ANÁLISIS: dos derrotas de la selección de vóley y una buena noticia

Raúl Tola, conductor de TV y columnista de vóley de El Comercio, comenta el cambio que mostró Perú en la segunda ronda del Mundial de Vóley de Japón

ANÁLISIS: dos derrotas de la selección de vóley y una buena noticia

Por: Raúl Tola

Durante la primera ronda del Mundial de Japón, luego de ver los desentendidos dentro de la cancha, las caras largas, los tiempos técnicos cargados de tensión y recriminaciones, y todo aquello que desde lo anímico conspiraba contra la buena actuación de la selección de Perú, no pude evitar preguntarle a cuanta persona pudiera saber si el grupo estaba partido, si esa aparente desunión en la cancha era causada por una crisis interna desconocida puertas afuera. La respuesta siempre fue la misma: salvo las habituales diferencias que se producen durante cualquier convivencia durante una competición, las relaciones dentro del equipo estaban bien.

Ahora, luego de ver el feliz cambio producido en la segunda ronda, queda claro que así era, que aquello que se percibía en varios pasajes de los partidos contra Serbia y Costa Rica, y en especial durante la catástrofe contra Polonia, no tenía por origen un enfrentamiento entre las jugadoras, sino otro muy distinto: el exceso de presión.

Perú no tenía margen para el error ni la especulación: si quería seguir en el Mundial, debía ganar dos partidos específicos. Lo contrario habría sido un fracaso rotundo. Nuestras jugadoras eran conscientes de ello, y esa condición las exasperaba. En cuanto ese objetivo se cumplió, la tensión se descomprimió, y suelto el equipo parece otro.

Aunque resulte curioso, probablemente estos dos partidos perdidos hayan sido los mejores que Perú ha jugado en todo el Mundial. Desde la recepción, que permitió un armado más fluido, la selección se superó en todos los aspectos del juego, en que destacó la defensa de campo, que en muchos pasajes contra Rusia fue conmovedora y pareció imbatible.

Como consecuencia, se vio un ataque más cómodo. Aquí conviene destacar la evolución de Karla Ortiz, probablemente el punto más bajo de Perú en los anteriores encuentros: contra Rusia pareció quitarse de encima un peso enorme, y se erigió como nuestra mayor anotadora, pues aprovechó con mucha inteligencia el enorme bloqueo rival. Los ánimos han crecido tanto que el sexteto no dejó de celebrar y apretar cuando el último set contra Rusia se perdía por 24 a 15, y el partido parecía entregado. Remando contra la corriente, Perú llegó a ponerse 24 a 20, antes de caer derrotado. Ese envión emocional continuó en el primer set contra Corea, que Perú ganó, y no decayó, a pesar del resultado final.

Una última conclusión: además de las titulares más veteranas, que soportan la mayor presión del juego, cada vez que ingresó, Carla Rueda fue un factor efervescente, un valioso aporte que seguramente contra Turquía y China saltará a la cancha desde el vamos.