La transformación de Emilio Córdova: de niño genio a maestro del ajedrez

Un recuerdo de Córdova, el niño genio que apareció hace nueve años pidiendo ayuda para comprar una computadora y que hoy vive en Cuba con su novia

Por Pedro Canelo

Hay algo de Emilio Córdova Daza que todavía no ha cambiado. Su primera jugada sobre el tablero. Al séptimo mejor ajedrecista del mundo Sub 20 le gusta mover el peón hacia la ubicación e4, adelante del rey. Con este movimiento siempre desafía al otro y se despoja, sin pudor, de sus más instintivas vocaciones de ataque. Hemos retrocedido unos diez años y allí está la primera versión de Emilio, campeón panamericano Sub 10 en Argentina y octavo en el mundo en su categoría. Pequeño y gordinflón, con lentes ineludibles y con gorrito al estilo Tobi. Más bueno y noble que sacristán de iglesia. Solo con el impulso de tocar la puerta para pedir una computadora nueva.

“Siempre miro la cara del rival. Me gusta el juego de Kasparov. Él siempre ataca, yo tengo ese estilo”, decía el rechoncho Córdova en el 2001 mientras su padre Arturo contaba todos los problemas que tenía su hijo para conseguir auspiciadores. La historia de Córdova enterneció a muchos, pero solo el colegio Saco Oliveros se dedicó a apoyarlo en esos años de pubertad. Córdova nunca se molestaba, pedía todo por favor.

JAQUE A MÍ MISMO
Ya por esos años se hablaba del sucesor de Julio Granda hasta que pasó el tiempo y Córdova comenzó a crecer, a adelgazar, a perder la inocencia de dibujo animado que tenía en el 2000, cuando iba a jugar a la plaza Francia con varones que le cuadriplicaban la edad.

Pasó el tiempo y Córdova experimentó la más extraña de las mutaciones. Ese niño gordito del 2001 cumplió 15 años en el 2007 y apenas pudo escaparse, lo hizo. Emilio se perdió en Brasil con una mujer mayor que él. Para algunos, aquel fue el jaque insalvable para Córdova. Pero pocos se acordaron de que existe el enroque para reinventar la jugada más adversa. Después de ser portada por ser el chico malo del deporte peruano, Emilio recogió todas las piezas caídas y pidió jugar de nuevo.

“Ya pasó todo eso, ahora estoy contento en Cuba con mi novia, que también es ajedrecista. A pesar de estar lejos, he decidido seguir defendiendo a mi país. Solo necesito apoyo para viajar y tener un entrenador personal”, dice hoy Emilio, aún con la esperanza de convertirse en el mejor ajedrecista peruano de la historia.

¿Cómo se verá Emilio Córdova en cinco años? Difícil saberlo. De momento, es un jugador ‘top ten’ en su categoría. Su despegue en mayores depende de muchas cosas. Apoyo económico, entrenamiento serio y quizá, solo por si acaso, una última transformación más. La definitiva.