Rincón del autor

Política de aguas puercas

Una cosa es actuar con estrategia dentro de los principios democráticos y otra, muy diferente, comportarse como ratas de albañal

Por Hugo Guerra

Asqueroso es el nivel al que nuevamente se está llevando la política doméstica, tal como le consta a usted, molesto lector.

Lo más sucio es la patraña que ha armado en contra del ex presidente Alejandro Toledo un congresista cuya trayectoria es como taparse la nariz.

Es intolerable que alguien, por muy parlamentario que sea, presente una 'denuncia' sin que siquiera la supuesta agraviada sustente la acusación. Y es cobarde que se intente armar una campaña mediática de demolición contra Toledo, amplificando mensajes cargados de odio, racismo y oportunismo.

Ese alevoso ataque abre espacio a la hipótesis de persecución contra el ex mandatario; no por parte del presidente Alan García o de los líderes apristas, sino a cargo de canallas que mendigan méritos a partir de la intriga, la manipulación fiscal y el escandalete de curul.

Dicho sea esto sin dejar de advertir que Toledo debe una explicación convincente sobre la reunión contra natura que ha sostenido con Ollanta Humala; es decir, con aquel golpista, cabecilla del antisistema que petardea la democracia y que insultó asquerosamente a la señora Eliane Karp. ¡Ojo, porque quien no quiere recibir baldes de aguas negras, que no juegue en el desagüe!

Las maniobras hediondas, sin embargo, no se restringen al caso del ex mandatario. Como ha explicado con brillantez la congresista Fabiola Morales, de Solidaridad Nacional, no es posible que la interpelación contra el ministro del Interior sea merienda de ratas.

El propio Luis Alva Castro (figura histórica del Apra de graves desaciertos pasados, pero también de gestiones valiosas como la reciente erradicación de los invasores del mercado de Santa Anita) ha reconocido crasos errores en la compra frustrada de patrulleros. Nada indica, sin embargo, que él sea un corrupto, aunque queda pendiente botar ya a los mangoneadores enquistados en ese ministerio.

Agitar el cuco de la interpelación es juego sucio que solo beneficia a esa laya de antidemocráticos infiltrados en el Parlamento: desde los seudonacionalistas --chavistas, hasta sus aliados cocaleros-- socios del narcotráfico.

Cierto es, no obstante, que para zanjar la cuestión Alva Castro debiera renunciar para que el Gobierno no siga zarandeado, tal como en su época hizo Javier Reátegui cuando le cuestionaron injustamente la intervención policial en el 'andahuaylazo'.

A su turno, el ministro de Salud (otro chantajeado por la voracidad interpeladora) también debe dar un paso al costado; no porque sea responsable de la corrupción descubierta en su sector, sino porque es urgente aliviarle el peso político a los tres espadachines de este régimen: García, Del Castillo y Gonzales Posada.

Luego, dentro de su infinita experiencia en aguas puercas, los fujimoristas debieran ponerse freno, porque con la excepción entendible de Keiko los demás no pueden ocultar su extorsión al gobierno (vía sus votos congresales) a cambio de gollerías para el extraditado.

Querido lector, una cosa es actuar con estrategia dentro de los principios democráticos y otra, muy diferente, comportarse como ratas de albañal, ¿verdad?