Las sillas mecedoras se inventaron en el siglo XVIII, y luego de casi tres siglos, un joven diseñador israelí decidió aprovechar el movimiento para brindar algo más que comodidad: energía. “Otarky Rocking Chair” es la mecedora que Igor Gitelstain creó como proyecto de graduación en la Escuela Shenkar de Ingeniería, Diseño y Arte, en Israel. Si quieres saber más sobre este tema, sigue leyendo esta interesante nota de Pamela Montes I.


Electricidad por movimiento humano


La base de la silla guarda un generador lineal escondido, compuesto por un imán que se desliza a lo largo de una bobina de cobre; de este modo, el balanceo de la mecedora impulsado por el cuerpo genera energía eléctrica.

El movimiento constante tiene una equivalencia de 15 watts de potencia que pueden ser enviados a una batería de almacenaje o bien cargar dispositivos directamente a ella.

En la parte posterior de una de las bases se encuentra la toma de corriente donde el usuario podrá conectar teléfonos inteligentes, laptops, tabletas o cualquier otro dispositivo similar.

La tenencia de equipos electrónicos de uso personal ha crecido aceleradamente en los últimos años. Al teléfono celular se le unieron los reproductores de música, luego las computadoras portátiles y ahora las tabletas.

Esta multiplicidad de equipamiento y la amplia conectividad crean también la necesidad de consumir más energía.

Ahorro es progreso
Gitelstain es un diseñador interesado en crear objetos que resuelvan problemas de la vida cotidiana, y que además sea amigable con el medio ambiente.
Tiene la certeza de que en un futuro próximo la energía se convertirá en un bien tan valioso como el agua, el combustible y el aire. Por eso partió desde la adicción a la tecnología que experimenta el mundo actualmente.

“Hice un estudio académico acerca de las sociedades antimodernas como los judíos ortodoxos y los amish; acerca de cómo es la vida sin energía eléctrica.”, dijo Gitelstain a El Comercio.

El desarrollo del prototipo de Otarky (nombre derivado de la corriente de autosuficiencia “Autarky”) tomó 10 meses. Por ahora, la silla de aspecto elegante, hecha con madera laminada, metal y delgada tapicería es una idea que espera atraer una posibilidad de producción en amplia escala en el futuro.

En el 2006, el australiano Bob Triming sorprendió con una silla de ruedas que andaba gracias a la energía solar.

Acondicionó un pequeño techo voladizo en las sillas para atrapar la mayor cantidad de energía en días soleados y colocó luces LED para la seguridad del usuario.