Entre 200 y 250 inversionistas chinos participaron en el "inPerú" en Shangái

Minería, pesca, agroindustria, entre otros sectores, interesaron a los empresarios asiáticos en la rueda de negocios

Entre 200 y 250 inversionistas chinos participaron en el "inPerú" en Shangái

AUGUSTO TOWNSEND KLINGE
Enviado especial

Shangái. Si la primera jornada en Hong Kong había empezado con un sol radiante, en esta ciudad china pasó más bien todo lo contrario: una densa neblina limitaba la vista panorámica de la ciudad desde el piso 93 del hotel Park Hyatt, donde se realizaría el evento. En la sala de conferencias había, sin embargo, un gran alboroto desde muy temprano.

El número de asistentes había superado cualquier expectativa (cinco veces mayor que la de Hong Kong, estimó Humberto Speziani, presidente de la Confiep), al punto que parte de la delegación peruana tuvo que salir para hacer más sitio para los invitados.

Entre 200 y 250 inversionistas chinos se hicieron presentes, varios de los cuales –nos lo contaron ellos mismos– habían viajado de distintas partes del país solo para asistir al encuentro con la delegación peruana.

Quizá para el ojo del peruano promedio, la imagen de la sala pueda resultar engañosa: muy pocos ternos y corbatas, y mucha juventud. Pero así son los ejecutivos en la emprendedora y magnífica urbe de Shangái: de vestir informal y apariencia juvenil, pero con toda la seriedad y determinación –además de los fondos necesarios– de quien mira al Perú con verdadero apetito de llegar e invertir.

MUY REALES
Como señaló el presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, la grata sorpresa fue que la concurrencia no estuvo compuesta solo por inversionistas en busca de rendimientos financieros, sino también del sector real; es decir, aquellos interesados en el Perú como plaza para montar negocios y operarlos.

Las reuniones uno a uno estuvieron a la orden del día: el ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, se reunió con altos ejecutivos de la minera Chinalco; mientras que Lilian Rocca, titular de la Superintendencia del Mercado de Valores, y Javier Poggi, gerente de Estudios Económicos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, absolvieron las dudas de los ejecutivos del China Construction Bank, interesadísimos en ingresar al país. El Industrial and Commercial Bank of China hizo lo propio, pues ultima los detalles para empezar ya a operar localmente.

Quien tuvo una agenda frenética fue Milton von Hesse, titular de Pro Inversión, quizá el más asediado de los representantes del Gobierno peruano tras su contundente presentación sobre las oportunidades de negocio que ofrece el país.

Y, por supuesto, las confirmaciones “extraoficiales” no tardaron en ventilarse en los corrillos del evento. Un consultor nos habló de dos clientes suyos –uno industrial y otro financiero– en tratativas muy avanzadas. Se ratificó, por otro lado, el interés de la gigante de electrodomésticos Haier para arribar al Perú. Sentado a mi lado, un inversionista me preguntó qué oportunidades había para instalar una planta de generadores eléctricos con biomasa que sirvan al sector agrícola (su principal preocupación –me dijo– era el costo laboral).

Ante la pregunta de cuándo irían al Perú, las respuestas de muchos inversionistas consultados eran sorpresivamente concretas: “En dos meses”, “En setiembre de este año”, etc.

INTERROGANTES
Lo peculiar de la jornada en Shangái fue que, a diferencia de lo ocurrido en la de Hong Kong, esta vez los expositores de la delegación peruana fueron exigidos por múltiples preguntas del público, algunas de las cuales camuflaban críticas puntuales.

Por ejemplo, un ejecutivo aparentemente vinculado con el proyecto minero Río Blanco en Piura increpó al ministro Castilla por la paralización que sufre aquel, trazando un paralelo con el caso de Conga, que parecía conocer bastante bien. Otro se quejó de las demoras en la emisión de visas, aunque luego el embajador peruano en China, Gonzalo Gutiérrez, respondió que posiblemente había una percepción errónea sobre este último tema.

En algunos casos parecían sencillamente estar tanteando la afinidad de los representantes nacionales, como cuando un inversionista preguntó cuál era el rol del yuan en las transacciones comerciales del país.

Las respuestas de la delegación peruana, en general, estuvieron solventes, aunque por momentos a los expositores parecía desesperarles la traducción (no miraban a quien preguntaba, sino al espacio o al traductor). Pero los concurrentes salieron, en apariencia, satisfechos con lo que vieron. Ahora toca que inviertan.