¿Por qué Brasil siempre nos gana en vóley?

En su columna de DT, el periodista Raúl Tola cuenta sobre su visita al corazón del gigante sudamericano, donde encontró algunas respuestas. ¿Usted qué opina?

¿Por qué Brasil siempre nos gana en vóley?
Para cualquier amante del vóley, Río de Janeiro es lo más parecido al paraíso. La semana que he pasado aquí ha sido asombrosa: además de las playas perfectas, de arena impalpable y mar transparente, de las gentes que son pura sonrisa, en todo Río se respira vóley. Cansado del viaje, llego al hotel y prendo la televisión. Lo primero que veo, en el canal Sportv, es un partido de la liga masculina, con varios rostros conocidos, muchos campeones mundiales y olímpicos. Al día siguiente, desde el coliseo Maracanãzinho, alcanzo a ver un partido de la Superliga femenina, entre Río de Janeiro y Unilever. Sin que parezca importar el calor (¿que rebasa los 41 grados?), que es domingo y estamos en verano, ni que se juega apenas la etapa preliminar del torneo, las tribunas revientan con 11.500 espectadores que alientan a sus equipos. En las playas de Ipanema y Copacabana hay docenas de canchas públicas, y todas ocupadas: se juega en duplas y cuatro contra cuatro. Basta traer unos reales para alquilar una pelota, y muchas ganas de jugar, y uno siempre encontrará con quién: salvo las horas de máximo calor —entre la una y las dos de la tarde—, gentes de todas las edades, desde principiantes hasta semiprofesionales, sostienen apasionados partidos, muchos de ellos sorprendentes por el nivel con que son jugados. Viendo uno de estos partidos fabulosos y anónimos en Copacabana, me quedé pensando. ¿Cómo podríamos competir contra este movimiento nacional que en Brasil se articula alrededor del vóley? Con tantas canchas, con tantas academias, con tantísimos jugadores y entusiastas, y con una buena organización y el respaldo de la empresa privada, Brasil encabeza el primer mundo de este deporte, muchísimos cuerpos por delante del Perú, en ambas ramas. Es lógico, por lo que pasa allá, y por lo que deja de pasar acá, que comienza por la falta de difusión. ¿Sabe, por ejemplo, cuántas canchas de vóley playero conté la última vez que pasé por la Costa Verde? Una. Y estaba vacía.