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EDITORIAL

Mejor un Juntos urbano

Por Enrique Vásquez. Investigador Universidad del Pacífico

Los pobres precisan obtener una ingesta calórica mínima para poder estudiar, trabajar y realizar sus quehaceres. Lamentablemente, el incremento de precios de 120% del trigo, de 70% del arroz y del 30% del maíz en los mercados internacionales durante los últimos 12 meses ha generado toda una crisis. El ciudadano de a pie obtiene un tercio del consumo diario de calorías justamente del trigo, arroz y maíz. Por ello, el pobre siente más la inflación.

Se comprende el interés del Gobierno de enfrentar el problema, pero la entrega de bolsas de alimentos a los pobres urbanos es la solución menos conveniente. La historia de los programas alimentarios nos da varias lecciones: (a) Proveer productos es mucho más costoso que entregar dinero. Llevar alimentos casa por casa incrementa los costos administrativos, logísticos y de distribución a tal punto que es más barato entregarle dinero para que el beneficiario compre el mismo producto en la tienda de la esquina. (b) Brindar ayuda social sin ninguna condicionalidad es asistencialismo barato y sujeto a uso político. La experiencia de programas de transferencia condicionada en el ámbito mundial ha generado impactos positivos: Reducción de la inasistencia escolar, el trabajo infantil y el poco control de salud materno-infantil. (c) Lo importante no es alimentar sino nutrir, entregar arroz (en medio de un alza de precios) es poco costo-efectivo, pues con un sustituto como la papa sería más rentable: por cada sol se nutre más a la persona. (d) En las zonas urbano-marginales, la ayuda individual por hogar es una regla de oro: cada familia tiene vulnerabilidades distintas. Así el Sistema Focalización de Hogares (Sisfoh) del MEF es la mejor herramienta para identificar a quién si y a quién no debe ayudársele. (e) Municipalizar la ayuda social no necesariamente aumentará la eficiencia, eficacia, equidad y transparencia de un programa pro pobre extremo. El programa del Vaso de Leche (US$100.000) administrado por los concejos distritales presenta los más altos niveles de filtración y menor efectividad. Esto significa que no necesariamente los niños y los más pobres son beneficiarios y los beneficiarios no necesariamente reciben las calorías que precisan.

Por lo tanto, la mejor manera de proteger socialmente a los pobres extremos urbanos es que el Gobierno implemente un Juntos urbano bajo dos parámetros. En primer término, la entrega de una suma de dinero (puede ser similar a los 100 soles mensuales de Juntos) vía las Edpyme a la madre de familia bajo cinco condiciones (por lo menos): Primero, las mujeres deben asistir a jornadas de educación nutricional e higiene del Ministerio de Salud. Segundo, los niños deben obtener su DNI ante Reniec. Tercero, los padres deben participar de jornadas de lucha contra la violencia familiar y sexual del Mimdes. Cuarto, los niños y adolescentes deben asistir al colegio, así como participar activamente de campañas de prevención del consumo de drogas de Devida y de información de prevención del VIH/sida del Minsa. Quinto, los jóvenes deberán inscribirse en campañas de educación ocupacional del Ministerio de Trabajo. Un segundo parámetro es que el Gobierno use el Sisfoh para precisar el beneficiario de las zonas urbano-marginales, priorizando a los pobres extremos. Sin embargo, este sistema de identificación debe complementarse con uno de monitoreo para el seguimiento del cumplimiento de las condiciones. ¿Será posible ello? Sí y solo si todos los programas usan el DNI como identificador de beneficiario.

De esta manera, la entrega del dinero a cambio de cinco condiciones exigiría dos cambios fundamentales tanto del lado del Estado como de la sociedad civil. En primer lugar, el Gobierno se vería obligado a llevar a cabo una verdadera sinergia entre los programas sociales, a fin que las vulnerabilidades de los pobres extremos sean aminoradas. Recordemos que solo una gerencia social estrechamente coordinada aumentará la rentabilidad de la inversión social. En segundo lugar, el ciudadano se convertiría en parte fundamental de la solución de los graves problemas que aquejan a los pobres extremos urbanos: la baja cultura nutricional, la violencia familiar, el consumo de drogas y tóxicos, la desinformación sobre salud sexual y reproductiva, así como la desorientación sobre el mercado laboral. En suma, un Juntos urbano puede alimentar una política social más integrada e inclusiva en respeto a los derechos de los pobres extremos.

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