De 'Manguera' a Sócrates: ídolos que murieron acabados por el alcohol

El deceso del ‘Doctor’ trae al recuerdo a otros grandes futbolistas que pagaron con su vida su afición por la bebida

De 'Manguera' a Sócrates: ídolos que murieron acabados por el alcohol

ENRIQUE VERA (@kiquevera)
Redacción online

ALEJANDRO ‘MANGUERA’ VILLANUEVA. Al enorme ariete le costó una vida dejar Alianza Lima fulminado por sus vicios, cuando bordeaba los 34 años. Fue el mejor definidor de los años 30, un monstruo certero del área, pero al inicio de los 40 nadie lo movía de la banca. Ni él mismo. Su dejadez era proporcional a la miseria que acumulaba por su irrefrenable adicción al alcohol y la vida bohemia. Así se extinguió, aunque también le costó fallecer. Fue declarado dos veces muerto en el pabellón para tuberculosos del Hospital Dos de Mayo, el mismo 11 de abril de 1944. Primero a las 6.30 a.m. tras un ataque de tos que le cortó la respiración y luego a las 7:14 a.m., en brazos de su esposa, Rosita Falcón, con quien 15 días antes se casó, en cama, al brindis de Lolo Fernández y el ‘Mago’ Valdivieso, sus testigos. Logró 6 títulos, hizo 71 goles y cuentan que su velorio estuvo adornado por la blanquirroja que llevó en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

GIUSEPPE MEAZZA. En la década del 30 también, en Italia precisamente, los malos hábitos de ‘Manguera’ tenían nombre propio. Pero eso no importaba si quien escapaba de concentraciones y desaparecía en el bullicio de la noche romana o al que carcomían los excesos en silencio era el mismo que daba a la península su segundo título mundial, en 1938, cuatro años después de irrumpir como jugador revelación para la primera conquista italiana de la Copa del Mundo. Fue el primer futbolista que alcanzó fama mérito a su técnica y habilidad para el fútbol… y para los juegos de azar. Meazza era, además, un ludópata. Murió en 1979 acabado por la pobreza y una cirrósis. Al año siguiente, el Inter de Milán, equipo de su malgastada vida, bautizó al estadio de San Siro con su nombre.

MANUEL FRANCISCO DOS SANTOS ‘GARRINCHA’. Debió ser, a ojos y criterio de gran parte de la crítica brasileña, el Mejor jugador de todos los tiempos, si su idilio con el alcohol no hubiera sido aquella fatal e impostergable prioridad. Tenía los pies girados 80 grados hacia adentro, una pierna 6 centímetros más larga que la otra y la columna torcida, pero aprovechó todo para hacer de su gambeta un arma única. Ganó el Mundial del 58 y el del 62. La caída de Brasil a inicios de Inglaterra 66 también prendieron las primeras luces de su declive, pero todavía le alcanzó para ganar con Flamengo un campeonato en el 70. Aprendió a fumar a los 10 años, nunca a leer. La leyenda lo ubica siempre en un entrenamiento de la ‘verdeamarela’, corriendo a refrescarse con una botella que dejaba siempre al lado de la cancha. No llevaba agua, sino cachaza, el popular licor carioca. Pereció de una pancreatitis en medio de la miseria. Dejó 14 hijos, uno de ellos en Suecia: Ulf, el único de sus vástagos hombres hoy con vida. El Maracaná repleto despidió a Garrincha el 20 de enero de 1983.

GEORGE BEST. Le decían el ‘Quinto Beatle’, nada menos. Un dandy nocturno, casanova empedernido y fino; de hecho, el primer futbolista en el rango de ‘superstar’, ‘playboy’ o celebridad. Quien llegó a recibir 10 mil cartas por semana de sus admiradores y decía haberse acostado con tres Miss Mundo. Dueño de una labia excentrica (“Gasté mucho dinero en licor, mujeres y carros de carrera. El resto lo desperdicié” o “en 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida”) y un estilo de vida marcado por la bohemia que para nada generaba conflicto con su rendimiento en el campo. Por el contrario, su fútbol valiente, pulido y con gol, le dieron todo al Manchester United de la segunda mitad de los 60. Best, el irlandés, ganó un ‘Balón de Oro’ también. A inicios del 2005 asomaba como otro ícono trágico del fútbol mundial, cuando era ingresado de emergencia por una infección pulmonar y un fallo multiorgánico. En noviembre de ese año falleció en su ley, víctima de una factura impagable. Cien mil personas lo lloraron en su funeral.

NO PUEDEN RECUPERARSE Hay otros aún con vida como el inglés Paul Gascoigne, quien hace poco confesó que tomaba cuatro botellas de whisky al día y el argentino René Houseman, cuyo mito indica que jugaba mejor cuando tenía unos tragos encima. El ex portero alemán Harald Schumacher y el brasileño Adriano también están en la lista de los que tuvieron fuerte apego por el licor pero salvaron de morir.

¿Recuerdas otro?