¿Quién es el responsable de la desorganización en la liga nacional de vóley?

En su columna de DT, el periodista Raúl Tola cuenta quién manejó el campeonato y por qué debería renunciar al cargo que tiene

Por *Raúl Tola* Felicito al Géminis, "campeón absoluto":http://elcomercio.pe/noticia/408525/geminis-se-corono-campeon-nacional-voley-pesar-que-regatas-gano-mas-torneos de la Liga Superior de Vóley, que supo pegar cuando de verdad convenía: en el último partido del año, contra el Regatas Lima. Respaldando su juego en la buena actuación de Carla Rueda, el equipo de Comas venció tres sets a uno. Pero esa noche, o al día siguiente, pasada la euforia del triunfo y los festejos, más de una jugadora del Géminis debió detenerse a pensar: ¿Qué celebramos? El domingo cundió una desorganización alarmante. Como ha resaltado la prensa, el público que llegó hasta el coliseo Niño Héroe Manuel Bonilla, en Miraflores, tuvo que hacer largas colas y abrirse paso a codazos para entrar. Lo peor vino cuando, a una orden de los organizadores, las puertas se cerraron, y muchos espectadores se quedaron fuera, con los boletos en la mano. En el colmo del caos y la ineficiencia, Natalia Málaga, Patty Soto, y muchas otras jugadoras del Regatas, que debían competir por el título en el partido de fondo, también estuvieron a punto de quedarse fuera, y tuvieron que pelearse a gritos con los guachimanes para que les abrieran un ingreso. Pero este episodio es solo el broche de oro de una secuencia de arbitrariedades y abusos que han hecho de este torneo uno de los más controvertidos de los últimos años. La semana pasada dije en este mismo espacio que era un disparate que un club debiera ganar cuatro torneos para salir campeón, y perder uno para que todo el trabajo de una temporada fuera en vano. Esa hipótesis se quedó corta: entre el 2009 y el principio de este 2010, el Regatas ganó el campeonato Apertura, su serie del campeonato Clausura y el octogonal que definía al campeón del Clausura. Aun así jugó un cuadrangular definitorio, donde ganó los dos primeros partidos, y en el último, contra un Géminis que en el acumulado no le rozaba los talones (no ganó el Apertura, ni su serie en el Clausura, ni el octogonal), perdió, y se quedó con las manos vacías. ¿Pero qué pasó realmente? En el 2009, antes de que se iniciara la liga, las reglas estaban claras: los equipos jugarían primero un campeonato Apertura de todos contra todos; luego un Clausura con dos series de ocho equipos, que se definiría en un octogonal; y por último una ronda final, que, según decían las bases, comprendería cuatro cuadrangulares con los equipos de mejor puntaje, para sumar un total de 24 partidos. El ganador de esa ronda final sería ungido campeón nacional. En cambio, este fin de semana la ronda final solo constó de seis partidos. Las bases se cambiaron de un plumazo, alegando que los retrasos en el campeonato lo habían desfasado y, si se cumplía lo dispuesto en un principio, la definición del campeonato 2009 terminaría después de iniciado el campeonato 2010. Cada vez que he preguntado qué pasó, por qué se cambió tan sorpresivamente el torneo, por qué se retrasó tanto que tuvieron que alterarse sus bases, por qué se inventó un cuadrangular que perjudicaba al campeón de todo un año, siempre he escuchado el mismo nombre: Luis Linares. Linares es el encargado de organización deportiva de la federación. Es quien debe idear y redactar las bases del campeonato, convocar a los clubes, escuchar sus opiniones, y modificarlas, pero solo si estima conveniente. En la práctica, su poder dentro de la estructuración del campeonato nacional resulta absoluto y carece de controles. Este detalle sería preocupante (ya sabemos lo que pasa con los poderes absolutos en el mundo: se pervierten, se vuelven autoritarios, devienen en dictaduras), pero otros datos lo hacen aún peor, un verdadero escándalo: Linares es miembro del comité de control de la Liga Nacional (es decir, se fiscaliza a sí mismo) y, por si fuera poco, también es el dueño del Géminis, el mismísimo campeón de este torneo, que pareció hecho a la medida. ¿No es este un evidente conflicto de intereses? ¿No debería Linares renunciar a uno de los dos cargos para evitar las suspicacias generadas por sus manejos? Pues no, al parecer en la Federación no ven con malos ojos que el dueño del Géminis ate y desate en la organización de una liga donde compite un conjunto en el que invierte dinero y tiempo. Ante la queja de los delegados del Regatas por la abrupta modificación de las bases, Linares respondió que había preguntado verbalmente a los demás equipos y todos habían estado de acuerdo (como si alguien fuese tan tonto como para negarse a aceptar un cambio que es de su conveniencia). Esa es otra característica de la gestión de este personaje, según varios testimonios: todo es de palabra, los acuerdos nunca son por escrito. Durante los años 80 se dijo hasta el cansancio que el fútbol debía copiar la receta del éxito del vóley. Ya vemos que no fue así, y más bien ocurrió al revés: los encargados del vóley terminaron por copiar todas las mañoserías del fútbol. Hoy, luego de este polémico torneo de la Liga Superior, Linares y otros dirigentes parecen decididos a superarse, a explorar un nivel de informalidad y enredo que dejará atrás al maestro. Mientras, parafraseando a Vallejo, el vóley sigue muriendo.