Cinco historias secretas del campeón peruano Universitario en el 2013

El título crema se logró tras 47 partidos, pero detrás de esa historia se esconden capítulos claves en la gran campaña

Ángel Comizzo, técnico de Universitario de Deportes. (Foto: Alessandro Currarino / El Comercio - Video: Horacio Zimmermann / El Comercio)

MIGUEL VILLEGAS @prakzis

Universitario de Deportes se coronó campeón del Descentralizado 2013 luego de vencer a Real Garcilaso en Huancayo. El título crema se logró tras 47 partidos, pero detrás de esa historia se esconden capítulos claves en la campaña. A continuación, cinco de ellos:

1. EL GRUPO. Lo dijo Carvallo antes de dar la vuelta: “Yo le pondría una medalla hasta al último Sub 20”. Fue un grupo Universitario. Un plantel positivo liderado por los grandes como Rainer, Galliquio o Toño, y también por los chicos Sub 23, que fueron mayoría en el vestuario. Cada quien aportó cuando le tocó. La historia del ‘Chapu’ Fernández, que tuvo que volver a Uruguay para vigilar el nacimiento de su primer hijo y asegurarse de que ningún problema de salud había podido vencerlo, es el ejemplo más grande de este equipo solidario. Todos los días un integrante del comando técnico lo llamaba para saber noticias. ‘Chapu’ pagó ese esfuerzo con los goles en el ‘play off’. O Miguel Torres, que solo dos días antes del viaje a Espinar dio exámenes en ISIL y que se casa en dos días. O el ‘Chino’ Ximénez, que se entrenó como nadie y fue un líder. O Ruidíaz, el responsable de esas fotos grupales en el Twitter del club. Y así. Ahí estuvo el secreto de los campeones.

2. EL DÍA QUE COMIZZO SE ENFRENTÓ A LA BARRA NORTE. Con el doloroso 4-0 firmado ante Cristal, el peor resultado de la era Comizzo, la barra norte decidió que se hacía necesaria, acaso justa, una visita a los entrenamientos del plantel el día siguiente. Se reunió un grupo de 30 barras esa misma noche, cuando todavía el Cristal de Mosquera celebraba la goleada. Apenas tenía tres meses de fundado el proyecto del técnico argentino. El lunes, en el Monumental, cuatro camionetas entraron sin permiso en la cancha. La barra exigía hablar con Christofer Gonzales y Alexi Gómez, dos muchachos separados de la lista de 18 para el partido por indisciplina. Los chicos, jóvenes veinteañeros que ya se habían disculpado con el plantel y el entrenador, tuvieron miedo. “Me acuerdo de eso y digo que pasamos muchas pruebas con Alexi”, decía ayer ‘Canchita’. Pero fue ahí, cuando la violencia parecía instalada, que Comizzo encaró a la hinchada. Hubo frases muy duras de ambos lados, pero también la renovación de compromiso que a ambos bandos les interesaba sostener hasta diciembre. El miércoles en Huancayo, en ese cántico “Comizzooo, Comizzooo”, iban las disculpas públicas. Al hombre. Al técnico. Al campeón.

3. LAS CÁBALAS DEL PLANTEL. Los ternos, sin duda. En altura o a pleno sol, en el Monumental y en las finales, Comizzo usó traje no solo como una manera elegante de decir que estaba en el club más importante del país, también como una forma particular de atraer la buena suerte. Comizzo reconoce también la buena vibra de ciertas personas de su entorno. Dos casos puntuales: 1) su hijo Darío, con quien se abrazó para dar la primera de las tres vueltas olímpicas del domingo en Huancayo, lo acompañó en partidos clave del campeonato. 2) Carlos Olascuaga, uno de sus fetiches, fue invitado por Comizzo a la concentración de diez días previa al ‘play off’, viajó a Huancayo y, pese a la lesión, siempre fue un hombre importante para él. Pero si hubo una cábala del plantel, en estos tres partidos finales, fue la canción “Vivir mi vida”, hit de Marc Anthony, que se convirtió en el himno de guerra antes de salir a Espinar, al Monumental y a Huancayo. “Voy a vivir el momento para entender el destino. Voy a escuchar en silencio para encontrar el camino”, dice la letra. El camino del campeonato nacional.

4. LA DISCIPLINA DE COMIZZO. Ya recordamos el incidente con la barra norte. El proyecto Comizzo tenía tres meses de fundado y el técnico tomó su primera decisión: sacar del equipo a los mejores jugadores –Gómez y Christofer– a 24 horas del clásico con Cristal. Ambos habían llegado tarde a la concentración de la noche anterior. Era el rigor o el juego, la disciplina o la fiesta. Ya antes, Ángel David le propuso a la administración vigilar la dieta alimenticia y los horarios de siestas de los más chicos del plantel: almorzar juntos en el hotel de concentración, descansar allí, escuchar charlas, etc. Cuidar a las joyas. La decisión de Comizzo –riesgosa, pero firme– trajo una dolorosa consecuencia que ya contamos. Pero en esta derrota, el entrenador sumó su primera gran victoria del torneo. “Nada está por encima del grupo”, dijo. No fue la primera vez que lidió con las palomilladas de los talentosos Gómez, Ruidíaz y Christofer. Una noche, en el hotel Carrera, un estilista llegó a altas horas y dijo tener una cita con los jugadores. Comizzo lo vio y le negó el permiso. “Profe, yo lo manejo, tranquilo”, le dijo un hombre fuerte cercano al plantel. Tuvo que convencerlo casi 30 minutos. Comizzo se dio vuelta y se fue. Quizá en ese abrazo con los tres, ya con el título en el bolso, se resuma el pacto hecho: yo me juego por ustedes; juéguense ustedes por mí.

5. EL PAPEL DE LA ADMINISTRACIÓN. Primero cayó Mosquera –goleado por la ‘U’ en la revancha–, luego Wilmar Valencia. Cristal y Alianza, dos de las instituciones que deberían ser las más organizadas del país, echaron a sus entrenadores a medio torneo sin mayor razón aparente que la búsqueda de un ‘nuevo estilo’ –el Rímac– y manejo de jugadores –Matute–. El único entrenador que se mantuvo hasta el final y el que menos cartel tenía era Comizzo. Y la administración de Rocío Chávez y Áyar López Cano lo blindó. ¿No tuvo crisis? Claro que la tuvo. Las lágrimas de Comizzo el domingo lo prueban. El técnico se queda un año más. “Hablamos con él siempre, pero nos decía: ‘Primero es el objetivo’. Hoy es fácil decir que confiábamos en él, pero fue así”, dijo ayer López Cano. Es verdad. La fe es la convicción de lo que no se ve, dicen. En la administración creyeron.