El guardián del whisky: ¿Quién es el master blender?

Jim Beveridge es el responsable de productos desde el Red Label hasta ediciones especiales. Conoce su historia.

El guardián del whisky: ¿Quién es el master blender?

Beveridge se unió a Johnny Walker en 1979, recién egresado de la universidad, como analista químico.

Imagina que conoces de memoria el contenido de más de 4000 barriles de whisky y tienes que escoger entre 15 y 50 para componer un nuevo producto. Así trabaja un maestro mezclador, o master blender. Una biblioteca viva de sabores y aromas. Un artista que labora con la meticulosidad de un científico, para lograr una receta capaz de definir el futuro de una marca.

Uno de los primeros en mezclar whiskys de grano y de malta fue Andrew Usher, un comerciante escocés, de Edimburgo, que en 1853 se convirtió, sin saberlo, en el primer master blender de la historia, según refiere el argentino Juan Carlos Baucher, en su libro “Agua de vida”.

Todo empezó cuando la corona inglesa se percató de la cantidad de whisky y cerveza que se producía en Escocia, sin ningún tipo de control y que bien podía financiar la guerra con Francia. Eso motivó a acuñar un impuesto al uso de la malta (1725). Surgió entonces el whisky de granos como una alternativa menos costosa, un producto que los escoceses más conservadores –hasta hoy– consideran inferior al whisky de malta, pero que es la base para 90% del mercado de scotchs del mundo: los blends.

El whisky de malta se encarga de otorgar estructura –la columna que sostiene la mezcla–, mientras el de granos le confiere ligereza y suavidad. No es que uno sea mejor que el otro: son dos productos distintos, cada uno con sus bondades.

Jim Beveridge, master blender de Johnnie Walker, defiende el whisky de grano porque contribuye con la textura y le da una mayor unidad y coherencia a la mezcla. Beveridge se unió a JW en 1979, recién egresado de la universidad, como analista químico, y asumió el rol de maestro mezclador en 2001. Él es el responsable de la gama de productos de la marca, desde el Red Label hasta las ediciones especiales.

“Pienso en mi trabajo de tres maneras”, afirma. “La primera tiene que ver con la responsabilidad de asegurar la consistencia y calidad de los productos. Otra tiene que ver con la innovación. La tercera, la más difícil, consiste en tratar de prever el futuro. Para botellas como la Etiqueta Negra, o la Platinum, tengo que tomar decisiones que deben sostenerse por 12 o 18 años (el tiempo que la mezcla permanecerá en la barrica). Estás dejando un legado para el futuro”, agrega.

No se trata de un juego de cuántas maltas o whiskys de grano uno mezcla, como bien señala Dave Bloom, autor de The World Atlas Of Whisky. No es un juego de números, es un juego de sabor. ¿Te animas a hacer tu propia mezcla?


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