Cristiano no es el único: cuatro estrellas del fútbol con punzante labia

Un recuento de algunas de las frases más demoledoras e irreverentes en el ‘Deporte Rey’ y los personajes que las pronunciaron. ¿Recuerdas alguna otra?

Cristiano no es el único: cuatro estrellas del fútbol con punzante labia

ENRIQUE VERA
Redacción online

A propósito de la nada humilde frase que hizo que Cristiano Ronaldo sea noticia hoy, presentamos a continuación otras similares:

“Mi mentalidad nos obliga a ser campeones del mundo”. A inicios de abril del 2008, las tapas de los principales diarios mexicanos eran una suerte de ametralladoras en serie. Hugo Sánchez, el mejor jugador del “Tri” de todos los tiempos, había sido cesado como director técnico de México luego de una serie de campañas lamentables. La crítica lo sepultó por no pasar de primera fase en la clasificación a las Olimpiadas Beijing 2008. Olímpico fracaso, le llamaban. Y al revés de Sánchez se le vincularon directamente “sus ataques, sus incongruencias, sus pretextos y sus peleas con los jugadores”, pero, sobre todo, un cúmulo de falsas promesas y toneladas de egocentrismo. Sánchez había acuñado una final perdida, de manera increíble, en la Copa de Oro del 2007, y salir goleado de la Copa América de Venezuela cuando “El Tri” se alzaba como favorito. Los titulares en torno a la salida del ex goleador del Real Madrid fueron un solo cántico de hartazgo. Si solo tras su nombramiento como DT, en noviembre del 2006, dejó perlas como “me comprometo a ganar todos los campeonatos” o “me capacito para salir campeón”; imagínese que vino después. ‘Ego’ Sánchez.

“Si hubiese nacido feo, nunca hubieran oído hablar de Pelé”. En la segunda mitad de los 60, la fama de George Best era tal que en Manchester United había ascendido al nivel de ‘semidios’. Dueño de un fútbol valiente, fino y una personalidad arrolladora, este irlandés bien puede ser considerado el primer deportista ‘superstar’ de la historia. Era el ‘Quinto Beatle’, nada menos. De la cancha sacó un ‘Balón de Oro’, en 1968, y títulos a discreción, aunque fuera de esta se entregaba a un excesivo e incombatible gusto por la vida nocturna. Se ha escrito que Best llegó a recibir más de 10 mil cartas por semana de sus admiradores, por ejemplo; pero más allá de toda leyenda, fue su excéntrica labia la que lo encumbró al mito. Anótese máximas como: “Gasté mucho dinero en licor, mujeres y carros de carrera. El resto lo desperdicié”; “en 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida” o “dicen que me he acostado con siete Miss Mundo, pero solo han sido tres”. El 24 de noviembre del 2005, George pereció en su ley. La mala vida y la abundancia de alcohol que ingresó en su organismo le pasaron la factura.

“Esta ciudad tiene dos grandes equipos: el Liverpool y los suplentes del Liverpool”. En los museos del Liverpool, las imágenes de Bill Shankly, entrenador de la escuadra roja entre 1959 y 1974, figuran en exacta secuencia del lado de las más emblemáticas frases que ha dejado para la historia del fútbol. Lo de Shankly, la persona más querida desde la fundación del club inglés, es una catarata de convicción, exaltación y guapeo fino. Era el mánager del equipo que asumió su conducción y lo llevó de Segunda División a sus mejores años en la Premier League; y el único que ocasionó una amenaza de “huelga salvaje” por parte de los obreros de las fábricas de Liverpool (que cada fin de semana llenaban las tribunas) cuando anunció su retiro del equipo. Para la ciudad inglesa, su adiós fue algo así como la noticia cataclísmica que una tarde de 1970 dio cuenta de la separación de Los Beatles. Anfield Road es hoy en día un estadio fetichista. La entrada principal del recinto lleva el nombre de quien no pronunciaba largas charlas técnicas, pero brillaba por su genialidad oral. Allí donde ningún otro ídolo del ‘rojo’ tiene más alto pedestal que Shankly, todavía hace eco. Por ejemplo, como este se refería al eterno rival: “Cuando no tengo nada que hacer miro debajo de la clasificación para ver como va el Everton”.

“No soy el mejor del mundo, pero creo que no hay nadie mejor que yo”. Cerca, cerquísima de Cristiano Ronaldo y sus estallidos de ultra-estima quien mejor que José Mourinho. Su paisano, su entrenador, nadie como él podría gastarle más férrea lucha hacia el podio del deportista más ‘frondoso’ en la actualidad. Para sugerir a Mourinho es preciso recordar a algunos de sus eventuales colegas o ‘víctimas’. El español Rafa Benitez (“¿Tres años sin ganar ninguna Premier? No creo que yo todavía tuviese trabajo”), por ejemplo, o a Claudio Ranieri, ex DT de la Roma (“Estudié italiano cinco horas al día varios meses para comunicarme bien. Ranieri ha estado cinco años en Inglaterra y todavía lucha para decir buenos días”). ‘Mou’ no calla, es un vertedero constante y punzante de alguna extraña ‘moralina’. Y en esta ‘empresa’ se hace de cómplices, incluso ha tomado Cristo, para driblear los dardos a su soberbia (“Tampoco Jesucristo era simpático para todos, así que imagínate yo”). ¿Mejor que él en el fútbol?, quizás Messi, ¿no?