Equipo peruano: los Ferrand cuentan su odisea en el Rally Dakar 2011

Completaron la competencia por segunda vez. Ya se alistan para correr la edición del próximo año que terminaría en Lima

Equipo peruano: los Ferrand cuentan su odisea en el Rally Dakar 2011

PATRICK ESPEJO

A ninguno de los dos le importaba haber perdido unos 3 o 4 kilos a lo largo de las dos semanas de competencia, o haber terminado sin voz por los constantes cambios de clima. Los dos Fernando Ferrand, padre e hijo, estaban más que orgullosos porque por segundo año consecutivo habían logrado lo que cientos de pilotos no consiguieron: llegar a la meta en el rally más complicado del mundo, el Dakar.

“Qué te puedo decir, solo que estamos orgullosísimos de lo que hemos hecho. Lo hemos logrado. Terminar es una hazaña y nosotros lo acabamos por segunda vez”, nos decía Ferrand Malatesta, el hijo, con una afonía terrible, y haciendo un alto en una cena que le ofrecían unos amigos en Argentina poco antes de emprender el viaje de regreso a casa.

“Ha sido una carrera durísima, pero mejoramos siete puestos nuestra ubicación del año pasado. Haber finalizado en la posición 38 nos llena de orgullo, aunque quizá hubiésemos podido terminar un poco más arriba si no hubiésemos cometido unos errores en la penúltima etapa”, explicó.

Porque ustedes venían bastante bien. Incluso a dos o tres etapas del final se colocaron en el puesto 29 entre los carros.
Sí, pero allí nomás tuvimos un problema que nos complicó todo. Yo me pasé un desvío, tomé otro camino que era para camiones y le pegamos a una roca. Le rompí la suspensión trasera al Toyota FJ Cruiser. Nos paramos para repararla y eso nos tomó unas seis horas. Cuando llegamos al campamento, nos penalizaron. Pero ni siquiera eso nos ha borrado la sonrisa y la alegría de ser el primer equipo peruano en llegar dos veces al final del Dakar.

Igual es buenísimo el puesto…
Nuestro objetivo principal era llegar a la meta. Era lo que nos preocupaba. Por eso hemos ido cuidando la máquina y divirtiéndonos todo lo posible.

¿Cuál o cuáles han sido las partes más complicadas, las que pensaron que no la hacían?
Este año no hubo tramos fáciles. Pero el más complicado, el que gritamos cuesta abajo, fue una duna de casi tres kilómetros a la altura de Iquique, que la bajamos a 120 kilómetros por hora. El auto se portó a las mil maravillas. El año anterior la había hecho, pero estaba oscuro y no me di cuenta de lo empinada ni peligrosa que era. Esta vez no nos importó y pisamos el acelerador. Hubo otro tramo en el que hemos entrado en punta a la boca de un río. Hemos tenido momentos muy tensos.

Hay que felicitar también por el gran trabajo del equipo.
Ha sido fundamental, con Willy Zevallos al frente. Nosotros llegábamos al campamento, les decíamos lo que sentíamos del carro y nos íbamos a dormir. Ellos trabajaban toda la noche para que al día siguiente el carro estuviera impecable. Bueno, lo de dormir es un decir, porque el ruido de las motos y los helicópteros casi no te dejan descansar. Pero todo es parte del Dakar y eso lo hace tan emocionante.

Debes estar realmente orgulloso por haber completado la prueba.
Hoy nos mostraban los números. Comenzaron 170 autos y solo el 30% acabó, y entre ellos está un equipo peruano. Cuántos pilotos han competido y nunca la han terminado. Nosotros hemos llegado a la meta dos veces.

Excelente también fue el trabajo de Carlo Vellutino en la moto.
Esa es una de las cosas que más me emociona. Carlo es mi cuñado y se ha mandado un carrerón y a solas. Porque correr en moto es de locos. No tienes quién te cante la hoja de ruta o a quién consultar si vas por tal o cual camino. Además de manejar, tenía que revisar solo la hoja de ruta, estar pendiente del equipo que no se recalentara, de su combustible y alimentación. Si nosotros que íbamos sentados terminábamos con el cuerpo destrozado, él que tenía que ir prácticamente parado en la moto está molido. Y quiero destacar también el coraje de Jaques Barrón, quien se rompió la pierna un mes antes de la prueba y llegó hasta Arica soportando un dolor espantoso.

¿Ha sido una carrera de mucho desgaste para ustedes?
Este año lo hemos manejado mejor. Yo habré bajado unos 3 o 4 kilos, aunque no soy de contextura muy gruesa. En el camino nos ‘bajábamos’ unas cuatro o cinco botellas de Gatorade para mantenernos hidratados y eso nos ha ayudado. Este 2011 siento que hemos tomado mejores decisiones. El auto Toyota es formidable. Las llantas Bridgestone estuvieron perfectas –solo usamos 12, lo que quiere decir que funcionaron perfecto para las distintas superficies–, además de agradecer a Lubricantes Gulf, Liderman, Sinopsis y Prolife, porque sin ellos no hubiésemos podido completar la ruta.

Y ahora a alistarse para el nuevo reto, el Dakar 2012, con Lima como posible destino final. ¿Te imaginas lo que sería esa llegada a Asia o a la Plaza de Armas?
Se ha hablado mucho de eso por aquí. Sería extraordinario tener un rally con etapas dentro del Perú. Sé que las autoridades están trabajando intensamente para que eso se concrete. De ser así, habría que prepararnos muy bien y poder presentar un equipo fuerte, variado. Este año han competido 86 argentinos, 30 chilenos y solo 4 peruanos. Eso tiene que cambiar. Y tener el Dakar en casa puede ser un incentivo más que suficiente para que muchos equipos se alisten y, lo que es más importante, lleguen a la meta.