¿Por qué ganó Alianza? Claves de un triunfo que oxigena Matute

Los íntimos se impusieron 1-0 a la ‘U’ con gol de Fernández. Aquí cuatro razones que detallan una victoria blanquiazul en tiempos de angustia y crisis

¿Por qué ganó Alianza? Claves de un triunfo que oxigena Matute

ENRIQUE VERA (@kiquevera)
Redacción online

1. Porque ‘Zlatan’ Fernández ha vuelto a ser ese buque insignia que irrumpe mejor cuando los fogonazos sobre Alianza parecen más destructivos. Lo hizo ante Nacional de Uruguay en Copa Libertadores y frente a Sport Huancayo por el Descentralizado, cuando la crisis ardía en Matute. Hoy, que todo mal se hace incombatible para los íntimos, Fernández estuvo de ahí de nuevo. Fue dueño de su sector en ofensiva, siempre por encima y ganando la espalda de Chávez y Schuller para habilitar a Arroé vía pivoteos. Creó espacios y, aún con ritmo trotón, marcó bien los pases a sus volantes pues no hubo central crema que le respirara en las ‘extensiones’ como otras veces ha funcionado. José Carlos engendró así, y de a pocos, la pesadilla en Norte que nadie en el banco de Chemo percibió para detenerla. A los 32’ apareció bajo este mismo libreto. Se adelantó a Schuller y facturó con un bombazo de volea la pelota que, a su estilo, Carmona le sirvió de cabeza. En suma, dejó predica correcta del abc de un ‘9’: moverse lo justo, aparecer, estar.

2. Porque aprovechó bien su mejor biotipo en defensa. De hecho, quedó claro que desde ese sector del campo José Soto diseñó el inicio de sus ataques. Hubo marcas claras y letales para el plan ofensivo del Chemo. Carmona aturdió al endeble Edison Flores y lo dejó sin opción para amagar y trazar sus diagonales por izquierda. Ascues puso a hervir una olla para el ‘Chino’ Jiménez en el corazón del área de Libman y gobernó allí, siempre encimando al uruguayo. Rabanal aplicó bien su tranco largo, se asoció con Arroé, y superó siempre a Miguel Torres y Chávez por derecha. Al final, ni Olascuaga ni Camino consiguieron abrir trocha en esa armazón de peso. Para ello, silencioso pero más recio que toda su zaga junta, apareció preciso el colorado Ibáñez. Alianza ganó el clásico desde atrás, desde el control del adversario, desde la salida.

3. Porque Alianza primero torció y luego desapareció a Toño Gonzáles, el eje crema. Y en esta empresa, el mérito inicial lo tuvo su tocayo, el paraguayo Edgar González. La brega por el control del medio sector se inició con dos ‘anestésicos’ del ‘Negro’ sobre el ‘6’ merengue que llenaron de moral al aliancista. Toño se hizo Toñito, no logró despertar del atontamiento tempranero y sucumbió al efecto soporífero cuando Meneses pericoteó como en sus mejores tiempos en la U. Católica. Una simple lectura del partido hacía preveer que el Gonzales de la ‘U’, extenuado y en extravío, no iba a terminar el match y así ocurrió. Antes de que salga expulsado, lo sustituyeron. La ‘U’ creció con Saco Vértiz en cancha pero no fue suficiente.

4. Porque el mismo paraguayo González, esta vez en sociedad con Albarracín, distribuyeron bien la tarea de ahogar los intentos de Horacio Calcaterra por mover a Universitario. Le pegaron con sutileza, lo embistieron veloces cada vez que el argentino quiso poner la pelota al piso y pensar dos segundos; hasta tirarlo varios metros atrás de la posición habitual para su fútbol fino. El argentino trajinó en medio de una presión frecuente y quedó huérfano de ideas. Cuando desde su banco le tiraron salvavidas (Olascuaga o Saco Vertiz), Alianza se agrupó y formó un puño que tampoco le dejó oxígeno. El ‘10’ terminó siendo ‘8’ y por momentos un ‘6’ sin panorama. Lejos del arco rival, ajeno a sí mismo.