El mundo va hacia las energía limpias, pero en el Perú el debate sigue

En nuestro país aún se preguntan si las energías renovables y los biocombustibles son convenientes

*Por Manuel Marticorena* El diésel es uno de los combustibles más contaminantes y caros en el Perú. Pese a ello, es uno de los más usados: representa el 47% de los combustibles derivados del petróleo que se consumen en el mercado local. El 20% de la producción eléctrica está siendo generada por plantas térmicas que se alimentan de él. Paradójicamente, se trata de un combustible que tenemos que importar. Cerca de US$1.500 millones se dedican al año para la importación de crudo a fin de generar combustibles líquidos, entre ellos el diésel, cuyo costo de producción está atado a los vaivenes de la cotización del crudo. La escalada más escandalosa de este se dio en junio del año pasado, cuando alcanzó US$147 por barril. Según el ex viceministro de energía, Pedro Gamio, esta situación motivó que se impulsara la producción de energías alternativas, limpias y menos caras. Junto al ex ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, Gamio auspició normas que fomentaban la producción de energías renovables: eólica (vientos), solar, geotérmica (calor de la tierra) y maremotriz (olas del mar); así como la producción de biocombustibles: biodiésel y etanol. Sin embargo, muchos han cuestionado la aplicación de estas leyes. Lo más polémico es que lo haya hecho la nueva administración del propio Ministerio de Energía y Minas (MEM), encabezada por el ministro Pedro Sánchez. El funcionario señala que no se han realizado los estudios necesarios para su aplicación, lo cual es negado por Gamio, quien tiene para mostrar una lista con 32 estudios. *SOPLAN LOS VIENTOS* La primera polémica se dio por el Decreto Legislativo 1002, que promueve la inversión de electricidad con el uso de energías renovables. Esta norma fue reglamentada el 2008 y solo esperaba a que el ministro Sánchez convocara una licitación para la construcción de plantas eólicas (que, actualmente, es el único rubro de energías renovables con proyectos), lo cual recién se hará el 15 de octubre. Juan Coronado, gerente general de Energía Eólica, una de las empresas interesadas en invertir en parques eólicos, señala que hay una inversión contenida de US$1.000 millones para producir 500 megavatios, que, según el decreto legislativo, deben corresponder a las energías renovables. Gamio indica que se trata de un tipo de energía ideal, limpia, y que permitirá reemplazar la producción eléctrica a diésel. Por su parte, el ministro Sánchez señala que a más parques eólicos se requerirán más plantas a diésel para respaldar una eventual falta de vientos, lo que significará un mayor costo. En ese sentido, explica, sería mejor apuntar a promover energías como las hidroeléctricas, que también son amigables con el medio ambiente y que producirán grandes volúmenes de electricidad. Coronado indica que no se trata de enfrentar las eólicas a las hidroeléctricas, pues ambos tipos de proyectos son complementarios. “Cuando no llueve en la sierra, soplan más vientos en la costa y la producción eléctrica sería constante”, explica. Además, Coronado señala que los vientos del norte (donde se instalarían los aerogeneradores) son de los más fiables del mundo, con más de un 90% del día soplando. Coronado indica que en las actuales circunstancias de apremio de más plantas eléctricas para atender la demanda del país, la construcción de centrales hidroeléctricas demorará por lo menos cinco años; en cambio, un parque eólico se puede construir en un año y, a medida que se instalan los turbogeneradores, se puede despachar energía al mercado. Mientras tanto, las hidroeléctricas necesitan hasta la última tuerca puesta para operar. El MEM ha encargado un estudio al Osinergmin y al Comité de Operación Económica del Sistema Eléctrico Interconectado (COES-Sinac) para establecer el volumen de energía adecuado a ser producido con energía eólica y a qué precios, pues se considera que tendrá un mayor costo que deberá ser asumido por los usuarios. *LÍQUIDOS BENDITOS* El segundo frente abierto por el MEM respecto a las energías ambientalmente amigables es la revisión del reglamento del Decreto Supremo 021-200-EM, que promueve la comercialización de biocombustibles. Dicho reglamento plantea la mezcla obligatoria de biocombustibles, biodiésel y etanol, en el diésel y las gasolinas, respectivamente. El reglamento establece la obligatoriedad de mezcla de 2% para el biodiésel a partir de este año y de 5% desde el 2011. Asimismo, a partir del 2010, el contenido de las gasolinas deberá tener un 7,8% de etanol. El problema con la aplicación de esta norma es la falta de producción local de oleaginosas, insumo principal del biodiésel. Así, si bien se dio la norma, no se ha avanzado a la par con la producción agrícola de insumos: jathropa, canola, soya o palma aceitera. Solo se avanzó en la parte industrial y, actualmente, las refinerías tienen que importar aceites para cumplir con la norma. En ese sentido, el MEM ya está pensando en modificar el reglamento del decreto supremo y posponer la exigencia de la mezcla en el caso del etanol; y en revisar la exigencia del 5% para la mezcla del biodiésel. Luis García, gerente general de Pure Biofuels, una de estas refinerías, indica que se han invertido alrededor de US$100 millones en la parte industrial para producir biocombustibles destinados al mercado local y para la exportación. El ejecutivo reconoce que, efectivamente, hay que importar insumos, pero que esto se irá reduciendo progresivamente pues, ante la exigencia, se animará a cultivar sembríos para atender al mercado local. Y esto no debe tardar más de 5 años. César Gutiérrez, ex presidente de Petro-Perú, indica que se requieren 5.000 barriles diarios de biodiésel para atender la demanda interna y 1.900 barriles diarios de etanol. Estos volúmenes, dependiendo del comportamiento del precio del petróleo, son relativamente caros. Guillermo Ferreyros, gerente general de la petrolera Maple, que maneja un proyecto de biocombustibles en Piura, indica que tienen un costo de entre US$9 y US$35 (dependiendo de la calidad) adicionales al precio del barril de diésel. En el caso del etanol, es entre US$16 y US$20 más caro. Esta diferencia la pagaría el consumidor final. El ministro Sánchez indica que si se sigue importando oleaginosas de países como Estados Unidos, donde la agricultura es subsidiada, el consumidor peruano estaría favoreciendo a los agricultores de ese país. Por otra parte, en el caso del etanol, el Perú es superavitario en la producción de gasolinas, con lo que consumir etanol significará que las refinerías (La Pampilla y las de Petro-Perú) deberán exportar más gasolinas a un precio castigado, perjudicándose. En ese sentido, explica, al Perú le conviene exportar etanol antes que venderlo en el mercado local. ¿Y qué pasa con el aspecto ambiental? Cuidar el ambiente tiene un costo. Según Gutiérrez, los beneficios ambientales no se están contabilizando en el debate, pues hasta ahora este se ha centrado en quién gana y quién pierde. *CASO CERCANO* *El ejemplo brasileño* Hace algunas semanas se realizó el evento Brasil Tecnológico en Lima. Allí, Flavio Castelar, representante de una asociación que agrupa a 60 productores de etanol de Brasil, indicó que actualmente el 45% del consumo energético de ese país lo provee este combustible. En ese sentido, Brasil aprovecha su petróleo para exportarlo. Su inclinación a los biocombustibles no es reciente; trabaja en esta tecnología desde 1925.