Leyla Chihuán: "Mi vida es el vóley, por eso vuelvo"

A sus 38 años, la voleibolista espera ser pieza importante en la Universidad César Vallejo que dirige Natalia Málaga

MARÍA JOSÉ FERMI @majofermi

Es casi imposible saber cómo cumple Leyla Chihuán con sus mil y un compromisos. Para poder llevar a cabo todas sus obligaciones pareciera necesario tener días de 30 horas. Leyla no se conformó con dejar de ser voleibolista para convertirse en congresista en el 2011. No. Leyla también es mamá de un niño de 1 año (la labor más importante, como ella dice), estudiante universitaria y, hoy por hoy, nuevamente jugadora en la Liga Nacional de Voleibol con la Vallejo. ¿Cómo lo hace? Ni ella sabe.

¿Qué te lleva a volver luego de tres años de retiro?
Regresé para sentirme bien y por salud después de dar a luz. De mis 66 kilos llegué a pesar 90 y empecé a ir al gimnasio. Conversé con Natalia [Málaga, entrenadora de la Universidad César Vallejo donde debutará Leyla] y me dijo: “Haz tu gimnasio y en las noches ven a entrenar”. Nos comprometimos en tres veces por semana. No pude cumplir. Mis labores en el Congreso no me permiten estar mucho tiempo entrenando. Entre reuniones de bancada, comisiones y plenos, me pierdo prácticas.

Pero Natalia te ha dejado volver. ¿Pensabas competir nuevamente?
Para nada. Se ha dado de un momento a otro. Me falta un poco más de contacto con el balón, pero confío en agarrarlo ahora que hay receso en el Congreso. Estaré en el Bonilla a partir de enero. Espero que Natalia me ponga aunque sea para 1 o 2 puntos. Confío en no ser una banca eterna. Si estoy bien, creo que me darán mis minutos para jugar.

¿Costó dejarlo?
Definitivamente. Es algo que he hecho durante 20 años, cómo no lo voy a extrañar. Mi vida está ahí. Por eso vuelvo. Ahora no estoy para la alta competencia; pero sí para echar una mano, hacer un bloqueo, un matecito. Voy dispuesta a pasármela bien, no a molestarme. Pero sí voy por el título. No voy a entrar al equipo campeón para no ganar. ¡Qué roche!

Tú misma te dejaste la valla bastante alta.
¡Qué nervios! ¿Cómo hago para recuperar algo de eso? Soy muy exigente conmigo misma y por eso cada entrenamiento es una matanza. Después no me puedo parar en tres días, me duele todo.

Natalia ha sido tu compañera mucho tiempo. ¿Cómo es tenerla de entrenadora?
Como entrenadora también la tuve hace unos años cuando fue segunda de Mr. Kim en la selección. Ya conozco sus mates al pecho, así que no tengo ningún problema. Ya sabía lo que me esperaba. Natalia ha sido mi compañera de equipo, mi capitana, mi entrenadora y ahora lo será otra vez. Somos amigas más allá del vóley. Es una persona con la que puedo conversar de todos mis líos; hasta de política me acepta hablar.

La política es jugarse otro partido.
Yo tengo 15 proyectos de ley presentados y, gracias a Dios, la semana pasada se aprobó uno sobre autismo. Pero debo decir que si no eres del partido de turno es bien difícil. Hay temas, como salud, educación, cultura, deporte, en los que no importa tu bandera política, pero parece que hasta en eso queremos competir. He presentado otro proyecto para declarar de necesidad pública los Juegos Panamericanos 2019.

Para no correr como en estos Bolivarianos.
Exactamente. Yo estoy muy contenta de que nos hayan elegido como sede, pero después de haber participado en olimpiadas y mundiales digo: “La gente no sabe en lo que nos hemos metido”. Estoy muy preocupada porque no podemos llegar como a los Bolivarianos, que estábamos viendo la inauguración y atrás escuchábamos el ruido de la maquinaria trabajando. La ciudad hay que levantarla por completo; esto no es una bromita. Hay que prepararnos a conciencia.