¿Qué va a pasar con el programa Techo Propio de ahora en adelante?

Su paralización provoca reparos entre las constructoras impagas y especialistas entre programas sociales

*Por Silvia Mendoza* La discusión sobre el futuro de Techo Propio ("TP":http://www.mivivienda.com.pe/portal/Canales/Comprador/Programas%20de%20Vivienda/Programa%20Techo%20Propio/Techo%20Propio.aspx) fue atizada el lunes pasado con las palabras del ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza, que textualmente se refirió al subsidio a las viviendas de interés social que otorga el programa del Fondo Mi Vivienda con un contundente: “No podemos regalarle la casa a nadie”. *LA PROPUESTA* El titular del MEF agregó que su propuesta es un subsidio por un máximo de 30% del valor de la vivienda; es decir, que “en vez de beneficiar a una familia, vamos a beneficiar a tres”. Pese a la falta de detalles, se puede especular que el futuro subsidio sería hasta por S/.12.780, ya que el valor máximo de la vivienda Techo Propio es S/.42.600. Aunque también es plausible decir que sería por S/.5.916 si el objetivo es dividir el subsidio actual en tres. Cabe precisar que actualmente el programa ofrece un bono familiar habitacional (BFH) de S/.17.750 para la compra de vivienda y de S/.16.685 para la construcción con el programa Sitio Propio (SP). Lo que representa 41,6% y 39,1% del precio máximo de la vivienda, respectivamente. ¿Entonces, por qué Carranza afirma que se están regalando casas? Pues, porque bajo SP, las entidades técnicas se han abocado a construir casas por un valor de S/.19.175. Es decir que el BFH llega a cubrir el 87% del costo total. *¿Y AHORA?* Visto el escenario, surge la pregunta: ¿Cuál será el futuro de TP? Ya que, si bien el MEF ha dicho que en el 2010 se destinarán S/.300 millones para los BFH, hay otras consideraciones que podrían comprometer la continuidad del programa. La primera es la reducción del subsidio. Según el viceministro de Hacienda, José Arista, la intención es “generar políticas que atraigan más recursos”. Para lograrlo —agrega— el beneficiado aportará una mayor parte del costo de la vivienda. Consultado sobre cómo se lograría ello, si el público objetivo del programa no es sujeto de crédito y, por lo tanto, no accedería al préstamo que complemente el aporte del Estado, Arista responde que “no se puede superar una distorsión con otra distorsión”. Carmen Balbi, investigadora de la PUCP, se pregunta en este punto cuál es la lógica del MEF para cuestionar el programa, si todo subsidio es una distorsión y el Gobierno los aplica sin remilgos en otros sectores. Sobre el mismo punto, el especialista en temas sociales, Carlos Aramburú, comenta que sin un subsidio, programas exitosos como Juntos no podrían ser ejecutados. Por ello, aconseja que antes de reducir el BFH se debe establecer la real capacidad de pago de las familias beneficiadas. *IDEAS PRIVADAS* Desde el sector privado, Roberto Bragagnini, gerente de Estructuración de Inmobiliari, afirma que en tanto la construcción de viviendas de interés social es un negocio de poca utilidad, la variación de los subsidios desalentaría el ingreso de las constructoras al rubro, con lo cual el programa perdería fuerza. “Los bonos son una inversión, ya que integran a estas familias a la economía formal y permiten un retorno al Estado en forma de impuestos”, comenta. A favor de la postura oficial está el ex viceministro de Economía, Eduardo Morón, quien afirma que el Estado no debe ser “tan generoso para concentrar sus recursos en unas pocas familias”. En ese sentido apoya la reducción del BFH, pero bajo la premisa de dirigir los recursos a los más pobres a través de cajas de ahorro y edpymes, que a diferencia de la banca tradicional sí buscan clientes en la población de menos recursos. Roberto Guanilo, gerente de Credichavín, coincide, aunque precisa que la cristalización de esa iniciativa dependerá de que el Estado les provea de recursos a mediano y largo plazos. *LO QUE VIENE* Pero aún no está todo dicho, pues el MEF también se ha encargado de criticar la focalización y efectividad de Techo Propio. Según fuentes del Fondo Mi Vivienda, la idoneidad de los beneficiados ya ha sido probada ante el MEF y si de efectividad se habla, responden que en nuestra región está probado que el subsidio a la vivienda debe ser parte fundamental de la lucha contra la pobreza. Las experiencias de Chile y Colombia parecen darles la razón. En el primer caso, el Gobierno subsidia hasta un 72% de las viviendas de interés social, que tienen un costo máximo de US$22.600. En cambio, Bogotá ha optado por subsidios que llegan a cubrir hasta el 35% de las cuotas mensuales del beneficiado. Enrique Vásquez, investigador de la Universidad del Pacifico, también sostiene que facilitar el acceso a la vivienda redunda positivamente en la lucha contra la desnutrición, enfermedad que a la larga reduce el desarrollo de los afectados y genera mayores gastos en salud para el Estado. “Pero se tiene que buscar una fórmula original a largo plazo para que los beneficiados devuelvan parte del subsidio y generen una cadena de solidaridad”, precisa. Así las cosas, solo cabe esperar que se arribe a un consenso para reactivar la punta de lanza de la política de vivienda pública, cuya paralización ya causa estragos económicos y sociales. Por lo pronto, el congresista Carlos Bruce ha presentado un proyecto de ley que —asegura— calmará las dudas del MEF sobre la eficiencia y transparencia del programa. ¿Bastará?


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