces) hermoso control remoto inalámbrico. En 1987 mi padre compró uno por poco más de US$500 y, al comienzo, mi hermano y yo estábamos algo decepcionados por su sobriedad (solo exhibía tres botones) y su falta de presencia. Lo que hacen los referentes.

Y no es que en Matsushita (casa matriz de JVC y Panasonic y creadores del formato VHS) fueran más inteligentes que en Sony, sino que sus reproductores más antiguos llegaron al Perú en cantidades muy reducidas. Aun así, el formato recién lanzado de Matsushita duraba el doble que el Beta.

Con el VHS el cine en casa empezó a masificarse y aparecieron miles de pequeños locales de alquiler de videos piratas: en la calle Simón Salguero entre Surco y Miraflores, en los centros comerciales Higuereta, San Isidro y Arenales, y en casi cada esquina, al punto que empezaron a competir entre sí, con promociones y beneficios para sus clientes regulares, lo que les duró hasta que llegó Blockbuster. Pero esa es otra historia.

Con el VHS la industria de la piratería fílmica de Polvos Azules se disparó con el mismo argumento que hoy. Por aquel entonces, encontrar un concierto de Metallica en video –por ejemplo– en una tienda formal en Lima era rarísimo y, si existía, estaba completamente fuera del alcance del presupuesto de un mocoso de 18 años de 1990 (unos S/.100). En Polvos Azules costaba entre S/.20 y S/.25.

Diez años antes, las propias empresas transnacionales habían empezado a lanzar más títulos en VHS que en Betamax, en particular para los mercados o economías emergentes.

Para 1989, luego de resistir por casi 15 años, Sony anunció que empezaría a producir el invento de la competencia. Para ese entonces, el V2000 de Phillips, que prometía leer todos los formatos de cinta de video y que apareció un año después que el VHS, estaba por salir del mercado, pese a tener funciones y características más finas que los otros dos. Que sepamos, nunca llegó al Perú.

SE ACABAN LAS CINTAS
Con la aparición de los soportes y reproductores ópticos (láser), empezó la decadencia de las cintas. Sin embargo, el VHS es, todavía, el sistema de reproducción y grabación de video más usado del mundo. El reinado del Betamax duró muy poco y el Laser Disk (predecesor del DVD) no fue muy popular en Lima, salvo en algunas salas de karaoke a comienzos de 1990 (el del hotel Country Club, por ejemplo).

Los DVD son mucho más baratos (un disco de DVD en blanco puede costar hasta S/.0,58 mientras que un caset de VHS cuesta hasta S/.10), más pequeños, más fáciles de trasportar y aun más fáciles de copiar. Además, a los pocos meses de salir al mercado, ya costaban alrededor de US$300.

Hoy el Blu-ray (con 50 GB de capacidad y respaldado por 19 de las firmas más grandes del planeta) destronará con toda seguridad al DVD. Su tecnología aún es cara en el Perú, pero no por mucho tiempo. A medida que el mercado crece y la tecnología avanza, los precios tienden irremediablemente a caer.