JULIO ORTEGA Y LA COMPLICIDAD LITERARIA

Plágiame mucho

El argumento 'plagió pero es genial' es una variante académica de 'robó pero hizo obra'

Por FernandoVivas. Periodista

Julio Ortega, crítico literario de alta nota, defiende a Alfredo Bryce contra el mundo. Quiere bajar la cuenta de 28 plagios en el debe de ABE a 27, con una dramática confesión: asegura que Bryce no le plagió, como dije en el artículo "Del plagio a la impostura" (El Comercio, 19/7/07), un ensayo sobre Julio Ramón Ribeyro de 1988 para el prólogo a los "Cuentos completos" de JRR que editó Alfaguara en 1994, sino que él lo autorizó a copiarlo sin citarlo.

No voy a manchar tan bonito gesto con mi incredulidad, pero que no me reproche Ortega, como hizo en su artículo "Complicidad literaria" (El Comercio, 1/8/07), no haberle pedido su versión antes de mencionarlo. La similitud de los textos, sin precisión de fuente, era denunciable de oficio. Y no imaginé que luego de 13 años oiría este bolero literario criollo que llamaré "Plágiame mucho". Y le sumo un título andino alternativo: "Más me plagias, más te quiero". Y dos preguntas: ¿Serán los de Alfaguara también cómplices? ¿Precisarán lo que es de Ortega en una próxima reedición?

Quiero reír junto a Ortega porque leo, en su intento por minimizar 27 plagios que no puede conjurar diciendo "yo se lo permití", a un crítico que sobreactúa con fino humor en su emotiva defensa de novelas que estira hasta decir que son una "desautorización de la autoridad", que están "animadas por un nihilismo anarquista", que su sujeto "es ese peruano, antihéroe de la certidumbre". Aunque algo de todo eso se pueda hallar en Bryce y en cualquier novelista de su vuelo, no puedo creer que Ortega insinúe en serio que ABE, que en mi parecer de lego es un estupendo narrador de sentimientos contrariados, es un autor maldito que escupe a sus personajes contra el sistema con tal poder corrosivo que destruye las certezas y relativiza las faltas, ganándose, en la genialidad de sus obras, una licencia para plagiar.

Tampoco puedo creer que sostenga en serio que el plagio "deriva del triunfo del mercado en la actividad literaria" implicando que somos mezquinos y mercantiles ante el espirituoso Bryce. La penalización con sanciones económicas será un invento contemporáneo, pero en el origen del plagio están la pereza y la impostura que recorren la historia de la civilización.

Quizá el primer plagiador sea un cavernícola que se apropió de un petroglifo ajeno para impresionar a su clan. El articulista Bryce sería la más sofisticada expresión de esa estirpe. Ortega hace, en esta comedia que reclama con urgencia un dramaturgo, el papel del buen amigo que emplea las más sofisticadas herramientas de su oficio para justificar lo injustificable. Pero hemos llegado al momento en que un aguafiestas le dice: "nice try".

Se agradece el brío y el fino humor del intento, pero no. El papel de la crítica no es tomar el texto del autor como coartada. El argumento de "plagió pero es genial" es una variante académica del político "robó pero hizo obra". Insisto en un sereno juicio cultural a Bryce sin confundir papeles: los periodistas no somos verdugos; así que los críticos literarios no funjan de abogados.