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¿CONTROLAR LA INVERSIÓN PÚBLICA O RECORTAR EL GASTO CORRIENTE?

Recortar el gasto: un dilema

LA PRESIÓN SOBRE LA INFLACIÓN YA NO ES ÚNICAMENTE IMPORTADA, ESE ES EL CONSENSO ENTRE LA MAYORÍA DE ECONOMISTAS DE DISTINTAS CORRIENTES. DE LO QUE SE TRATA AHORA ES DE IMPLEMENTAR MEDIDAS QUE, SIN SER EXTREMADAMENTE RESTRICTIVAS, MODEREN LA INFLACIÓN Y LAS EXPECTATIVAS

Por Luis Davelouis Lengua

La discusión sobre la (mejor) manera de controlar las presiones inflacionarias, que parecen asomar desde la demanda interna y ya no solamente por choques de oferta externo, ha llegado a la cancha del Ejecutivo. ¿Reducir el gasto público para complementar la elevación de las tasas de interés de referencia y de los encajes por parte del BCR, que apuntan al lado privado? Si la respuesta fuese sí: ¿controlar la inversión pública o recortar el gasto corriente?

AJUSTAR EL GASTO
Desde hace algunas semanas, diversos economistas, como el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski y el ex director del BCR Kurt Burneo, están sugiriendo que, para controlar las presiones y las expectativas inflacionarias en el frente interno, es menester que el Estado reduzca la tasa de crecimiento del gasto público para así desacelerar la demanda interna.

En este sentido, además de estar de acuerdo con las medidas adoptadas el jueves último por el BCR (elevó la tasa de referencia hasta 5,5% y subió todos los encajes marginales, con el objetivo de desacelerar el crecimiento del crédito, el consumo y la demanda, y a la vez hacer costosísimo traer dinero de corto plazo al Perú), Burneo piensa que reducir el crecimiento del gasto público es la única manera de frenar de manera efectiva el inminente incremento de los precios y las expectativas. Es más, dice que la existencia de un déficit fiscal estructural evidencia que las elevadas tasas de crecimiento del gasto público están basadas en los ingresos superinflados por los precios de los commodities, lo que no es sostenible en el tiempo. "Para aliviar las presiones inflacionarias y anclar las expectativas de inflación debe haber un 'mix' entre política monetaria y fiscal, y esta última debe pasar a ser contracíclica", señala.

El viernes, Renzo Rossini, gerente general del BCR, dejó entrever que el anuncio del titular del ministerio de Economía y Finanzas, Luis Carranza, en el sentido de generar un superávit fiscal de 2%, va en la misma dirección que las medidas tomadas por el banco: "Es una combinación adecuada", afirmó.

Waldo Mendoza, ex viceministro de Hacienda, también cree que la tasa de crecimiento del gasto público debe ser recortada pero, como Burneo, piensa que el superávit fiscal debería ser de alrededor de 3% o 3,5% y no de 2% como ha anunciado el ministro. "El año pasado la tasa de inversión pública del Ministerio de Transportes creció 42% y eso es insostenible. Si quieren dar la señal correcta, deben recortar esas tasas", sostuvo.

PPK concuerda, pero su preferencia por restringir el gasto también tiene que ver con su legítima preocupación por evitar que el diferencial de tasas entre la del BCR y la de la Reserva Federal (FED) de EE.UU. se siga elevando, con el consiguiente impacto a la baja en el tipo de cambio.

DE OTRO LADO...
El economista Miguel Palomino cree que en un entorno internacional tan incierto como el actual, aplicar medidas restrictivas de política fiscal puede ser apresurado. La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció por primera vez en un informe que la desaceleración en EE.UU. contagiará las economías de todo el mundo y que América Latina no será la excepción. Claro, el impacto en el Perú sería moderado y, con todo creceríamos 7%, pero algo nos afectará.

Además, Palomino piensa que en un país en el que hay tanto por hacer y donde tantas personas (y sus destinos) dependen de las inversiones que realiza el Gobierno, resulta al menos discutible sugerir que ellas se reduzcan para que los precios no suban.

Pablo Secada, economista de Estratos del Perú, cree que se puede mantener el gasto donde está y aun así generar un superávit sustantivo. Eso sí, cree que para eso es necesario pasar de una política macroeconómica expansiva a una neutral.

"Ahora hay un problema con la inflación. Si se hubiera ajustado la política expansiva un poco antes, la inflación igual hubiera superado la meta aunque probablemente no tanto. Es cierto, mucha es importada, pero sí hay presiones internas. En el gasto corriente no hay mucho que cortar, pero con la desaceleración de fuera, no tiene sentido poner freno de mano", afirma.

Hugo Perea, gerente de Estudios Económicos del BBVA, piensa lo mismo y agrega que no hay mucho espacio para recortar el gasto y que la generación del superávit fiscal ayudará, pero no de manera significativa.

LOS RESULTADOS
Con sus últimas medidas, el BCR busca desalentar el ingreso de capitales de corto plazo con el consecuente impacto en las tasas activas al alza y la consiguiente restricción del crédito, de la demanda y de la presión sobre los precios por ese lado y, de hecho, lo está logrando casi de manera inmediata (algunas tasas han subido hasta 9% en soles de un día para otro) con la elevación del encaje. Además, al aumentar las tasas de referencia se asegura una menor disposición de invertir desde el sector privado con el efecto precedente.

Desde el Ministerio de Economía sostienen que, de ser necesario, desde el Ejecutivo se tomarían las medidas requeridas en materia de política fiscal para controlar la inflación. En términos generales, se refirieron a recortes en el gasto corriente, pues --aseguran-- la inversión pública no se detendrá. Ojalá.

De darse esa necesidad, la pregunta es si existe espacio suficiente para realizar recortes y cuán dispuestos estará el Gabinete para reducir sus presupuestos.

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