PDF Lunes, 23 de abril de 2007

Ejecutivas: "Hay una cultura de miedo al fracaso"

4 CARMEN VARGAS
En Alemania se hizo ingeniera. Le iba bien, decidió volver. Aquí hay un problema de actitud, lo sabe. Lleva años --desde su trinchera-- colaborando en su resolución. Le dicen Motorcito

Por Antonio Orjeda

Su profesora de Cívica las llevaba a los penales. Las hacía revisar los casos de los reos, entender por qué habían matado, cómo había sido la infancia de ellos. Terminó el colegio y se fue al país donde triunfa Claudio Pizarro. Carmen Vargas lo tenía todo para hacerla allá, pero optó por lucharla aquí (donde ha encontrado gente con objetivos comunes a los suyos). Ella lleva el timón de Fopecal, entidad que orienta a la muchachada para que aprenda a hacer de sus vidas algo productivo tanto para ellos como para el país.

Según estudios del 2005, el 75% de los egresados de las universidades no consigue trabajo. Esto significa que estamos mal, ¿no?
Esto significa que no estamos formando para los sectores que realmente requieren profesionales.

Las carreras que siguen captando la atención de los chicos son...
¡Las tradicionales!

Derecho, administración, educación... justo las que generan mayor número de desempleados. ¿Qué pasa? ¿Son tontos nuestros chicos, no saben elegir?
No. Aquí hay un problema de información. Los jóvenes quieren seguir una carrera porque dicen: a mi tío le va bien, ¿qué ha estudiado? ¡Eso quiero ser! No se informan más allá, no averiguan qué implica seguir tal carrera, cuál va a ser su techo cuando entren a una empresa, cómo van a crecer... Tampoco son capaces de ir a leer los tantos estudios que hay en el país y que justamente nos dicen: el 75% de nuestros egresados no está haciendo eso para lo que fue formado.

Y bueno fuera que al menos pudiesen trabajar en alguna carrera afín, pero ahí está el otro problema: no existen las competencias básicas. Hay muchachos que me dicen: ingeniería, no sé para qué tardo cinco años en la universidad si, cuando salgo, es como si jamás la hubiera pisado, ¡no me sirve para nada!
Y en contraparte: hay un boom textil y aquí solo hay una facultad de Ingeniería Textil.

Si es que podemos llamarla 'facultad'...
Claro, porque las máquinas con que se educa a los chicos están desfasadas.

En las universidades estatales ¡hay un problema de gestión! Espero que eso cambie. Dicen que está cambiando, esperemos que sea así... Cuando GTZ (la Cooperación Técnica Alemana) me mandó para acá y me encargó levantar información, yo fui a las universidades: ¿Cuál está dando ingeniería textil? La UNI era la única, pero como facultad de Química y Manufactura; fui y me topé con un laboratorio que ¡era un museo! Hablé con el decano de aquel entonces, le ofrecí ayuda, pues yo tenía contacto con universidades europeas que ofrecían esa carrera: así sus muchachos podrían ir allá a especializarse; y, a la par, podía ver qué empresas le podían donar unos equipos más modernos. También le ofrecí libros, pues le expliqué que esto era una cuestión de gestión. Se los regalé...

¿Y qué pasó?
El señor me agradeció, pero me dijo: va a ver que acá es imposible mover algo; haga los trámites, nadie le va a hacer caso. Le dije: eso le compete a usted. Nunca hizo nada. La Católica me pidió ayuda y yo me emocioné: si la Católica va a ofrecer una maestría en confecciones o textiles, ¡yo la ayudo! Lástima que quien empujó el proyecto no recibió el apoyo que merecía...

Precisamente, la labor de Fopecal es articular la oferta educativa con la demanda laboral. Las estadísticas evidencian que esto no se está consiguiendo, ¿qué tan frustrante es su labor?
Es interesante la pregunta... A veces resulta frustrante, pero muchas resulta interesante saber por qué no se avanza, y la respuesta es: esto es una cuestión de actitud.

Por eso hay que ver cómo ubicar a las personas que realmente quieren resolver en lugar de complicar. Hay funcionarios a los que tú les ofreces todo y no mueven un dedo.

Los partidos mueren por ocupar el sillón presidencial, juran que van a mejorar el Perú. ¿Sus planes de gobierno demuestran que realmente apuntan a...
...a mejorar esto? Lo que debería hacer cada presidente es mejorar la actitud: hay que hacer un cambio. Hace cinco años trabajamos con unos especialistas en gestión de cambio para conocer cuál era nuestro entorno, nuestra realidad y nuestro rol; porque yo creo que en el país hay mucha gente que ni siquiera sabe para qué existe, y lo he comprobado --horrorizada-- con los chicos de secundaria: chicos de 16 años que están peor que un niño.

