¿Te imaginas vivir la adrenalina de correr en el Dakar 2013?

Elcomercio.pe surcó las sinuosas dunas de Ica junto al team Alta Ruta 4×4 que participará en el rally más importante del mundo

(Video y Edición: Antonio Álvarez Ferrando / Elcomercio.pe)

ANTONIO ÁLVAREZ FERRANDO

Desierto de California, Ica. Mediodía y el sol golpea nuestras cabezas. El calor, mientras, sofoca cada rincón de nuestra piel. Los motores de las 4×4 se encienden, rugen. De pronto, las camionetas dan inicio a una aventura en medio de dunas que parecen levantarse a la distancia, que empiezan a lucir más y más grandes cada segundo que el reloj avanza.

Acompañados por el team Alta Ruta 4×4, equipo que participará en el próximo Dakar 2013 e integrado por los pilotos Pancho León y Jesús López, y el navegante Tomás Hiraoka, nos decidimos a participar de un viaje tan peligroso como conducir en estado etílico. Así es el Dakar. Sus rutas son un reto. Sentimos miedo, pero ya no es momento de dar marcha atrás. Ya aceptamos la invitación y la travesía empieza: dos horas de adrenalina pura sobre ruedas.

Esta competencia es, para muchos, la más importante del mundo, y la más peligrosa: es extensa (15 días) y de mucha exigencia física y mental. Para eso estamos acá, con un sol inclemente, para vivir en carne propia lo que significa competir en este rally, que se dará inicio en Lima el 5 de enero, cruzará montañas y llanos entre Argentina y Chile, donde estará colocada la meta, el 19 del mismo mes.

De un momento a otro, nos detenemos. Me pregunto por qué. No entiendo nada. Me explican que la presión de los neumáticos está por encima de lo normal por lo que debe bajar con el único fin de que estos no se hundan en la arena. Parece tirado de los pelos, pero es vital para aquellos que deciden internarse en este tipo de terrenos. Una vez fijada la presión, volvemos a nuestro asiento y, tras colocarnos los cinturones de seguridad, retomamos el recorrido. La ciudad quedó atrás, se convirtió en un punto plomo perdido en el desierto.

Nos desplazamos hasta una zona desconocida. El objetivo: llegar al campamento de Alta Ruta 4×4 que, Dios mediante, está a una hora de recorrido. En el rally Dakar, antes de la partida, los organizadores entregan a todos los pilotos un ‘road book’ (libro de rutas), que debe ser descifrado por cada uno de los participantes ya que este los guiará hacia la meta.

Pancho recibe el alta. Hora de partir. Inmediatamente las llantas se someten a una lucha incesante con la arena, las agujas del velocímetro se agitan de un lado a otro, y la visibilidad es nula debido a la ola de arena generada por el vehículo que va delante del nuestro, una Grand Nomade que sube y baja por las dunas tratando de domar la situación, algo que parece, en principio, imposible de cumplir.

El viento golpea la cara. La arena se cuela dentro por los ojos y la naríz, el calor sofoca. La ropa sobra, el sudor no cesa. Pese a que tratamos de sostenernos dentro de la camioneta, los movimientos del vehículo sacuden como lo haría un terremoto. Igual, somos porfiados. Los gorros salieron volando y el estómago empieza a sentir los estragos de la aventura, que recién empieza.

En una competencia de esta naturaleza comprendemos entonces que, más allá de los estragos y dificultades en el camino, es imposible perder uno de los sentidos. Y es que uno nunca sabe cuando habrá un corte de duna que podría mandarnos a acompañar a nuestros gorros. Ahora hay un desconcierto total. Debemos llegar al campamento y lo único que nos rodea es arena y un cielo azul.

La belleza del paisaje, entiendo ahora, es lo que importa menos en una situación como esta. La fiereza y peligrosidad del Dakar ha hecho que muchos pilotos pierdan la vida durante la competencia. Ahora entiendo por qué y el temor me hace sentir frío pese al incesante calor. Mi corazón, agitado, es incontrolable, no sé cuál es mi futuro. Ya no sé que será de mí. ¿Llegaré vivo?

El sol continúa pegando sin piedad. La visión empieza a complicarse, aún más. Intentamos limpiarnos los ojos, pero es en vano. Las gafas están rayadas por la fuerza con que golpean los granos de arena. No podemos detenernos. Intentamos tomar agua, pero entre el desconcierto de pedirle al chofer que nos detengamos y la adrenalina, las bajadas a toda velocidad se imponen.

Creo que no llegaré. Jesús López encabeza el grupo de tres camionetas que surcan el desierto en medio de un calor que se torna cada vez más sofocante. Él comenta que en esta competición la temperatura dentro de los vehículos puede llegar a rondar hasta a los 40 grados Celsius. Yo pienso que más.

“Es sofocante, no te imaginas. Toma en cuenta que uno lleva puesto el uniforme y el casco. En el Dakar 2012 llegamos a bajar aproximadamente cinco kilos de peso cada uno, por ello la hidratación es muy importante, vital. Siempre llevamos un cooler con bebidas bien heladas para abastecernos las seis horas que corremos por día”, comenta.

Jesús y Pancho son los pilotos del equipo. Pero, ¿qué sucede si la camioneta se malogra en plena competición? Ahí es donde entra a tallar Tomás Hiraoka, el navegante. Tomás es el encargado, además de resolver las fallas mecánicas, de distribuir y preparar el equipo según la zona que se vaya a recorrer.

“De acuerdo a la situación yo decido quién debe correr en llano, quién en dunas, montañas o la zona geográfica por la que nos toque desplazarnos. Tanto Jesús como Pancho son muy buenos en cualquier terreno pero hay que llevar las cosas con mucha cautela para que no se desgasten físicamente y puedan soportar los 15 días de competición”, cuenta Hiraoka.

Luego de dos horas de recorrido logramos ubicar el búngalo blanco de Alta Ruta 4×4. El telar blanco se erige en medio de una duna y el alma nos vuelve al cuerpo. La aventura fue literalmente extrema. La condición climática y geográfica, física y psicológica me llevó a pensar que era mi último día con vida. Igual lo disfruté. Fue una inyección de adrenalina a la vena y una experiencia en la que perder la vida era una posibilidad que no se podía descartar.

Al final del recorrido por las dunas volvemos al hotel El Libertador Paracas que cordialmente nos acogió para esta aventura y mediante el cual el equipo Alta Ruta 4×4 brinda a los huéspedes la oportunidad de experimentar en algo lo que es correr una importante competición como el Rally Dakar.

Luego de un refrescante duchazo queda en claro que soy un aficionado más del Dakar, este rally que por más de 30 años ha cautivado al público por las mágicas imágenes de los participantes recorriendo desiertos, valles y montañas, primero de África y ahora de Sudamérica. Pero también queda en claro por más que intente explicarlo, que las palabras quedan cortas en el desierto de California, Ica.


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