Sotil y Meléndez recuerdan la última Copa América que ganó Perú

El ‘Cholo’ contó cómo se escapó para jugar el partido que le dio el título a nuestro país. “Hoy valdríamos millones”, coincidieron los ex futbolistas

Sotil y Meléndez recuerdan la última Copa América que ganó Perú

MARIO FERNÁNDEZ

“Antes Perú inspiraba más miedo”, fue lo primero que le dijo Hugo Sotil (iqueño, 62 años) a Julio Meléndez (limeño, 69) mientras lo abrazaba. Dos futbolistas (les fastidia que les digan ex) que potenciaron su calidad a base del fantástico fútbol que jugaron. Uno, defendiendo. El otro, convirtiendo. “Hoy hay miedo, pero de tener más lesiones”, le replicó en broma Meléndez, quien fuera uno de los mejores zagueros que vio el fútbol argentino con la chompa de Boca Juniors.

Si de algo ambos se lamentan es de haberse adelantado al tiempo. Por eso, cuando Meléndez exclamó ¡Cómo nuestras madres no tardaron en traernos al mundo!, Sotil, ex crack del Barza de Cruyff, al mismo tiempo que asentía, solo atinó a sonreír y decir “valdríamos millones”.

Deporte Total los juntó para recordar pasajes de esas vivencias que aún los mantienen con los chimpunes puestos. De paso, para hablar del último título que ganó el fútbol peruano en la Copa América de 1975 donde Hugo Sotil fue autor del único gol con que se le ganó a Colombia en Caracas, y Julio Meléndez levantó el trofeo como capitán de cancha. En sus palabras, se siente amargura por sentirse desamparados por las autoridades deportivas y del propio Gobierno. Mejor lea lo que nos dijeron.

Hugo, se tejieron muchas historias de que no querías jugar por la selección en el 75, ¿fue así?
HS.- De ninguna manera. Menos mal que se dio ese tercer partido en Caracas y viajé pese a todo.

¿Por qué “pese a todo”?
HS.- Porque Barcelona no quería darme permiso y viajé sin decirles nada. Separé mi pasaje y tuve tiempo de comprar más de 20 relojes para los muchachos que, menos mal, alcanzaron.

JM.- Doy fe a lo que dices. Yo recibí el mío. Era un bobazo. ¿Cuánto te costó cada uno?

HS.- Ni recuerdo. Lo que quería era premiar a los muchachos, pero aún así me recibieron con insultos cuando entrenaban esa noche con Marcos Calderón. Acababa de llegar de España y de frente me fui al estadio.

¿Qué te dijeron?
HS.- “Oye cholo c… ¿por qué has tardado tanto en venir?”.

JM.- Marcos no salía de su asombro cuando lo vio ingresar al campo. Casi se cae de espaldas y es que con Hugo ya no se contaba.

¿Qué te dijo Marcos?
HS.- Me abrazó y calladito atinó a decirme “me jodiste, voy a tener que replantear todo y menos te puedo dejar sentado con todo el sacrificio que haces”.

¿Y en Barcelona se quedaron tranquilos?
HS.- Creo que ni bien se dieron cuenta de mi partida, de inmediato mandaron a un emisario. Julio, ¿cómo se llamaba el gordito ese?

JM.- No recuerdo, pero no olvido la historia que le hiciste (risas).

¿Qué pasó?
HS.- Que llegó, vio el partido y se alegró por nuestro triunfo. Además había hecho el gol. La historia de la que habla Julio es que el emisario me marcaba más que los defensas colombianos. Tras los abrazos y vivas en el camarín, en el hotel se quedó sentado en el hall para evitar cualquier escape mío.

Pero celebraste igual.
HS.- Sí, me salí por una puerta de la cocina y nos fuimos a celebrar hasta muy tarde. El gordo creyó que yo descansaba en mi habitación. Julio ¿recuerdas cómo me llevó al aeropuerto para volver a España?

JM.- No podías ni pararte. Por poco te carga (risas).

¿Y cuándo llegaste a Barcelona?
HS.- Con el largo viaje pude recuperarme. Dormí durante todo el vuelo.

¿No te castigó la directiva?
HS.- Bueno, llegamos y apenas tuve tiempo de ir a ver a mi esposa. Justo era el Día de la Canción Criolla y dio a luz a mi hijo Hugo. Por horas estuve con ellos, porque concentramos, ya que había que jugar con Oviedo de visita. Se ganó 1-0 con gol mío.

¿Pero te castigaron?
HS.- Espera. El lunes me mandaron llamar. Acudí y ya cuando me felicitaron consideré que la cosa iba por otro camino. “Tómate dos días de descanso y recupera fuerzas”, me dijeron sonriendo. Yo, feliz.

Bueno y ¿cuánto recibieron de premio por ganar la Copa América?
JM.- La increíble cifra de 175 dólares.

HS.- Yo la vine a cobrar mucho tiempo después. Hasta me había olvidado. Bueno, esa vez. Hoy la hubiera cobrado al toque.

¿Cuál es la situación de ustedes hoy?
JM.- Jugué en Sport Boys, soy hincha rosado, mi casa está pintada de color rosa y trabajo en la Municipalidad de Magdalena gracias al alcalde Salvador Heresi, quien incluso construyó un complejo deportivo que lleva mi nombre, en la avenida La Marina. De esos ingresos vivo. Sin embargo, en el municipio chalaco y la región trabajan otros ex futbolistas que ni siquiera son de la zona. En fin.

HS.- Yo del municipio de San Luis, donde vivo, solo recibo los cobros de los arbitrios y tengo que pagar si no me embargan.

Bueno pero en Boca y Barcelona ganaron bien…
JM.- Por ser referentes Rattin y Marzolini eran los más caros. Cada uno ganaba cinco mil dólares. Yo cobraba 2.500 más premios. Total, los delanteros siempre ganan más que los defensas.

¿Y tú Hugo?
HS.- No quiero hablar de dinero, porque me enfermo. No ganaba mal y allí vamos. Sí reclamo que las autoridades deportivas y de Gobierno nos tengan al margen. ¿De qué vale que me entierren en un ataúd de oro si voy a ir a parar al foso? Por eso cómo me encanta esa letra salsera del Gran Combo “Que me lo den en vida”.

JM.- A mí la del ‘Zambo’ Cavero: “mis cenizas son recuerdos”.

Una última pregunta, ¿cómo llegaban a los entrenamientos ustedes?
HS.- En autos de amistades. Si hasta cuando jugábamos como un cojudo lustraba mis chimpunes marca Player, a los que se les salían los clavos y te rompían las medias. Encima cargaba mi maletín pesado y aguantando los manazos de la hinchada que con ‘cariño’ te golpeaban la espalda. Hoy de todo se encarga la utilería y, encima, al descender de los lujosos buses nuestros ‘cracks’ ingresan con guardaespaldas. ¡No jodan!

JM.- Uno usaba los mismos chimpunes hasta que se rompían. Y había que jugar bien, porque si los otros jugaban mejor que uno chau titularato. Hoy se juega un día con unos de color naranja, luego con azul, rojo, amarillo… Encima ni firman autógrafos a los niños porque sus carrazos de lunas polarizadas los vuelven James Bond y salen disparados de la Videna.


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