Bangkok, la capital del tráfico de animales en peligro de extinción

Los traficantes de fauna venden libremente ejemplares de especies protegidas. Muchas de ellas provienen de Latinoamérica

Bangkok, la capital del tráfico de animales en peligro de extinción

Desde un cachorro de tigre a serpientes pitón forman parte de la mercancía que transportan en sus maletas de viaje los traficantes que se surten de animales en peligro de extinción en el gran bazar de las especies de Bangkok.

“Tailandia, en particular Bangkok, es uno de los mayores centros de tráfico de animales en peligro de extinción porque se encuentra en un lugar estratégico entre Birmania, China, Indonesia y Malasia”, dijo a Efe el subdirector de la organización ecologista Traffic en Asia, Chris Shepherd.

Las organizaciones comprometidas con la conservación de la fauna denuncian desde hace unos años la venta de especies protegidas en el mayor mercado al aire libre de Tailandia, llamado Chatuchak y visitado durante los fines de semana por unas 200.000 personas, un tercio de ellas turistas.

TOTAL IMPUNIDAD
Los cerca de 17.000 expositores y puestos de este enorme mercado con angostos pasillos ocupan un área de diez hectáreas de un barrio del norte de la capital que incluye el edificio del departamento de inspección, compuesto por decenas de agentes cuyo cometido se supone consiste en hacer cumplir la ley.

A este bazar van quienes buscan gangas entre la ropa, calzado, artesanía típica, artículos de decoración, arte y comestibles, además de ejemplares de distintas razas de perro, gato, peces de acuario, pájaros exóticos o reptiles, desde raras tortugas a cobras o serpientes.

“¡Eh, no foto, no video!”, avisa un tendero con tono amenazante ante la puerta del negocio que expone varias tortugas marinas de un metro de ancho, iguanas, varanos y diferentes especies de aves que son originarias de otros países de Asia o de Latinoamérica.

A escasos metros del puesto, una señal recuerda al visitante que fumar se multa con 1.000 bat (unos 32 dólares o 24 euros), una ordenanza que sí hacen cumplir los mismos inspectores que no parecen interesados en examinar la mercancía que está a la vista en los puestos dedicados a la venta de animales de especies raras.

COMO MASCOTAS O PARA MEDICINA TRADICIONAL
Los chinos suelen comprar partes de animales, sobre todo de tigres con las que hacer remedios tradicionales o afrodisíacos, en cambio los malasios e indonesios adquieren estos animales para revenderlos en el mercado internacional y muchos tailandeses los tienen como mascotas”, explica el responsable de Traffic.

En un informe realizado en el 2007, Traffic documentó en Chatuchak un total de 688 ejemplares de 19 especies diferentes de tortugas, muchas de estas en peligro de extinción como la “geochelone radiata”, “geochelone sulcata” o “geochelone pardalis” de Madagascar y África.

“Son vendidas por su carne, como ingrediente para la medicina tradicional y, cada vez más, como mascotas”, indica la organización ecologista.

Traffic descubrió que el negocio de al menos 15 puestos de este gran bazar consistía en vender al público diversas especies de reptiles, incluidas algunas en peligro de extinción.

Los precios de las tortugas oscilaban entre 14 dólares por una “geochelone elegans” y 2.000 dólares por una “geochelone gigantea”.

Según Shepherd, la venta de estos animales salvajes continúa en Chatuchak a pesar de que las autoridades aduaneras del puerto y aeropuerto de Bangkok realizan mayor número de detenciones de traficantes, a menudo puestos en libertad después de pagar multas de unos 1.000 dólares al cambio.

LUCHA CONTRA LOS TRAFICANTES
Tras denunciar de forma insistente durante varios años el poco esfuerzo de las autoridades de los distintos países para combatir el tráfico clandestino de animales, Traffic y otros grupos han optado por seguir una estrategia más conciliatoria con la finalidad de conseguir un compromiso por parte de los gobiernos asiáticos.

“Tailandia tiene la oportunidad de liderar la lucha contra el tráfico ilegal de animales amenazados en colaboración con otros países de la región como Indonesia, ha habido progresos pero queda mucho por hacer”, apunta el subdirector de Traffic.

“Hace falta imponer penas de cárcel y multas más severas que sirvan para disuadir a los traficantes”, matiza.

A principios de febrero, un indonesio facturó en el aeropuerto de Bangkok su equipaje, que consistía en tres maletas reformadas y con compartimentos con decenas de serpientes pitón, boas, tarántulas, un loro, ardillas y tortugas vivas, algunas en peligro de extinción

Al ser detenido, el traficante identificó Chatuchak como el lugar en el que se abasteció de las especies que pretendía revender.

Aunque la mayoría de los puntos de venta de especies protegidas se encuentran en Bangkok y provincias vecinas, también hay quienes se proveen en los mercados situados cerca de las fronteras que Tailandia comparte con Birmania y Camboya, por lo general especializados en la comercialización de partes de tigre y oso.

En agosto del año pasado, una mujer tailandesa que se dirigía a Irán fue detenida en el aeropuerto de Bangkok por portar un cachorro de tigre sedado dentro de una maleta llena de peluches.