Colán, entre el potencial turístico y las alternativas de inversión

Playas norteñas ofrecen oportunidades para desarrollo turístico por su naturaleza y restos arqueológicos, pero ejecución de proyectos energéticos está generando más de una traba

Colán, entre el potencial turístico y las alternativas de inversión

MARCELA MENDOZA RIOFRÍO

Érase una vez un agua cristalina, predominantemente esmeralda, que acariciaba con dulzura la dorada arena de las costas piuranas. Así lo fue a principios del siglo pasado, cuando la Marina de Guerra del Perú otorgó los permisos y títulos correspondientes para que los hacendados piuranos construyeran casas al pie de la orilla, y así lo era a mediados del siglo XVI, cuando los españoles llegaron a esta bahía para instalarse en lo que hoy se conoce como San Lucas de Colán.

Con el paso de los años, varias cosas cambiaron. En la punta, se desarrolló el puerto de Paita (hoy es el segundo con más dinamismo del país: mueve 145 mil TEU en promedio) y en la bahía quedó un pequeño pueblo de pescadores (Colán) y un club de veraneantes (La Esmeralda de Colán), donde existen cerca de 400 casas ubicadas a lo largo de unos 4 km de orilla, una docena de hoteles, una veintena de restaurantes-bodega y un par de discotecas.

El movimiento comercial se presenta básicamente durante los fines de semana del verano, que es cuando se reciben visitantes piuranos, ecuatorianos y limeños, quienes en la temporada consumen alrededor de US$1 millón, según los cálculos de los mismos comerciantes de la zona. Eso sin considerar los ingresos que generan las fiestas (de alta concurrencia) organizadas para Año Nuevo y Carnavales, las cuales por sí solas se calcula que generan la misma cantidad de ganancias.

FLUJO MODERADO
Tanto Colán como las otras playas ubicadas en las costas piuranas no representan un alto porcentaje de los ingresos turísticos del país, pero no es por falta de atractivos. Así, de 1,8 millones de turistas que llegaron al país en el 2011, solo 21 mil fueron a Piura, según el Observatorio Turístico del Perú de la Universidad San Martín de Porres. Y si miramos al turismo interno, la misma fuente establece que existen 306 hoteles (4.599 camas) que atienden 388 mil arribos mensuales, los cuales representan un 21% (en promedio) de ocupación de su capacidad instalada.

Pedro Ortiz Coronado, director de Comercio Exterior y Turismo de Piura, explica que el principal atractivo de la región es Máncora, localidad que se lleva el 50% del flujo turístico, que en promedio son 4 mil personas por fin de semana. Añade que el 20% son turistas extranjeros, especialmente ecuatorianos. “Entre todos, mínimo, gastan unos S/.20 millones al año, pero puede ser hasta dos o tres veces más, porque no existen datos exactos de la cantidad de personas que vienen por tierra, solo contamos los 800 mil arribos aéreos”, agrega.

Su oficina, aclara, viene trabajando para potenciar los atractivos de las diferentes playas aledañas a Máncora, que con los mundiales de surf se han hecho conocidas internacionalmente, y espera promover campeonatos de otros deportes acuáticos en los demás balnearios. También están diseñando algunos circuitos por las playas cercanas a Paita, pero en Colán no se ha hecho un esfuerzo especial porque es considerada más bien una playa familiar, y sus lugareños desean un ambiente tranquilo.

Sin embargo, Colán tiene varios atractivos turísticos, en tierra, que no han sido explotados. Tal como explica Wendy Leigh, de la Asociación Pro Restauración de la Iglesia San Lucas de Colán, en el balneario se encuentra la primera iglesia cristiana de las costas de Sudamérica, la cual está sobre un santuario-cementerio prehispánico. También tienen la cruz que los españoles colocaron al llegar y el pozo de los deseos (donde el curaca tomaba un baño), entre otros restos arqueológicos. Los planes de los colaneños, explica, son terminar de restaurar la iglesia y crear un mirador turístico desde donde se puedan apreciar todos estos atractivos.

