Andy Murray, el sobreviviente de una masacre que se convirtió en campeón

Ayer fue recibido como héroe en Dunblane. Volvió ganador a la misma ciudad escocesa en la que a los 8 años salvó de morir en una matanza

Andy Murray, el sobreviviente de una masacre que se convirtió en campeón

ÁNGEL HUGO PILARES (@angelhugo)
Redacción online

Sentado en el piso frío de la oficina del director de la escuela, Andy se había ocultado en la penumbra debajo de un escritorio. Con las manos en los oídos y los ojos cerrados mientras escuchaba el ruido que hace el terror. Su corazón se sacudió a cada balazo cuando de pronto se hizo el silencio.

Andy tenía ocho años. Ese 13 de marzo iba al gimnasio de la escuela primaria del pueblo escocés de Dunblane junto a su hermano Jamie, que apenas un mes antes había cumplido diez. Estaban juntos, debajo del escritorio del director de la escuela, lugar al que habían corrido cuando escucharon el primero de los disparos.

Eran las 9:30 a.m. Apenas minutos antes Andy había estado cantado junto a sus compañeros. A esa hora Thomas Watt Hamilton ingresó al gimnasio de la escuela con dos pistolas de 9 milímetros y dos Magnum ocultas en la cintura. Cargaba con 743 cartuchos de municiones. Llevaba lentes sobre sus pequeños ojos y tenía una calvicie avanzada para sus 43 años. En sus fotos, no sonríe mostrando los dientes. Apenas hace una mueca desdibujada. Era un boy scout.

DURMIENDO CON EL ENEMIGO
Tiempo antes de convertirse en el autor de la masacre más infernal del Reino Unido, Thomas había sido despojado de sus insignias y retirado del grupo por “conducta impropia”. Su venganza fue disparar 109 veces contra 16 niños y una profesora que trataba de protegerlos. Luego se pegó un tiro. Andy Murray, en silencio junto a su hermano, no sabía quién estaba asesinando a sus amigos.

Mucho tiempo después, cuando escribió su biografía, Andy Murray diría que nunca habló de eso antes porque no había podido asimilarlo. “Lo más extraño era que conocíamos a Hamilton. Había estado en el coche de mi mamá. Obviamente es raro pensar que hay un asesino en tu coche, sentado al lado de tu madre. Esta es probablemente una de las razones por las que no quiero volver la vista atrás”.

Andy Murray no volvió la vista atrás: se dedicó al tenis impulsado por su madre, Judy, una leyenda del tenis escocés que no veía talento en él. La misma mujer que lo envió a España apenas se dio cuenta que ese era su futuro para que pudiera aislarse de la presión que representaba ser un tenista con pasta de campeón en una isla que no sabe levantar copas.

El hoy campeón del US Open no ha olvidado que el jefe de los boy scouts era el asesino. Luchó contra eso y contra una lesión en la rótula que le provoca dolores terribles luego de cada partido. Y luego de cada una de las cuatro finales de Grand Slam que perdió hasta el lunes pasado, cuando se convirtió en campeón. Ayer fue recibido por una multitud que pedía autógrafos y fotografías en Dunblane. Él solo pensaba en que esos 16 chicos debieron haberlo visto convertirse en héroe.