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Incertidumbre tras la reducción

Por Samuel Gleiser Katz. Presidente de la Cámarade Comercio de Lima

Para nadie es un secreto que las decisiones de inversión no se toman de un momento a otro porque son evaluadas sobre la base de una información transparente que refleja un comportamiento sostenible a mediano y largo plazo.

En ese sentido, el ministro de Economía desestimó hace poco la posibilidad de un movimiento abrupto en la estructura arancelaria del país, por considerar que solo ocasionaría distorsiones que podrían generar desempleo en el corto plazo y, por lo tanto, presiones sociales.

Sin embargo, el Gobierno acaba de sorprendernos con una nueva estructura arancelaria que compromete el destino de muchas de las pequeñas y medianas empresas en el país, pues en adelante deberán enfrentarse a los costos económicos y sociales por este cambio en las reglas del juego.

Ello resulta más preocupante aún, si ya hay un derrotero establecido en el marco del TLC con EE.UU., que contiene una estructura de desgravación arancelaria propicia para la integración del Perú al mercado internacional, por lo que los empresarios vienen llevando a cabo importantes inversiones para aprovechar estas ventajas que otorga la apertura a fin de prepararse para la competencia.

Estamos convencidos de que el Perú necesita seguir integrándose al mercado globalizado y que eso implica ir reduciendo aranceles. No obstante, también creemos que se requieren reglas claras y transparentes para saber qué decisiones tomar con el propósito de enfrentar los desafíos que se plantean con la apertura comercial.

Los países asiáticos así lo hicieron, acordando plazos largos para su desgravación, otorgando tiempo suficiente para recomponer su industria y convertirse en exportadores netos. Chile, considerado el país con mayor propensión hacia la apertura comercial, realizó una desgravación ordenada y preavisada, como debe hacerse en estos casos.

Entendemos la preocupación del Ejecutivo para evitar que el dólar siga cayendo y que la inflación pueda exceder el rango fijado por el Banco Central de Reserva del Perú, pero la política arancelaria tiene un objetivo muy distinto y que está más relacionado con la búsqueda de competitividad.

La Cámara de Comercio de Lima acompañó al Gobierno en su decisión de reducir los aranceles a los bienes de capital en diciembre de 2006. Seguimos apoyando, además, que pueda profundizarse más en estas medidas, aunque en forma ordenada, transparente y avisada, a fin de aminorar los efectos económicos y sociales, que a nuestro criterio se sentirán a partir de hoy.

Esto fue planteado, inclusive, en reiteradas oportunidades en reuniones sostenidas con los ministros Rey y Carranza. Sin embargo, para la reducción de los aranceles han primado, al parecer, las urgencias de corto plazo que afectan la popularidad del Gobierno.

Pero lo más grave de este brusco cambio en las reglas de juego es que fomenta la desconfianza y la incertidumbre, lo que finalmente hace daño a la inversión y al desarrollo del país.

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