Cuando el ‘Zorrito’ Aguirre flechó a Ángel Cappa

Aunque dice que no sabe nada de su posible llegada a River, el nuevo técnico ‘millonario’ elogió al delantero en el 2002. Fue cuando casi pierde el título por su culpa

Por Daniel Peredo

UNO. Julio del 2002. Universitario campeonó en el Apertura y el técnico Ángel Cappa renunció luego del título al ser insostenible la economía del club. Le debían siete meses y no pudo seguir un día más. Decidió retornar a Madrid y antes del viaje, dos amigos: un periodista deportivo, hoy editor de una página, y un escritor, que buscaba novia, lo invitaron a cenar. Ambos estuvieron en Trujillo en la definición. Se juntaron y comenzaron a charlar de fútbol.

—¿Ángel, la selección te interesa?

—Claro, pero no tengo chances. Está manejando todo el general Velásquez, a quien cuestioné mucho como dirigente.

—¿A qué futbolistas llamarías en un supuesto caso?

Cappa mencionó una lista de jugadores del extranjero y el torneo peruano, y se detuvo para destacar dos jóvenes que sobresalieron en las finales con la camiseta de Alianza.

—Me impresionaron mucho los dos delanteros de ellos en el Monumental: Aguirre y Farfán nos complicaron más que los titulares. Los dos tienen un futuro brillante.

El “Zorrito” y Jefferson jugaron ante la “U’ por la lesión de Roberto Holsen y la suspensión de Roberto Farfán. Cappa los destacó sin imaginar que ocho años más tarde sería entrenador de River y le ofrecerían contratar a Wilmer Aguirre.

DOS. Campeonato Descentralizado del 94. Unión Minas enfrentó a Alianza Lima el domingo 29 de mayo. Se jugó en el estadio Daniel Alcides Carrión a más de 4 mil metros. El técnico aliancista Iván Brzic dispuso un planteamiento defensivo y puso un solo delantero en el ataque: Waldir Sáenz. Los locales se adelantaron en el marcador y Alianza no reaccionó. Cerca del final, Mario “Kanko” Rodríguez lanzó un pelotazo desde el mediocampo y Waldir luego de una larga corrida derrotó a Dionisio Gil.

El delantero, agotado por la altura, quedó tendido en la cancha, recibió el saludo de algunos suplentes y no se percató de que el juez Jorge Torres anuló el gol por posición adelantada. El partido se reanudó, Sáenz retornó al campo, llegó el final y de inmediato se dirigió al vestuario porque retornaban a Huánuco para volar al día siguiente a Lima.

No tuvo aire ni para declarar. No tuvo ni tiempo de conversar con sus compañeros de esa jugada. De hecho, no tuvo tiempo de casi nada. Ni se cambió, subió al bus, tomó un rehidratante y rendido por el despliegue físico descansó en uno de los asientos satisfecho por el esfuerzo, el gol y el resultado. Por la noche, en la cena, Waldir pidió una tele para observar los programas deportivos.

—Quiero ver mi golazo del empate.

En ese momento, Sáenz descubrió que el tanto fue invalidado y que Minas ganó 1-0.

TRES. 1978. Perú enfrentó a Brasil en amistoso previo al Mundial de Argentina. En la concentración, antes de ir al Maracaná, Marcos Calderón hizo la charla técnica en la que dispuso el planteamiento y los detalles previos.

—Está clarito, ¿no? ¿O hay alguna pregunta? —consultó.

Luego de segundos de silencio, intervino Roberto Mosquera, el más joven del equipo. “¿Qué vamos a hacer en los tiros libres? Los brasileños son especialistas. Creo que debemos poner un hombre más en la barrera”.

Marcos giró, buscó al utilero Armando Maquera y estalló: “Maquerita, dale la camiseta de arquero a este muchacho que parece quiere tapar”.

Después encaró a Mosquera: “¿Tú eres arquero acaso? A ti qué te importa, eso ya lo sabe bien Quiroga”.

Calderón apuntó lo último sobre Brasil: “Hay que tener cuidado con Dirceu, ese es un blanco con corazón de negro porque es rápido y técnico”. José Velásquez, uno de los referentes, interrumpió: “Además patea como los dioses los tiros libres, hay que estar atentos y formar bien la barrera”.

El DT sonrió y, ante la sorpresa del plantel, destacó al mediocampista: “Qué buena acotación, José, así me gusta que todos estén atentos, esos son los aportes que me agrada escuchar”. Mosquera no lo podía creer. Aunque todos sabían que el buen Marcos siempre tuvo sus preferidos.