La copa rota: los futbolistas derrotados por el alcohol

Adriano podría quedar fuera de la selección brasileña que jugará el Mundial, luego de su recaída en el alcoholismo. Desde Garrincha y George Best hasta el ‘Burrito’ Ortega, la historia del fútbol mundial está llena de casos similares

La copa rota: los futbolistas derrotados por el alcohol

Por Raúl Cachay

Adriano volvió a Brasil luego de su irregular paso por el Inter de Italia en busca de ayuda. Y todo indicaba que la había encontrado: luego de admitir que tenía problemas con el alcohol y recibir el apoyo incondicional de los dirigentes del Flamengo, el “Emperador” parecía haberse reencontrado con su mejor juego y su aporte fue vital para que el club carioca obtuviera el título de campeón en la temporada del 2009.

Pero la vida del adicto siempre se debate está entre la sensatez y el abismo, y el descuido más insignificante puede traer consecuencias nefastas: esta semana, luego de sostener una escandalosa pelea con su novia, Adriano tuvo una recaída que, en su caso, a tres meses de Sudáfrica 2010, podría significar el fin definitivo del sueño mundialista. “Cuando él empieza a beber, no puede parar. Ese asunto ya había sido superado, pero volvió a aparecer a raíz del problema privado que enfrenta”, dijo ayer Mario Braz, vicepresidente del Flamengo, club que decidió darle un descanso al delantero, que no jugó el fin de semana por el torneo brasileño y tampoco estará mañana en el duelo por la Libertadores ante el Caracas.

Este último incidente de Adriano no ha hecho otra cosa que incrementar una estadística ciertamente ingrata: la de las grandes estrellas del fútbol que nunca supieron tomar las riendas de su incontrolable dipsomanía.

UN GRANDE
En Brasil, por ejemplo, es emblemático el caso de Garrincha, un símbolo del fútbol carioca, que murió el 20 de enero de 1983, a los 49 años, como consecuencia de una cirrosis hepática. El delirante “Mané”, cuentan sus biógrafos (recomendamos “Estrella solitaria”, revelador libro del periodista Ruy Castro dedicado al ídolo máximo del club Botafogo), tomaba cada día una botella entera de cachaza, aguardiente típico del Brasil, desde que se retiró del fútbol en 1972.

Otro ícono trágico del fútbol mundial fue el irlandés George Best, para muchos el mejor jugador británico de todos los tiempos, quien también falleció prematuramente (en el 2005, a los 59 años) por una cirrosis, tres años después de haber sido sometido a un trasplante de hígado. Su filosofía existencial podría resumirse con una de sus frases más conocidas: “En 1969 dejé las mujeres y el alcohol. Fueron los peores 20 minutos de mi vida”.

Otros futbolistas legendarios que fueron víctimas de la misma incontinencia alcohólica fueron el italiano Giuseppe Meazza (el campeón de los mundiales de 1934 y 1938 y que era un inveterado aficionado al vino y los burdeles), el húngaro Ferenc Puskas (un incondicional de la cerveza, según muchos cronistas de la época) y el argentino René Houseman, de quien se solía decir que jugaba mejor cuando tenía unos cuantos tragos encima.

En tiempos más recientes son particularmente célebres los casos del inglés Paul Gascoigne, quien el mes pasado batió una especie de récord al ser detenido dos veces en tres días por causar escándalos en absoluto estado de ebriedad; y el argentino Ariel Ortega, que sigue combatiendo los fantasmas de un alcoholismo que ha sido ventilado hasta la saciedad por los medios de prensa de su país.

Que estas historias sirvan de lección a los más jóvenes que sueñan con el “fulvaso” después del “fulbito”: dejen esa botella en paz, que el alcohol y la pelota jamás se llevarán bien.