Yordy Reyna y la 'garrotera' que libró del descenso a Alianza Lima

El delantero de 19 años fue figura en un partido clave ante Boys. Dedicó doblete a su padre, quien está en el cielo

Yordy Reyna y la 'garrotera' que libró del descenso a Alianza Lima

HORACIO ZIMMERMANN (@Horacon)
Redacción Online

La ‘garrotera’ antecede a un agradecimiento afónico. Los brazos empinados apuntan hacia el cielo. Sus dedos índice apenas sobrepasan su rostro, pero el mensaje triunfa. Yordy Reyna no despega los ojos del paraíso que solo ve él. Desde la tierra, dice ‘gracias, papá’.

Dos goles, que pudieron ser tres, fueron suficiente para ser el emblema del Alianza-Boys. Aunque él prefiera no atribuirse ningún distintivo. “Aquí todos somos figuras”, dijo. Yordy no se engaña, mantiene los pies firmes sobre la tierra. El paraíso aún está lejos, muy lejos. Por ahora, el diálogo con su padre será solo a través de sus festejos.

Festejos que, tras dos goles anotados, tuvieron una misma y nunca antes vista celebración: la ‘garrotera’, aquella que hiciera famosa el Chavo del 8. Un brazo cruzado, el otro descolgado, y la cara enterrada en el suelo. Reyna no tuvo mejor idea que celebrar el haber salvado el descenso como lo habría hecho, seguramente, un ídolo de infancia.

En la vecindad había un remedio efectivo que despertaba de su asombro al Chavo. El ingrediente era un poquito de agua en un tazón. Esta se le echaba en el rostro y este reaccionaba inmediatamente. La receta, definitivamente, no la vio nunca Hansell Riojas. El defensa propinó un codazo dentro del área a Reyna, pero este no solucionó, como lo hacía el agua, el problema que significó el delantero íntimo en ataque.

QUISO IRSE DE ALIANZA
Reyna ha vuelto a la punta de la lengua de todos. Su juego seduce. Es hábil con y sin la pelota, rápido para picar y decidir, pero sobre todo, feliz. En el campo nunca se le ve molesto. Disfruta cada pique o jugada suya con una sonrisa. Sus dientes son hoy protagonistas de todas las portadas.

Sin embargo, esa sonrisa una vez casi se apaga. Y no necesariamente en su rostro, sino en la cara alicaída del club. Era la época en que Guillermo Alarcón removía como le daba la gana las riendas de la institución. El delantero, en ese entonces de 18 años, presentó su solicitud para ser declarado jugador libre.

El pedido fue hecho a la Comisión de Justicia de la Federación Peruana de Fútbol. Esta siguió su curso ante el incumplimiento de pago del entonces presidente del club. La decisión estaba tomada, Yordy se iría sí o sí de Alianza Lima.

No obstante, Alba Consult SAC fue denominado administrador temporal del club, y Reyna vio la luz. Aquel momento fue determinante para continuar su carrera en Alianza. El chiclayano, que había dejado su tierra para jugar por el equipo victoriano, decidió quedarse. Desistió a la solicitud que él mismo envió para ser jugador libre, y hoy es el delantero del equipo con más goles en el campeonato (5).

Reyna permanece afónico, pero la sonrisa en su rostro persiste. No una, sino indefinidas buenas actuaciones, que lo muestran como una joven promesa con un largo camino que recorrer, son su mejor carta de presentación. Aquella que hoy cuesta cinco veces más. Aquella por la cual su padre, desde el cielo, seguramente infla el pecho de orgullo y, con el mismo gesto, señala hacia el Miguel Grau para decir, “ese, sí, ese es mi hijo”.