El gremio empresarial más poderoso del país cumplió 25 años

La Confiep nació cuando era difícil hacer empresa y los empresarios vivían con chalecos antibalas. Ha buscado ser la interlocutora entre las empresas y el Estado

Por: Marcela Mendoza Riofrio

Gremio de gremios . Nació —según su actual presidente, Ricardo Briceño— como una necesidad de los empresarios de tener una voz que unificara sus sentimientos ante el porvenir que el gobierno de turno daba a la economía, pero sin respaldar a uno u otro sector industrial en particular. Ese anhelo fue tomando fuerza en los setenta, cuando Juan Velasco expropió las tierras y acabó con algunas fortunas. “Ya cuando Luis Banchero participaba del Consorcio Privado Pesquero hablaba de la conveniencia de tener un gremio que represente a todos los gremios. Luis Nicolini también tenía esas inquietudes, pero fue [Julio] Piccini quien concretó el tema, a pesar de las vanidades de uno u otro gremio”, aclara Ricardo Vega Llona .

EL PRIMER GRAN BACHE
La necesidad de tener una voz común entre todas las empresas no tardó mucho en cristalizarse. Quizás forzados por las circunstancias, como bien admite Vega Llona, todos los gremios se juntaron para alzar su enérgica protesta cuando un joven aprista —que días antes, en una cena en la Embajada de Cuba, se había mostrado interesado en promover la inversión privada— decidió estatizar la banca.

La indignación que los hizo reclamar juntos en aquel entonces, cuenta Vega Llona, no solo expresaba el malestar ante el manejo político del capital privado, sino las duras condiciones para hacer empresa, los controles tarifarios y la escasez. “Hacer empresa era muy difícil. Se iba muchísimo tiempo en trámites del Ministerio de Industrias. Y había que gastar mucho dinero en la seguridad personal o corporativa [el 10% de las ventas anuales]. Los empresarios vivían listos para buscar el chaleco antibalas y salir del país. Reinaba la desconfianza”, relata Arturo Woodman.

BORRÓN Y CUENTA NUEVA
“Con Velasco, el Perú retrocedió 40 años. Antes de eso, éramos el tercer mejor país de la región para invertir. Pero, aunque Velasco nos hizo retroceder de a pocos, peor fue el otro gran error, la estatización, porque fue de un solo golpe. Las relaciones empresa-Estado se volvieron complicadas, porque ser empresario era casi un delito. Luego con [Alberto] Fujimori+ se abrió el país al mundo y se avanzó hacia la estabilidad económica y el crecimiento empresarial”, resume José Miguel Morales.

Ciertamente, con Fujimori se interrumpió una vez más el régimen democrático y un nuevo grupo de empresarios no pudo resistir el cambio de política económica, pero en aquel entonces —según Arturo Woodman— la gente aplaudía el fin del terrorismo y la apertura al libre mercado.

Confiep dejó entonces de ser un fuerte crítico y enfrentó sus propios divorcios. “La experiencia más difícil fue mantener la unidad cuando salieron ÁDEX, SNI y CCL. También fue difícil manejar la coyuntura política después de la salida de Fujimori”, precisa Leopoldo Scheelje.

“En aquellas épocas nada era obvio. No sabíamos lo que realmente estaba pasando”, agrega Roque Benavides. En su gestión, precisa, se tenía a un presidente que no se reunía con los gremios ni iba a cocteles, pero que apoyaba el libre mercado. Confiep, afirma, buscaba ser mediador en los conflictos y por eso se reunió con la OEA para estudiar la salida de Fujimori y avanzar rumbo al TLC con Estados Unidos.

CONTRA LA POBREZA
Años más tarde, argumenta, la estabilidad económica estaba dada. El Perú ya no es un mendigo en un banco de oro, según Morales, y la función del gremio ya no solo es defender la propiedad privada, añade Woodman, sino encontrar la manera de reducir la pobreza.

Tal como recomienda Juan José Marthans (economista de la Universidad de Piura), en el siglo XXI un gremio empresarial debe representar la unidad e interactuar inteligentemente. Si no lo hace, no solo carece de autenticidad, sino que pierde autonomía, independencia y eficacia.