El Veco y su relación con el vóley

El periodista Raúl Tola recuerda en su columna de DT que la llegada de El Veco al Perú coincidió con el inicio de la época dorada del deporte de los mates

Escribo esta columna tarde, cuando "ya han pasado varios días":http://elcomercio.pe/noticia/412070/adios-veco-requiem-maestro-que-se-fue y todo parece haberse dicho sobre Emilio Lafferranderie, ‘El Veco’. Nunca lo entrevisté —ni lo conocí siquiera—, y no creo saber más de él que cualquiera de sus seguidores, pero no puedo dejar de sumar un homenaje. Cada noche escuchaba su programa de radio, siempre lleno de comentarios chispeantes, entrevistas oportunas y chistes para el olvido. Pero eran los lunes, en sus columnas de El Comercio, que don Emilio, como lo llamaban sus colegas, realmente me deslumbraba. Era un placer leer esa prosa culta, que se aproximaba al deporte aleando la pasión y el sentido común, con una infinita capacidad para construir metáforas (para mi gusto, a veces exageradas). Quizá en esos textos, El Veco encerraba su principal enseñanza a los jóvenes: un periodista se construye en el papel impreso, en la constante y no siempre exitosa lucha contra la palabra escrita. Curiosamente, don Emilio tuvo una relación circunstancial con el vóley. Llegó de Montevideo en agosto de 1982, apenas a un mes del Mundial del Perú. Allí, con la dirección de un jovencísimo Man Boc Park, que había asumido el cargo por la repentina muerte de Akira Kato, una mixtura de jugadoras juveniles y consagradas dio la sorpresa y obtuvo el subcampeonato. Imagino la impresión de don Emilio, recién aterrizado, con su larga experiencia en Uruguay y Argentina, donde el fútbol, el automovilismo y el boxeo eran monopolio, cuando descubrió la idolatría que despertaban las matadoras en este país. Nunca me pareció que fuera un apasionado del vóley. Pero cada vez que le tocó comentarlo, lo hizo con corrección y sabiduría: una mezcla que hacía del deporte, esa ocupación pedestre y llena de sudor, algo muy parecido a la poesía.

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