De Sócrates a Denis: las canchas de fútbol se vuelven arenas políticas

Tras la celebración contra Cristina Fernández en Italia, un repaso por las manifestaciones que hicieron hombres dedicados a patear un balón

De Sócrates a Denis: las canchas de fútbol se vuelven arenas políticas

ÁNGEL HUGO PILARES (@angelhugo)

Una celebración dio pase al reclamo. Pocos días después de que en Argentina miles de personas golpearan sus cacerolas en contra de la presidenta, a miles de kilómetros un jugador de fútbol dio una muestra de que el balón no tiene por qué estar peleado con la política. En Bérgamo, Italia, Germán Denis apareció celebrando un gol al Inter con una camiseta que llevaba la ‘K’ tachada, en lo que sería una clara manifestación en contra de Cristina Fernández.

Esta no ha sido la primera vez, ni será la última, en que una cancha de fútbol se convirtió en un escenario en el que los jugadores agitan las banderas de una causa. Solo basta recordar a la ‘Democracia Corinthiana’ con la que se regía el club de fútbol brasileño en el que todos tenían voto por decisiones tan banales como la hora de comer. O las vinchas que Sócrates, el ‘Doctor’, no solo usaba para contener su cabello ensortijado, sino para llevar mensajes tan alentadores como “Paz” o tan duros como “Reagan asesino”.

Otros mensajes que el fútbol dio al mundo incluyen a Ruud Gullit, el mediocampista holandés que llevaba camisetas contra el apartheid y dedicaba su premio a mejor jugador europeo al encarcelado Nelson Mandela. O aquel episodio que ya ha entrado en el rubro de la leyenda: cuentan que el portero de Suecia en el Mundial del 78, fue a marchar junto a las Madres de la Plaza de Mayo. Él, años después, negó esa versión pero admitió que algunos compañeros suyos lo habían hecho.

YO NO VOY A LA GUERRA
El territorio argentino también dio otras muestras de la naturaleza política del fútbol. Además, a comienzos de este año, Lanús anunció que su camiseta llevaría un mapa de las islas Malvinas, aunque quizás más se recuerde aquellos dos goles que marcó Maradona contra Inglaterra, apenas cuatro años después de que se acabó la guerra.

“Era como ganarle más que nada a un país, no a un equipo de fútbol (…) los habían matado como a pajaritos… Y esto era una revancha, era… recuperar algo de las Malvinas”, dijo Maradona años después.

Otro reclamo relacionado a la guerra (y a las islas) tuvo características olímpicas: la selección surcorena le ganó a Japón el bronce en Londres y la celebración de Park Jong-woo incluyó un cartel con la proclama “Dokdo es nuestro territorio”, en referencia a los islotes en disputa que los nipones conocen como Takeshima. Y Park Jong-woo fue prohibido de recibir la presea por el COI.

Y OTROS DEMONIOS
También hay las manifestaciones políticas que fomentan el odio. Paolo Di Canio, el ex jugador de la Lazio, lleva tatuado en la piel las letras Dvx, que se lee ‘Duce’. Su admiración por Mussolini, que se manifestó también con un amenazante brazo derecho levantado, dio la vuelta al mundo y le valió la condena del planeta fútbol, aunque clamó una y otra vez que no es un racista, sino solo un muchacho fascista.

Pero quizás la lección más grande de una manifestación política en el fútbol la dieron los jugadores del FC Start, un equipo de modestos panaderos afincado en la Ucrania ocupada por los nazis en 1942. El club, fundado con casi todos los jugadores del Dínamo de Kiev que tuvieron que dejar sus trabajos por la guerra, acabó enfrentando en un partido a un equipo de soldados alemanes en el que perder era su garantía de sobrevivir. Ellos ganaron ese encuentro y la revancha. Y fueron capturados y luego enviados a un campo de concentración donde ejecutaron a algunos. Ese fue su homenaje a la libertad.