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Análisis

Castigo colectivo en Gaza

Por Farid Kahhat. Analista internacional *

Después de la ocupación y el destierro, la mayor tragedia del pueblo palestino es su deplorable liderazgo político. Tan solo en la última década tuvo que soportar la inoperancia, corrupción y abuso de poder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en parte de los territorios ocupados (la mayoría de los cuales siguen bajo control israelí). La misma organización que conducía la ANP (Al Fatah) condujo en representación de los palestinos el denominado "proceso de paz", el cual colapsó en el 2000 sin resultado alguno, mientras la colonización israelí en territorios palestinos continuaba sin tregua.

Esos hechos explican por qué en las elecciones del 2006 gran parte de los palestinos buscaron una alternativa a Al Fatah. Lamentablemente, esa alternativa fue Hamas, que desde entonces ha desplegado la misma ineptitud y ha incurrido en los mismos abusos de poder de los que acusaba hasta la víspera a Al Fatah. Y su apuesta por priorizar la resistencia armada frente a la ocupación israelí contribuyó a convertir la franja de Gaza en una prisión a cielo abierto.

El lanzamiento de cohetes Qassam sobre la localidad israelí de Sderot es un ejemplo de lo absurdo de esa estrategia. Esos cohetes de fabricación casera tienen un alcance y poderío bastante limitados, y carecen de sistema de dirección. En otras palabras, quienes los lanzan tienen solo una vaga idea sobre el lugar en el que habrán de impactar, y han causado la muerte de una sola persona en el último año. Es decir, su valor estratégico es nulo y su efecto fundamental es el de mantener en constante zozobra a unos 20.000 civiles israelíes que viven dentro de su radio de acción. A cambio de ello, Israel mantiene en vilo la vida de un millón y medio de palestinos que residen en Gaza.

El lanzamiento de cohetes Qassam, por ejemplo, es la razón que expresa el Gobierno Israelí para justificar sus operaciones militares en ese territorio desde el 2005, habiendo ocasionado en las primeras tres semanas de este año la muerte de 65 personas (alrededor de un tercio de los cuales eran civiles). Esa es también la razón que esgrime para justificar el cerco sobre Gaza, literalmente hablando: la franja está íntegramente rodeada por muros y cercas construidas por el Estado Israelí a lo largo de la mayor parte de su perímetro (excluyendo únicamente la costa mediterránea).

Israel no solo controla las fronteras terrestres de Gaza, sino además su espacio aéreo y marítimo. Y dispone del tránsito a través de todos ellos a su entera discreción.

Así, el 17 de enero tomó la decisión de cerrar todos los pasos fronterizos y aislar a Gaza del resto del mundo, privando además a ese territorio del combustible que le permitía generar energía eléctrica. Según el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, "si para que haya tranquilidad en Sderot las cosas tienen que ponerse duras en Gaza, entonces las cosas se pondrán muy duras en Gaza". Pero, que se sepa, los cohetes Qassam no operan en base a electricidad o petróleo. Esperar, por ende, que el cese de suministros pusiera fin a su lanzamiento equivalía a pedir peras al olmo.

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, sin embargo, aportó una explicación bastante más plausible. Según él, el objetivo de Israel es "atacar a los terroristas, pero también queremos mostrar a la población que no puede desentenderse de su responsabilidad por la situación. No vamos a permitir a los palestinos disparar sobre Sderot y destruir la vida allí, mientras en Gaza la vida continúa con su ritmo habitual". Lo que, bajo el derecho internacional, constituye un castigo colectivo, lo cual bajo las circunstancias (Israel ha declarado a la franja de Gaza una "entidad hostil"), calificaría como un crimen de guerra.

Por lo demás, el "ritmo habitual" de la vida en Gaza es digno de una marcha fúnebre. Aun antes del triunfo electoral de Hamas, la propia AID (Agencia del Gobierno de Estados Unidos) señalaba que la desnutrición infantil en Gaza se había incrementado en un 200%.

Situación que no ha hecho sino deteriorarse desde que Hamas se hizo con el control de ese territorio, porque, como vemos, Israel ha continuado ajustándole las clavijas, mientras Estados Unidos y la Unión Europea reducían su ayuda económica.

Ahora bien, los Qassam vienen cayendo sobre Sderot desde hace ya algunos años. ¿Habría alguna razón particular para adoptar decisiones de este tipo precisamente ahora? En el 2006, Ehud Olmert intentó demostrar en el Líbano que él, un líder político sin pasado militar, tenía las agallas necesarias para conducir a Israel en tiempos de guerra. Esta semana, sin embargo, se hizo público el informe final de la comisión nombrada por el propio Olmert para evaluar la conducción de esa guerra, donde se le enrostró su palmaria ineptitud en esos menesteres. Curándose en salud, Olmert parece decidido a demostrar una vez más que él no le tiene miedo a la muerte, siempre y cuando no se trate de la suya.

* CATEDRÁTICO DE LA PUCP

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