Creo que todos coincidimos en afirmar que una de las cosas más aburridas que existen en el mundo es ir al banco. Y aunque todavía hay operaciones que se deben hacer de manera presencial, cada vez hay más facilidades para que el usuario pueda hacer sus gestiones desde la aplicación de su teléfono inteligente.

Y no solo eso. Las aplicaciones nos ofrecen servicios cada vez más atractivos a cambio, por supuesto, de un pago mensual. Debo confesarles que, pese a conocer desde las soluciones en software hasta las recomendaciones de comportamientos seguros, hasta hace poco tenía cierta reticencia a realizar transacciones a través de mi celular. Pero, felizmente, eso ya cambió.

Empecé con las apps de taxis. La confianza que me da el modelo hizo que intercalase el uso entre una que solo aceptaba pagos en efectivo con otra que solo trabaja con el cargo a la tarjeta (previamente registrada).

Después, a insistencia petición de mi hijo, he descargado algunas aplicaciones al móvil autorizando la transacción directamente desde mi celular y cargando todo a la misma tarjeta.

La semana pasada me animé, pese a que tiene tanto tiempo funcionando, a usar por primera vez Cinepapaya, una app que permite comprar con anticipación (y sin colas ni más molestias) entradas numeradas para el cine de mi preferencia. La experiencia fue reconfortante.

Ahora quiero comprar películas. Pero también estoy planificando un viaje y busco las opciones de alojamiento desde el teléfono inteligente. No solo porque es más cómodo, sino porque muchos servicios dan ofertas especiales a transacciones desde esa plataforma.

Ahora, sin duda alguna, la tarjeta de crédito y el mismo banco son tu celular.