La inesperada picadura de una araña radiactiva hizo que Peter Parker, un tímido estudiante de secundaria, adquiriera los poderes del arácnido y se convirtiera en el sorprendente Hombre Araña. Si bien se trata de una historia fantástica –el personaje adquiere la capacidad de trepar por las paredes y los techos–, algunos de sus elementos se inspiran en extraordinarias certezas de la naturaleza. Ese es el caso de la telaraña.

La ciencia en la seda del Hombre Araña. INFOGRAFÍA: Rems Miranda (c) Diario El Comercio

En la historia creada por Stan Lee, Parker usa sus conocimientos científicos para crear una sustancia con las mismas propiedades que la telaraña real: un hilo sumamente resistente al peso y muy difícil de romper, que pueda ser lanzado a grandes distancias y que pueda convertirse en una trampa pegajosa. Este elemento le sirve tanto para atrapar a sus enemigos, crear una capa protectora a manera de escudo o para movilizarse entre los rascacielos de Nueva York.

Las arañas usan esta seda tanto para cazar y envolver a sus presas como para transportarse de un lado a otro, entre más usos. Una proteína, llamada fibroína, es el principal componente de la seda de varios animales, entre ellos, la araña, a cuyo producto dota de una increíble resistencia.

Tal como sucede con el superhéroe, el fluido secretado por las arañas se hace sólido al entrar en contacto con el aire. La razón es que la estructura del fluido se transforma antes de salir al exterior, se deshidrata con mucha rapidez para construir la fibra ya conocida.

Las investigaciones han demostrado que la telaraña puede soportar hasta 9.000 kilos por cm2 de peso, lo que la convierte en uno de los materiales biológicos más resistentes.

En el 2010 se descubrió en Madagascar la telaraña más grande del mundo. Medía 2,7 m2 y fue hecha por la ‘Caerostris darwini’ o araña de la corteza de Darwin. Según los científicos puertorriqueños, la seda de esa telaraña es el doble de flexible que las demás y es 10 veces más resistente que el Kevlar, usado para ropa resistente y chalecos antibalas.

El entretenimiento para enseñar ciencia
Son varios los expertos que han recurrido a personajes de la cultura popular para incentivar el interés por la ciencia.

Un caso emblemático es el de Los Simpson. “What The Simpsons Can Teach Us About Physics, Robots, Life, and the Universe” de Paul Halpern, “La ciència dels Simpson”, de Marco Malaspina y “Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando Los Simpson”, de Claudio Sánchez, son algunos ejemplos de expertos que aprovechan las innumerables referencias científicas que se hacen en la serie para hacer entretenido el aprendizaje de la ciencia.