Pero eso no es todo. Como refiere Miguel Alarcón, presidente de la Asociación de Propietarios y Moradores de la Esmeralda de Colán, las aguas calmadas de sus playas son ideales para deportes acuáticos como el esquí náutico, wake boarding, kite, motonáutica, vela menor (sunfish, laser, catamarán, windsurf), canotaje, kayac y hasta la pesca de orilla. Y es quizás por eso que la playa, en paralelo con el despertar económico del Perú en los últimos 20 años, ha triplicado el número de casas. Ya casi no tiene terrenos sin vender frente al mar, se alquila más del 10% de las propiedades en el verano y se construyen mínimo cinco nuevas viviendas al año. De hecho, tiene dos sectores: la playa antigua (levantada a principios de siglo y reconstruida luego de ser destruida por el Fenómeno de El Niño de 1983) y la parte nueva, en donde se han construido (y se están construyendo) nuevos hoteles y restaurantes.

PROBLEMAS EN LA BAHÍA
Pero el nivel de expansión comercial de la playa en los últimos años podría solo ser un augurio. Tanto los propietarios de las casas como de los hoteles del lugar están preocupados por su ecosistema. “No nos molestan los visitantes, nos preocupa encontrar las aguas turbias y ver que están contaminando la playa”, declara Cecilia Elías, veraneante del lugar. Pero no se trata solo de basura dejada en la orilla, sino que el mar está recibiendo el desagüe de Paita sin un adecuado tratamiento. Tal como asegura Raúl Castillo, director general de Asuntos Ambientales de Pesquería del Ministerio de la Producción, se ha comprobado que el agua de Paita está recibiendo “inadecuado vertimiento de efluentes, generados en las plantas pesqueras de CHD y CHI, ubicadas en la Zona Industrial Nº 1, Nº 2 y Nº 3 de la bahía de Paita”. Además, los barcos del puerto vierten residuos sólidos contaminantes al agua (cuando los lavan o cargan de combustible en alta mar), lo que en su conjunto está originando una afectación y disminución de la población marina de la zona, que se calcula en 80 mil toneladas al año, y termina afectando a los 500 pescadores artesanales de Paita y 50 de Colán.

El año pasado, por ejemplo, encontraron decenas de toninas (de la familia del delfín) y lobos marinos muertos en las orillas, tal como informara este Diario. Miguel Alarcón asegura que fue un derrame de petróleo el causante, pero no se encontró evidencia certera de quién fue el culpable. Lo que sí se pudo evitar, refiere Alarcón, es que la empresa Olympic, que tiene una planta petrolera a pocos kilómetros del lugar, montara un terminal amarradero multiboya en el mar. Su asociación observó el estudio de impacto ambiental de aquel proyecto, y busca hacer lo mismo con el de otro terminal multiboya que están a punto de operar las empresas Maple Etanol y Penta Tanks Terminal (del grupo Andino Investment Holding) a 1,5 km de Colán.

Jorge Frohlich Aguilar, gerente de Maple Etanol, asegura que su proyecto de fabricar y vender biocombustibles en Piura, que conlleva una inversión de US$254 millones, ha cumplido con todos los requisitos de ley y, además de ser el etanol menos contaminante que el petróleo, no afecta al ecosistema de la zona. A su turno, Enzo Sacin Moro, gerente de Penta Tanks Terminals, empresa contratada para construir y operar el terminal que almacena y carga el combustible a los barcos (uno cada 30 días, según su prospecto), asegura que se han logrado todos los permisos marítimos y terrestres apropiados. Alarcón, en tanto, cuestiona que se haya roto el acantilado (ver fotografía) antes de lograr los permisos pertinentes, que no se consultó directamente a los veraneantes de Colán sobre el tema, y arguye que se dijo a las autoridades que la playa estaba a 5 km cuando en realidad la última casa está a tan solo 1,5 km y que se desconocieron las objeciones de los pescadores de la zona.

Esta disputa ya ha sido puesta en conocimiento de las autoridades regionales y las dependencias medioambientales pertinentes. Penta Tanks asegura que las denuncias son infundadas y que no se afectarán los atractivos turísticos del lugar. Si bien los veraneantes están de acuerdo con el proyecto de etanol, esperan en que se llevará a cabo de una forma que no perjudique su adorado balneario.


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