Un seguro para la AFP: el camino a seguir para que el sistema funcione

El mejor seguro para las Administradoras de Fondo de Pensiones es que cada vez más personas se integren al sistema

Un seguro para la AFP: el camino a seguir para que el sistema funcione

LUIS DAVELOUIS LENGUA

¿Las pensiones están seguras? La respuesta es simple: no. ¿Por qué? Porque más allá de lo que se quiera decir y los legalismos con los que se las quiera proteger, las pensiones son un fondo que está más o menos a merced de quien conduzca el Ejecutivo y con una mayoría en el Congreso.

Cuando en Argentina reventaron el sistema, se valieron de dos argumentos que suenan válidos, pero que en realidad fueron provocados: el sistema no genera la riqueza que el afiliado necesita y no aporta a la construcción de la infraestructura del país: ergo, esos fondos estarían mejor en manos del Estado.

Es cierto, hoy por hoy el MEF está tratando de dificultar ese camino, haciendo más difícil que las AFP se vean obligadas a comprar exclusivamente deuda nacional (lo que, según el MEF, se puede hacer tan fácilmente como con una resolución del supervisor), como pasó en Argentina.

Respecto al tema de infraestructura, se están haciendo esfuerzos; pero US$100 millones de financiamiento con ese fin para un fondo de US$25 mil millones no es tanto.

El consultor Pablo Moreyra sostiene que la legitimidad es más importante que cualquier candado legal. Hoy, los ocho millones de personas que pertenecen a la población económicamente activa (PEA) podrían no tener ningún reparo en que el Estado tome el ahorro previsional de la AFP “en beneficio” de quienes, trabajando, no pertenecen al sistema.

En efecto, como porcentaje de la población económicamente activa, los que aportamos a las AFP, somos menos del 20%. Es decir, solo dos de cada diez aportamos o hemos aportado a una AFP a lo largo de nuestra vida laboral.

NO FUNCIONA

En realidad, y como reconoce el ex superintendente de AFP, Juan José Marthans y los expertos en temas previsionales, Ítalo Yuli, Pablo Moreyra, Eduardo Morón y Piero Morosini de Centrum Católica, no hay manera de garantizar que los ahorros previsionales se mantengan intocables.

“Hay más de cien maneras de afectar los fondos previsionales sin tocarlos directamente –explica Moreyra– puedes poner trabas al negocio de las empresas en las que las AFP invierten, como imponer tarifas, y ya los estás afectando”.

Es cierto: sobre las normas y leyes que se impongan para hacer más difícil meter mano a los fondos previsionales (más allá de que se necesite o no), la decisión política siempre prevalecerá. ¿Por qué? Porque los aportantes a las AFP representan menos del 20% de la población económicamente activa (PEA). Aquí cobra valor el reclamo del ex presidente de la Asociación de AFP, Pedro Flecha: “Es imprescindible que ampliemos la cobertura y que todo el mundo tenga derecho y posibilidad de alcanzar una pensión”.

El mensaje traía dentro no solo la auténtica y solidaria preocupación de Flecha y el Sistema Privado de Pensiones (SPP), sino también la continuidad del mismo: la unión y los números hacen la fuerza. Sin afiliados, el sistema, por exitoso que sea (discusión que dejaremos para otra nota), pierde presencia, relevancia y fuerza.

¿Qué hacer para que ese deje de ser el caso? ¿Cómo legitimar al grado de institucionalizar el ahorro previsional? Para el experto en temas previsionales del BBVA, David Tuesta, la cosa es más o menos simple: “hacer que las personas sientan suyo el ahorro previsional y que cada vez sean más las que aporten, incluso con un subsidio del Estado: por cada sol que tú pongas yo pongo un sol a tu fondo de pensiones”.

Hacerlo suyo significa, para Tuesta, poner en valor presente el fondo de pensiones. Y eso quiere decir que pueda utilizarse para avalar créditos por inversiones en salud, vivienda o educación, por ejemplo. Algo que no se puede hacer hoy.

Pero hay algo más: la informalidad es altísima en el Perú, lo que hace que la penetración de la cobertura previsional sea bajísima: solo uno de cada cuatro trabajadores aporta a un sistema de ahorro previsional. Es más, de acuerdo con un estudio de la Defensoría del Pueblo, la cobertura del sistema pensionario se ha reducido: de 40% de la PEA aportante a inicios de la década de 1990 hasta alrededor del 25% actualmente. Y ese número, como el de la bancarización, no se mueve.

Una realidad que da que pensar: si el sistema funciona tan bien ¿cómo es que casi nadie en el mundo laboral independiente aporta a una AFP o al sistema nacional? ¿No sienten que es suyo? ¿No sienten que les sirve o servirá?

EL DATO

Las AFP se crearon en 1993, imitando un esquema de aporte individual que se aplicaba en Chile desde 1980.


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