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OPINIÓN

Condoleezza Rice insta al Congreso de EE.UU. a aprobar el TLC con Colombia

Por Condoleezza Rice (*). Secretaria de Estado de Estados Unidos

No todos los días Estados Unidos, con una medida audaz, puede reforzar la competitividad de sus trabajadores, respaldar a un aliado democrático a punto de lograr perdurables éxitos nacionales, debilitar a quienes siembran la inestabilidad y la autocracia en nuestro hemisferio, y enviar una señal inequívoca al mundo entero de que EE.UU. es un líder mundial capaz y confiable, que no actúa solo en interés propio, sino también en el interés de sus amigos.

Todo esto lo podemos ganar si el Congreso aprueba el acuerdo de libre comercio (TLC) con Colombia. Hemos tenido ya bastante tiempo para deliberar. Pronto llegará el momento de la decisión. Con valor y sacrificio en poco más de una década, los colombianos han sacado a su país del borde del fracaso y lo han puesto en el umbral de la paz y la prosperidad.

Las instituciones democráticas y el Estado de derecho son más fuertes. El desempleo y la pobreza tienen los niveles más bajos en más de una década y la economía creciente está creando buenos puestos de trabajo para los colombianos dentro su propio país. En resumen, Colombia está regresando a la normalidad.

Medellín hoy es un lugar con vecindarios seguros, negocios florecientes y una esperanza palpable cubre la ciudad. Medellín no es sino un reflejo de las decisiones valientes y difíciles que el gobierno de Colombia está tomando para todo el país. La aprobación del TLC reforzaría esas decisiones acertadas.

La transformación de Colombia en una democracia cada vez más estable y próspera es una de las grandes victorias del mundo en derechos humanos. Incluso este progreso ha estado acompañado de crímenes violentos, incluyendo el asesinato de líderes sindicales y de otras personas inocentes. Esto es inaceptable para nosotros y lo es para el presidente Uribe. Desde el 2002 el asesinato de sindicalistas ha disminuido en casi 80%. Sin embargo, como el presidente Uribe dijo correctamente, cuando se trata de asesinatos y crímenes contra los colombianos inocentes, su meta es llegar a 'cero'.

Colombia es una democracia en funcionamiento. El hecho de que siga siendo imperfecta y todavía confronte desafíos abrumadores no nos debe impulsar a quitarle nuestro apoyo, sino a aumentarlo para ayudar a que sus instituciones legales y democráticas funcionen con más rendición de cuentas, con más efectividad y con más transparencia.

Para los trabajadores de EE.UU. este acuerdo es un arreglo mucho mejor del actual. Ahora más de 90% de los productos colombianos ingresan a EE.UU. libres de aranceles, mientras que nuestras exportaciones a Colombia pagan aranceles de hasta 35 %. El TLC nivelaría el campo de juego para los trabajadores de EE.UU., permitiéndoles enviar el producto de su trabajo a Colombia en las mismas condiciones que los colombianos. El resultado, según la Comisión de Comercio Internacional, sería un aumento anual de casi US$1.100 millones en exportaciones de EE.UU. a Colombia.

Más allá de nuestros intereses económicos, este TLC también profundizaría nuestro anhelo de contar con un hemisferio libre y pacífico. Actualmente algunos en las Américas se inclinan hacia el autoritarismo. Es un sistema que ya ha fallado antes y que volverá a fallar. La única pregunta es cuanto más daño provocará mientras tanto, y eso en gran parte depende de nosotros, de si apoyamos a la gran mayoría de los pueblos de las Américas que hoy creen, como nosotros, que la seguridad y la justicia social se consiguen mejor con libertad y Estado de derecho, con un comercio libre y justo, y con una gobernabilidad democrática responsable. Colombia comparte estos valores y nosotros hemos invertido miles de millones de dólares en el éxito de nuestro aliado. ¿Cómo es posible retirarnos ahora?

La suerte de este TLC plantea preguntas incluso más amplias: ¿Cómo trata EE.UU. a sus amigos, especialmente cuando están presionados y bajo ataque? ¿Seguiremos participando como un líder mundial o retrocederemos unilateralmente? ¿Hemos de definir nuestro papel en el mundo en base a la confianza en nuestros propios principios o por la capitulación ante temores sin fundamento? Los ojos de muchos países están puestos sobre nosotros y que nadie piense que las decisiones que tomemos no vayan a tener eco mundial.

Durante más de una década, la política de EE.UU. hacia Colombia ha demostrado claramente que republicanos y demócratas pueden trabajar juntos, colocar el interés nacional por encima de las políticas partidistas y aplicar una estrategia efectiva para lograr metas decisivas a largo plazo. Es el momento de redactar el próximo capítulo en este venerable relato bipartidista. Debemos aprobar este TLC con Colombia por el éxito de nuestros dos pueblos .

* GLOSADO DEL "WALL STREET JOURNAL". EXCLUSIVO PARA EL COMERCIO EN EL PERÚ.

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