Y son el futuro del Perú.
Hay que darles las herramientas: hay que enseñarles a tomar decisiones, a tomar sus vidas en sus propias manos. A mí me sorprende que acá a los niños se los sobreproteja: muy poco se les permite tomar sus propias decisiones. De ser así, se le estaría enseñando a asumir las consecuencias de sus malas decisiones. Hay que estimular el diálogo para que suceda como en el Primer Mundo, donde la gente está acostumbrada a tomar decisiones desde pequeñita. Acá, en cambio, hay una cultura de miedo al fracaso: tú fracasas ¡y crees que ya se te acabó el mundo!

No hay capacidad de riesgo.
Hay debilidad psíquica para decir: ¡tengo que afrontar esto! Pero son los papás los que tienen que enseñar a superar esos momentos.

En los años que tiene Fopecal -y estando las cosas como están-, tienen que haber habido resultados positivos.
Claro, y los ha habido incluso con socios que yo creía difíciles. Lo que pasa es que muchas instituciones tienen ya un esquema, y les gusta trabajar solas o solo para la foto.

Usted terminó el colegio y partió a Alemania, regresó y volvió a irse a Alemania para reforzar su formación. Trabajaba allá y le iba bien, ¿por qué regresó?
Esa es una pregunta que siempre me he hecho. Mira: el embajador que teníamos en Berlín siempre nos invitaba a tomar una copitas y nos decía: ustedes que se han preparado, tienen que regresar al país, ¡el Perú los necesita! Yo justo había sido contratada para irme a la China, y decía: ¿irme a otra parte a hacer patria?

¿Cuánto estaba ganando?
Bien.

¿Cuánto es bien?
Muy bien, ¡ya para qué te voy a decir! Además, a mí siempre me ha gustado conocer otros países; y dije: ¿realmente valdrá la pena? O mejor --como dice el señor embajador-- me voy al Perú porque hay una gran oportunidad para todos los profesionales...

¿Qué año era?
1995. Y regresamos un buen grupo, pero cuando llegué vi que las cosas no habían avanzado más allá de cómo las dejé. Allá parece que el reloj va a mil por hora, ¿y acá?

Le chocó dejar un país tan ordenado como Alemania.
A los tres meses tenía el hígado en la mano: aquí se decía una cosa y se hacía otra.

¿Se arrepintió?
No, eso habría significado que yo no había asumido el reto. Comencé a trabajar con distintos grupos de profesionales, muchos que también habían regresado al país y me decían: Carmen, ¡por aquí es la cosa! Encontré a personas que como yo buscaban un cambio, pero que sabían que eso no ocurría porque ¡a la gente no le da la gana! Con Fopecal llegamos a esa conclusión. Aquí hay leyes, ¿se cumplen? No. ¿De quién depende? En Alemania también hay leyes, y todo aquel que las infringe, sabe que le cae todo el peso de la Justicia. Lo que pasa es que acá tenemos un Estado que no fiscaliza.

La solución está en que la sociedad vuelva a asumir su compromiso --como cuando sacó a Fujimori-- y vuelva a exigir.
¡Sí! Que sea una sociedad responsable de su propio futuro.

El cono norte ya lo ha demostrado: sin necesidad del Estado, se ha desarrollado.
Y así como ellos, muchos. ¿A qué quiero llegar con esto? A que tenemos los gobernantes que merecemos. Por eso, en las elecciones pasadas, dije: no pienso votar por nadie, ¡en blanco! Es que si aquí todos dijéramos ¡basta ya! Señores de los partidos, eso del juego sucio, ya no va, ¡ya no puede ser para nuestro país!

Por eso trabaja en Fopecal.
¡Por eso!

Pero se siente frustrada.
Pero me levanto el ánimo: porque si yo tiro la toalla, les estaría dando gusto a quienes nos ponen el pie, ¡y sigo!

No en vano, su 'chapa' aquí es Motorcito.
Así me han puesto (ríe)... Hay muchos que --como yo-- quieren que este país avance.

LA FICHA
Nombre: Carmen Ana Vargas Quintana.
Colegio: A los 9 decidió dejar su colegio particular y entrar al Teresa González de Fanning. "Mi mamá, desde niños, nos enseñó a tomar decisiones".
Estudios: "Mi sueño era estudiar Derecho, pero un amigo de mi papá me invitó a Palacio de Justicia a presenciar un careo y se me quitaron las ganas. Me pareció muy sucio". Becada, partió a Alemania para hacerse ingeniera química. En Berlín, además, se formó como ingeniera textil.
Edad: 47 años.
Cargo: Gerenta general de Fopecal.

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