Y el fútbol contó un cuento: la conflictiva relación entre el balompié y la literatura

El próximo viernes empieza el Mundial y pese al desaire que recibió el balompié por parte de la literatura, hoy se publican tantos libros sobre el tema como si de goles se tratara

Y el fútbol contó un cuento: la conflictiva relación entre el balompié y la literatura

Por Enrique Sánchez Hernani

La mala relación que por años hubo entre fútbol y literatura —una especie de partido resuelto con tarjetas rojas—, hoy parece haberse disuelto sin intervención de las barras bravas. Quienes le echan la culpa de la gresca a Jorge Luis Borges no andan del todo equivocados. El escritor argentino alguna vez dijo que el fútbol era “una cosa estúpidamente de ingleses […]. Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”. En 1978, la selección de su país venció a la holandesa y ganó el Mundial. Borges, despreciando el deporte rey, ni se inmutó. Para dar la contra, ese mismo día, dictó una conferencia sobre el filósofo holandés Spinoza. Al escaso público, le soltó: “¿Acaso alguno de ustedes piensa que ser de Argentina es mejor que ser de Holanda?”.

Primer tiempo
En 1880 encontramos en el británico Rudyard Kipling el antecedente más antiguo de encontronazos de este tipo, él detestaba el juego de pelota y a “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Para la segunda década del siglo XX, el galo Henri de Montherlant se atrevió a dar la contra. Escribió “Los once ante la puerta dorada” y “La lección de fútbol en un parque”. En mayo de 1918, el uruguayo Horacio Quiroga había hecho las paces con su cuento “Juan Polti, Half-Back”, que ficciona el suicidio real del jugador Abdón Porte, del Nacional de Montevideo. Muy cerca de esa fecha, un poeta peruano afincado en Uruguay, Juan Parra del Riego, embelesado por el equipo de fútbol uruguayo (a la sazón campeón olímpico) escribió ‘Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de foot-ball’. En 1923, Pablo Neruda, próximo a la estética de las pasiones populares, publicó en “Crepusculario“ el poema “Los jugadores”, y doce años más tarde escribiría otro para “Residencia en la tierra”.

El entretiempo
Superado el mohín del intelectual aupado a la Torre de Marfil que le hacía ascos a todo aquello que apasionaba a las multitudes, la relación entre fútbol y literatura es más bien tórrida. Muchos han querido hacer notar que el desencuentro ocurrió porque al fútbol se le llegó a considerar “el nuevo opio del pueblo”, según dice el cronista Martín Caparrós. Hoy no solo hay escritores que tocan la temática pelotera, también hay hinchas. Gabriel García Márquez lo es del Millonarios y cuando lo hizo público se declaró partícipe de “la santa hermandad de los hinchas”. Rafael Alberti fue hincha del Barcelona y le dedicó un poema al arquero Platko. Eduardo Galeano es hincha del Nacional de Montevideo y Günter Grass del Frisburgo. Esto para no hablar de los escritores-futbolistas. Albert Camus fue portero de la selección juvenil de Argelia y Vladimir Nabokov también tapó, incluso una vez un rival le dio tal patada que lo dejó con conmoción cerebral. De aquí para adelante la lista de los que han escrito sobre fútbol es larga: Miguel Delibes, Onetti, Vásquez Montalbán, Osvaldo Soriano, Benedetti, Jorge Amado, Sábato, Roa Bastos, Juan Villoro, y Roberto Fontanarrosa.

Segundo tiempo
El Perú no ha sido ajeno a la fiebre pelotera entre sus escritores, figuran Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce y Julio Ramón Ribeyro (de Universitario); Alonso Cueto, Arturo Corcuera y Abelardo Sánchez León (de Alianza Lima) o Nicolás Yerovi del Deportivo Municipal. Hasta la recordada poeta Blanca Varela escribió un poema sobre fútbol dedicado a sus hijos Vicente y Lorenzo, para su libro “Valses y otras falsas confesiones”. Augusto Higa tiene su célebre cuento “El equipito de Mogollón” y Enrique Congrains, “Domingo en la jaula de estera”. Finalmente, para quedar empates con los detractores —Fernando Savater es un furibundo detractor—, podemos suscribir una frase de Valdano: “Leer un libro no sirve para jugar mejor al fútbol, ni jugar un partido sirve para hacer mejor literatura”. Pitazo final.

Al Mundial con Daniel Peredo
Para ver, con datos a la mano, el Mundial nada como Los 500 datos más caletas de los mundiales, de Daniel Peredo.

Antes, para saber de fútbol, había que haber visto muchos partidos, leído libros, ¿con Internet esto ha cambiado?
El entendimiento del fútbol pasaba por eso. Pero hoy, con Internet, se puede leer a todo el mundo. Lo bueno de la globalización es que se puede ver fútbol de todos lados. La experiencia sirve mucho. Aunque una cosa es que te guste el fútbol y otra saber de fútbol.

¿Cómo se hace para conseguir la cantidad de datos que tiene tu libro?
La investigación básica del libro la realizó un equipo, a partir de Internet, registros de la FIFA, de diarios. Nos encontramos con cosas muy curiosas. Yo actué como editor.

¿Qué libro prefieres sobre fútbol?
“Lo suficientemente loco”, de Ariel Senosiain, un libro no autorizado sobre Bielsa, que he leído varias veces. Los libros que leo me gustan cuando me sirven para entender el juego. De estos he leído a casi todos: Valdano, Cappa, Maturana, Mourinho, John Carlin.

¿Y los de ficción?
No, me gustan los libros sobre el juego.

¿Los hinchas de hoy leen más que los de antes?
Tienen cosas más a la mano pero no sé si leen más. Por eso, nuestra idea de presentar datitos pequeños.

¿Los cuentos sobre fútbol, le atraen a los hinchas?
Creo que no. El hincha prefiere cosas del momento y puntuales