El ‘Nene’ eligió a su sucesor: “Jefferson Farfán es el Cubillas de estos tiempos”

Teófilo cree que el jugador del Schalke está llamado a ser la gran figura en la selección peruana. Confía en la labor de Markarián aunque considera imprescindible un cambio de actitud de nuestros futbolistas

El ‘Nene’ eligió a su sucesor: “Jefferson Farfán es el Cubillas de estos tiempos”

Por: Miguel Villegas/Desde Miami

Camisetas de Alianza Lima, fotos del Mundial 78, chorrillanos, gente de La Victoria, banderas de la barra de la ‘U’. Parece un clásico en Lima, pero en realidad es el segundo partido de la selección en el inicio del ciclo Markarián. Y aquí está el ‘Nene’ Teófilo Cubillas como si fuera su hijo, físico impecable, memoria ídem, y no este hombre de 61 años que es, si se me permite, un país completo. Porque si afuera alguien sabe del fútbol peruano, de los orígenes, es por el ‘Nene’. Hablé con él cuando acabó el encuentro con Jamaica. Estaba feliz de la vida. Y ni siquiera se sorprendió de que allí abajo, en la cancha, un chico que puede ser su nieto le hiciera recordar que es posible la clonación.

¿Este es el Lockhart Stadium de Miami o la cancha del Nacional de Lima?
Noooo. En esta cancha me tocó transitar y hacer grandes partidos en mi etapa como jugador. Yo los recuerdo a ellos [los hinchas] tanto como ellos me recuerdan a mí. Encontrarme aquí, el homenaje, es recordar lo que me tocó vivir en los Strikers.

¿La prensa exagera cuando dice que Farfán puede ser el Cubillas de este tiempo?
No. Para nada. Farfán es un tremendo jugador y me da gusto porque todos esperamos de él grandes actuaciones. Que se empiece a contagiar del gol, que juegue, que la pida, eso. Ahora solo le falta anotar, pero eso vendrá después, cuando el equipo esté más afiatado y él, en su mejor nivel.

¿Es acaso el mejor futbolista que tenemos?
Sí, definitivamente, Jefferson tiene que ser el caudillo, tiene que asumir esa responsabilidad ante sus compañeros. Con su energía, su talento, su buen fútbol y su juventud es el llamado a ser el jugador que aparece cuando se necesita un triunfo. En eso está.

Vargas es otra referencia.
Vargas está identificado con la selección. Atinadísima la decisión por parte de Sergio de darle responsabilidades. Acá hay objetivos importantes: recuperar prestigio e ir a la Copa América y a la Eliminatoria con jugadores de liderazgo fuerte. A mí, Vargas también me gusta por eso.

¿Sergio siempre fue su candidato o lo ha sorprendido?
Es un profesional a cabalidad. Sus logros avalan su presencia en el equipo. Ahora le toca repetir todo lo que hizo en distintas partes del mundo, su trayectoria, su idea de jugar al fútbol.

¿Con estas dos victorias, la selección aprobó? ¿O es mejor esperar lo que viene?
Es el inicio, no hay que ser tan exigentes. Estos chicos ni siquiera han tenido tiempo para entrenar juntos muchas horas. Cuando Sergio tenga el tiempo suficiente, seguro que vamos a ver más entrenado al equipo peruano. Esto es paso a paso.

¿Sorprendido por algún jugador que no tenía en lista?
Para mí, no hay sorpresas. Los que están aquí son los mejores. Es cuestión de que chicos como Fernández o Rabanal o Tragodara se mentalicen, nada más.

BIELSA Y CHEMO
En la revista “DT” (2009) dijo que Bielsa es el mejor de Sudamérica, ¿lo sigue considerando así?
Sí, porque logró transmitir un valor que yo creo que falta en nuestro fútbol: actitud. Confío que con que Sergio la alcanzarán.

¿La actitud es más un tema del jugador que del técnico?
Un poco, sí. Por la selección han pasado buenos técnicos. El mismo Chemo o Julio César [Uribe] y el problema se mantiene. Hay que cambiar las estructuras con el apoyo de los clubes. No es un tema solo de la FPF. También influye la prensa.

Llegó a ser asesor de Autuori alguna vez, ¿qué le dejó esa etapa?
El firme convencimiento de que hay que trabajar a fondo el tema de la actitud. Recuerdo que con el permiso de Manuel [Burga] una vez fui al camarín para hablar con los jugadores antes de salir a la cancha. Dialogamos y cuando les pregunté: “¡Muchachos! ¿qué va a pasar en el partido de hoy?”, no escuche el “¡vamos a ganar, carajo! que yo esperaba. La respuesta fue un sonido que casi ni se oyó en el camarín.