Cuando el fútbol da la cara por las Malvinas

Un recuento de las ocasiones en que una de las más grandes pasiones de un país, Argentina, se ha cruzado con una de sus más grandes exigencias

Cuando el fútbol da la cara por las Malvinas

ALEJANDRO MELLINCOVSKY
Corresponsal en Buenos Aires

“¿Hasta cuando van a continuar con la entonación de los himnos nacionales en los partidos de fútbol?, que nada tienen que ver con un espectáculo deportivo”, solía decir Marcelo Araujo, en ese entonces relator estrella de Canal 13 (perteneciente al grupo Clarín), y hoy director periodístico de Fútbol para Todos, patrocinado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, económica y políticamente.

Durante la jornada de este fin de semana, el recuerdo de la guerra que bajo la inoperancia de la dictadura militar condujo a la permanencia de la ocupación colonial británica, y a la pérdida innecesaria de vidas, trascendió del respetuoso minuto de silencio.

Los árbitros dirigieron sus partidos con un estampado del mapa de las islas Malvinas en sus espaldas, acompañado de la leyenda de “son argentinas”, incluso los designados internacionales por la FIFA. La misma entidad que suspendió a Grecia en el 2006 –siendo campeón de Europa- porque la federación helénica violó los estatutos de la Federación Internacional de Fútbol Asociado al permitir la injerencia del gobierno, y así restringir la independencia de la Federación Helénica de Fútbol.

Al parecer, lo que sucede en Argentina, no es juzgado con la misma vara. Desde la televisión pública se digitan los horarios de los partidos y la redistribución de los aportes que el estado le hace a la Asociación del Fútbol Argentino por los derechos de televisación, son otorgados mayoritariamente a los equipos considerados más grandes, en lugar de ser asignados equitativamente para que, como suele decir la presidente, “haya igualdad de oportunidades”, y la diferencia sea solamente deportiva.

El torneo de primera división, lleva por nombre “Crucero General Belgrano”, recordando al barco hundido por un submarino nuclear inglés, fuera de la zona de exclusión marítima el 2 de mayo de 1982. El ganador del mismo se alzará con la copa “Gaucho Rivero”, en honor a quien liderara el alzamiento contra la ocupación británica de las islas Malvinas, en 1833.

El torneo anterior, que fue denominado “Presidente Néstor Kirchner”, entregaba la copa ‘‘Malvinas Argentinas’‘, casualmente el mismo que la dictadura militar le pusiera al torneo metropolitano el 13 de abril de 1982, rebautizándolo una semana más tarde como “Soberanía Argentina en las Islas Malvinas”.

Desde la AFA, con la colaboración de los clubes, se donaron en ese entonces 400 millones de pesos para un “fondo patriótico”, que nunca mejoró las condiciones paupérrimas de los soldados en el frente de batalla.

Este domingo, no solo las tribunas desplegaron banderas alusivas y los hinchas cantaron su clásico “el que no salte es un inglés”, los clubes deportivos, institucionalizaron el reclamo. Racing de Córdoba, al igual que Temperley, lució el frente de su casaca un mapa celeste y blanco de las islas Malvinas, mientras que el Club Atlético Lanús decidió portar esa insignia en las mangas. Independiente le dio lugar en su camiseta sobre el logo de una firma alemana.

De la Argentina de 1982 a la actual hubo muchos cambios, ya no hay dictadura, pasaron gobernantes de varios signos políticos y los jugadores que estaban en actividad ya se retiraron. Todo pasa; sin embargo, hay un hombre que sigue en el mismo sillón desde ese entonces como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino y ahora también como Vicepresidente Primero de la FIFA: Julio Grondona.